| “El Hombre que Daba de Beber a las Mariposas”: La tecnología no basta |
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| Martes, 13 de Julio de 2010 20:52 | |
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Esta vez, el grupo liderado por Juan Carlos Zagal asume un desafío extremo: trabajar filmaciones y animaciones en 3D y 2D, mezcladas con actores en vivo en escena, que deben actuar entre dos pantallas. La historia parte con un hombre viejo, Filipo, que en el último momento de su vida corre desesperado para cumplir con el ritual de dar de beber a las mariposas. En este viaje se encuentra en una plaza con Juan, un cineasta que tiene una novia en coma y que está haciendo una película épica con dos antiguos actores de teatro.
Hay que decir que cada historia, por separado, es delicada y de gran sensibilidad. La pareja de actores que revive laboralmente con el llamado de Juan para interpretar su película; el mismo Juan que se reencuentra con su novia de antaño que está en coma, y deja atrás las culpas; el viejo Filipo que perdió a su esposa hace años y que se salvó del suicidio por las mariposas. A eso se suma el cine dentro del cine, con la película que Juan filma y cuyo proceso se ve durante la obra.
Además hay detallitos de continuidad, como que la ropa de la actriz en un comienzo, cuando se reúne con Filipo en la plaza, no es la misma que cuando se vuelve a ese punto al final. Y un engolosinamiento con lo técnico: mostrar una misma toma de tres o más ángulos diferentes puede resultar cansador.
"El Hombre que Daba de Beber a las Mariposas" Hasta el 22 de agosto en M100 Miércoles a Sábado 20:30 hrs. y domingo 20:00 hrs General $ 8.000. Estudiantes y Tercera Edad $ 4.000. Miércoles populares $ 3.500.- |


Por fin se estrenó “El Hombre que Daba de Beber a las Mariposas”, nueva y esperada entrega de la compañía Teatro Cinema en su búsqueda por unir el lenguaje escénico con el audiovisual.
Los recursos técnicos asombran ya que permiten primeros planos, contraplanos e imágenes surrealistas, como dos de los personajes en medio de una torre medieval que se derrumba, inserción de flashbacks e imágenes oníricas. El problema es la dramaturgia, la estructura de la narración. La pieza parte con el momento en que Filipo se topa con Juan y los dos actores. Luego las historias retroceden, para desarrollarse y terminar en el mismo punto del comienzo. La circularidad, recurso del cine y la literatura, no funciona en este caso. Las historias se separan en vez de juntarse, y la situación que da nombre a la pieza pierde su sentido unitario.
El problema es otro: la estructura del total, la forma en que se desarrolla cada historia. El guión, a cargo de Juan Carlos Zagal, Laura Pizarro y Dauno Tótoro, se muestra débil y no soporta los recursos tecnológicos. Esto no sucedió en “Sin Sangre”, pieza en que el grupo comenzó su exploración audiovisual, sostenida por la magnífica novela corta del mismo nombre de Alessandro Baricco.
