| Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea: lo mejor y lo peor |
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| Miércoles, 30 de Junio de 2010 09:33 | |
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Sin duda, lo mejor del Tercer Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea fue la versión de la compañía Geografía Teatral (“Natacha”, “Isabel Sandoval Modas”) para la obra del ya ícono Sam Shepard “A Lie of the Mind”, traducida como “Una Impostura del Recuerdo”. El joven director Tomás Espinosa logró captar la incomodidad de la historia de dos familia más que disfuncionales y hacerlas cercanas, pese a lo ajenas que pueden resultarnos por su profunda idiosincracia norteamericana del Oeste.
El trabajo de puesta en escena, en ningún momento complaciente, consiguió retratar personajes con dolorosos estigmas en ambos grupos familiares. Una encabezada por una madre viuda, con dos hijos que cargan con la muerte del padre, y la otra donde el marido parece estar sólo preocupado de la caza. Ambos núcleos se detestan, aunque el hijo de la primera está casado con la hija de la segunda, a la que cree haber matado luego de una golpiza. Violencia doméstica de todo tipo resuena en el ambiente. Falta de comunicación. Terquedad.
Espinosa guió muy bien a sus actores. Tres de ellos, Bárbara Vera, Trinidad Piriz e Iván Parra, interpretan dos personajes cada uno. Y lo más impactante es que se transforman ante los ojos del público, con un guiño cómplice que puede significar muchas cosas: desde que cualquiera puede convertirse en un ser detestable hasta simplemente evidenciar uno de los misterios teatrales, la encarnación.
La mejor actriz del festival también forma parte de esta pieza. Se trata de Paula Bravo, quien interpreta a Beth, la golpeada joven que queda disminuida física y mentalmente después del encontrarse con los puños de su marido. La actriz despliega un mundo frágil y dolorido en escena, que conmueve e impacta. Su voz, sus ojos, su cuerpo, dan cuenta de la realidad de esta mujer, quebrada antes de los golpes.
En segundo lugar, luego de “Una Impostura del Recuerdo”, está “Más Allá de la Terapia”, de Cristopher Durang, a cargo de Pierre Sauré y Teatro Sub. Esta delirante historia se centra en Bruce y Prudence, dos confundidos seres que buscan en la terapia el sentido a su vida. Él se declara bisexual y busca una mujer para tener hijos, pese a que vive con un hombre. Ella se acuesta con su terapeuta y contesta avisos en el diario de sujetos que buscan pareja. Ambos terapeutas parecen necesitar terapia, además.
El director le dio a esta delirante historia un toque de farsa desopilante, con bailes incluidos y escenas de fantasía, arriesgada opción porque requiere que el mecanismo teatral funcione como reloj. Pero le salió bien, y el elenco se lució en una cuerda de comedia desatada. Cristina Aburto y Cristián Gajardo, los terapeutas, para matarse de la risa.
Los otros dos textos, “Cuestión de Clemencia” (Dave Rabe) y “Bedtrick” (Matt Mosses), no fueron tan afortunados. El primero dio la partida al Festival, por lo que el equipo tuvo muy poco tiempo para profundizar en su propuesta. Pese al talento de Andrés Reyes, Eduardo Paxeco y Álex Zisis, que sostuvieron la escena con su desempeño, a la puesta en escena le faltó trabajo de punto de vista.
“Bedtrick”, la última en debutar, estuvo a cargo de Ronald Heim, aplaudido por su obra “Parir”. No era el mejor texto (un drama familiar de infidelidad que termina con tres mujeres que huyen) y a los actores, debutantes, les faltó soltura y aplomo.
Otra cosa buena. Las funciones en Lastarria 90 esutuvieron y están llenas ("Bedtrick" tiene funciones hasta el 4 de julio), así como también la Escuela de Espectadores, encabezada por el crítico Javier Ibacache.
Sin duda, lo mejor del Tercer Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea fue la versión de la compañía Geografía Teatral (“Natacha”, “Isabel Sandoval Modas”) para la obra del ya ícono Sam Shepard “A Lie of the Mind”, traducida como “Una Impostura del Recuerdo”. El joven director Tomás Espinosa logró captar la incomodidad de la historia de dos familia más que disfuncionales y hacerlas cercanas, pese a lo ajenas que pueden resultarnos por su profunda idiosincracia norteamericana del Oeste.El trabajo de puesta en escena, en ningún momento complaciente, consiguió retratar personajes con dolorosos estigmas en ambos grupos familiares. Una encabezada por una madreviuda, con dos hijos que cargan con la muerte del padre, y la otra donde el marido parece estar sólo preocupado de la caza. Ambos núcleos se detestan, aunque el hijo de la primera está casado con la hija de la segunda, a la que cree haber matado luego de una golpiza. Violencia doméstica de todo tipo resuena en el ambiente. Falta de comunicación. Terquedad.
Espinosa guió muy bien a sus actores. Tres de ellos, Bárbara Vera, Trinidad Piriz e Iván Parra, interpretan dos personajes cada uno. Y lo más impactante es que se transforman ante los ojos del público, con un guiño cómplice que puede significar muchas cosas: desde que cualquiera puede convertirse en un ser detestable hasta simplemente evidenciar uno de los misterios teatrales, la encarnación.
La mejor actriz del festival también forma parte de esta pieza. Se trata de Paula Bravo, quien interpreta a Beth, la golpeada joven que queda disminuida física y mentalmente después del encontrarse con los puños de su marido. La actriz despliega un mundo frágil y dolorido en escena, que conmueve e impacta. Su voz, sus ojos, su cuerpo, dan cuenta de la realidad de esta mujer, quebrada antes de los golpes.
En segundo lugar, luego de “Una Impostura del Recuerdo”, está “Más Allá de la Terapia”, de Cristopher Durang, a cargo de Pierre Sauré y Teatro Sub. Esta delirante historia se centra en Bruce y Prudence, dos confundidos seres que buscan en la terapia el sentido a su vida. Él se declara bisexual y busca una mujer para tener hijos, pese a que vive con un hombre. Ella se acuesta con su terapeuta y contesta avisos en el diario de sujetos que buscan pareja. Ambos terapeutas parecen necesitar terapia, además.
El director le dio a esta delirante historia un toque de farsa desopilante, con bailes incluidos y escenas de fantasía, arriesgada opción porque requiere que el mecanismo teatral funcione como reloj. Pero le salió bien, y el elenco se lució en una cuerda de comedia desatada. Cristina Aburto y Cristián Gajardo, los terapeutas, para matarse de la risa.
Los otros dos textos, “Cuestión de Clemencia” (Dave Rabe) y “Bedtrick” (Matt Mosses), no fueron tan afortunados. El primero dio la partida al Festival, por lo que el equipo tuvo muy poco tiempo para profundizar en su propuesta. Pese al talento de Andrés Reyes, Eduardo Paxeco y Álex Zisis, que sostuvieron la escena con su desempeño, a la puesta en escena le faltó trabajo de punto de vista.“Bedtrick”, la última en debutar, estuvo a cargo de Ronald Heim, aplaudido por su obra “Parir”. No era el mejor texto (un drama familiar de infidelidad que termina con tres mujeres que huyen) y a los actores, debutantes, les faltó soltura y aplomo.
Otra cosa buena. Las funciones en Lastarria 90 esutuvieron y están llenas ("Bedtrick" tiene funciones hasta el 4 de julio), así como también la Escuela de Espectadores, encabezada por el crítico Javier Ibacache.
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Sin duda, lo mejor del Tercer Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea fue la versión de la compañía Geografía Teatral (“Natacha”, “Isabel Sandoval Modas”) para la obra del ya ícono Sam Shepard “A Lie of the Mind”, traducida como “Una Impostura del Recuerdo”. El joven director Tomás Espinosa logró captar la incomodidad de la historia de dos familia más que disfuncionales y hacerlas cercanas, pese a lo ajenas que pueden resultarnos por su profunda idiosincracia norteamericana del Oeste.
Los otros dos textos, “Cuestión de Clemencia” (Dave Rabe) y “Bedtrick” (Matt Mosses), no fueron tan afortunados. El primero dio la partida al Festival, por lo que el equipo tuvo muy poco tiempo para profundizar en su propuesta. Pese al talento de Andrés Reyes, Eduardo Paxeco y Álex Zisis, que sostuvieron la escena con su desempeño, a la puesta en escena le faltó trabajo de punto de vista.


