Stgo a Mil: Imperdible retrospectiva de Marina Abramovic

La destacada artista serbia, llamada la “abuela de la performance”, debuta en el festival Santiago a Mil y aterriza en Teatroamil.tv desde el 6 al 27 de enero con el registro de seis icónicos trabajos: “Art must be beautiful, artist must be beautiful” (1975), “The lovers: The Great Wall walk” (1988), “The onion” (1996), “Nude with skeleton” (2005), “Golden mask” (2010) y “The current” (2017). Abramovic participará, además, de un encuentro en vivo con el público en la misma plataforma este miércoles 6 de enero, a las 20.00 horas, con una conferencia llamada “Las pasiones de Marina Abramovic” en el marco de LAB Escénico.

Pocos atraen miradas como ella, y muchos menos logran emocionar con tanta simpleza. Desde el comienzo de su carrera en Belgrado, Serbia, a principios de la década del 70, Marina Abramovic (1946) ha sido pionera en el arte escénico, creando algunas de las obras fundamentales en la disciplina de la performance. Al explorar sus límites físicos y mentales, ha resistido el dolor, el agotamiento y el peligro en su búsqueda de una transformación emocional y espiritual.
Ganadora del León de Oro al Mejor Artista en la Bienal de Venecia de 1997 y fundadora del Marina Abramovic Institute (MAI), una plataforma de trabajo inmaterial y de larga duración para crear nuevas posibilidades de colaboración entre pensadores de todos los campos, su retrospectiva The Cleaner se inauguró en el Moderna Museet, Estocolmo en febrero de 2017 y ha realizado una gira por siete lugares europeos adicionales, terminando en el Museum of Contemporary Art de Belgrado, Serbia, en 2019.
La performance más antigua de la retrospectiva es “Art must be beautiful, artist must be beautiful” (1975). En ella Marina tiene un cepillo en una mano y un peine en la otra. Mientras cepilla agresivamente su largo cabello negro, repite la frase: “El arte debe ser bello, el artista debe ser bello”. La pieza no indaga en el dolor físico sino más bien en el estado mental que se puede alcanzar a través del dolor. “Fue una especie de trance”, confesó años después la connotada artista serbia.
En 1988, el fotógrafo alemán Ulay y la artista Marina Abramovic decidieron terminar su relación y registrar el fin en una performance, que se convirtió en el legendario punto final de su colaboración. Tras años de negociaciones con las autoridades chinas, consiguieron el permiso para realizar “The Lovers: The Great Wall Walk” (Los amantes: una caminata por la Muralla China), en la que empezaron a caminar desde distintos extremos de la Muralla China, para encontrarse en el medio y decirse adiós el uno al otro. Abramovic comenzó a caminar en el extremo oriental del Muro, en Shan Hai Guan, a orillas del Mar Amarillo, hacia el oeste. Ulay comenzó en el extremo occidental del Muro, en Jai Yu Guan, caminando hacia el este. Después de que ambos caminaron continuamente durante 90 días, se encontraron en Er Lang Shn, en Shen Mu, provincia de Shaanxi. Aquí se abrazaron, para luego seguir adelante con su vida y trabajar por separado.
Ocho años después Marina realizó “The Onion” (1996). Este trabajo es un primer plano de la artista mirando hacia arriba y sosteniendo una cebolla grande. Sus uñas están pintadas de rojo brillante, al igual que sus labios. Lentamente se acerca la cebolla a la boca, le da un gran mordisco y comienza a masticar. Su voz en off repite palabras de que queja mientras come. Sus ojos se llenan de lágrimas, la saliva gotea de su boca mientras se frota el lápiz labial y se le pegan trozos de cebolla en la cara. Su proceso de masticación se hace cada vez más lento, pero continúa mordiendo ferozmente la cebolla a la vez que sigue la voz en off. En esta performance reanuda la idea de la inseparabilidad del cuerpo y la mente al desafiar las aparentes limitaciones de la resistencia física. Este video también es parte de la instalación 'Video Portrait Gallery' (Abramovic 1975-2002).
En “Nude with Skeleton” (desnuda con un esqueleto), performance realizada entre 2003 y 2005, Abramovic reflexiona sobre la certeza de la muerte. Acostada bajo un esqueleto, la artista se muestra solo en imagen, sin sonido. No se sabe si dice algo, si respira. El cuadro abre la discusión acerca de temas como la vida, la muerte, el miedo y el sexo.
“Golden Mask” es de 2010 y en ella cubre su rostro con láminas de pan de oro. Vestida de negro y filmada sobre un fondo negro, está enmarcada para que apenas su cabeza y sus hombros sean visibles. Un punto suave ilumina su rostro dorado mientras mira sin pestañear al lente de la cámara, sin siquiera parpadear. Así permanece durante treinta minutos, y el único movimiento proviene del juego de luces que ilumina su rostro cubierto. No es raro que Abramovic se coloque a sí misma como el personaje central de su trabajo. Esta pose de naturaleza muerta que adopta es característica de su obra posterior, cuando el desgaste y el agotamiento físico ya no son los temas principales. Su imagen congelada recuerda a un retrato clásico. Las opciones de pose, color y luz transforman la obra en algo más pictórico, quizás incluso sagrado.
La más reciente es “The Current” (2017), donde la performer yace al aire libre en una litera de metal mientras parece acercarse una tormenta. Metafóricamente, su cuerpo sostiene una fuente eléctrica y se convierte en transmisor y conductor de energía a medida que la corriente fluye a través de él. Una reflexión sobre el espacio, el autoaprendizaje, los recuerdos y las transformaciones del ser humano a lo largo de los años.

 


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