Stgo a Mil: Natalia García Huidobro y su experiencia en "Amor a la Muerte"

Natalia García Huidobro acaba de estrenar “Amor a la Muerte”, arriesgado trabajo dirigido por el director samoano Lemi Ponifasio que la ubica en el escenario junto Elisa Avendaño Curaqueo, artista mapuche dedicada a la preservación del canto y la danza ancestrales. Natalia, conocida bailaora de flamenco y cosmopolita artista acostumbrada a viajar de Chile a Europa, no teme afirmar que este trabajo significa “un antes y un después” para ella. “Marca mi trabajo, sin duda. Uno tiene limitaciones e ideas sobre su quehacer, acá se abren ventanas”, dice concentrada.
Ella conoció a Ponifasio en 2015, cuando se desempeñó como

productora de ensayos de “I am mapuche” para Santiago a Mil. Antes vio “Birds With Skymirrors”, obra que la alucinó: “Lemi no se parece a los coreógrafos y directores europeos. Fue mucho el acercamiento porque no llegaba su asistente, entonces, yo tomé apuntes de los ensayos y estábamos permanentemente juntos. Al principio él no sabía de que yo bailaba ni nada. Quizás a la semana empezó a haber este acercamiento más artístico. Después quedamos conectados”.
Luego de un proceso, en mayo 2019 Natalia y Elisa – que forma parte de la compañía Mau Mapuche que Ponifasio creó en Chile- partieron a Nueva Zelanda a realizar una residencia de creación, donde se concretó “Amor a la muerte”.
- ¿Cómo surgió la idea de este trabajo?
-Digamos que, en todos esos ratos de pausa, por así decirlo, él siempre como que me entrevistaba. Él siempre está entrevistando a la gente, qué hacen, qué piensan, cómo piensan la escena. Luego, él vio mi trabajo ya que le mandé muchos videos. Fue una idea que fue desarrollando en su cabeza. Hasta que le propuso a Santiago a Mil que hiciéramos algo Elisa y yo. Ella formaba parte de Mau Mau Mapuche.
- ¿Cómo fue la propuesta de Lemi hacia ustedes dos?
-Nos mandó un mail en conjunto, diciéndonos que quería hacernos esa propuesta. El mail llegó en 2018 y no se pudo hacer el festival pasado, porque no calzaron los tiempos. Con Elisa igual hablábamos, yo desarrollé un cierto trabajo con ella, la postulé al Premio Nacional de Música y he intentado conseguir visibilidad para ella porque creo que es una mujer increíble, impresionante como artista, como mujer mapuche, me parece que hay que visibilizarla. Ella ha rescatado su cultura en profundidad. Como dice Lemi, es una autoridad mística.
-Entonces, esto se concreta y tienen la residencia en mayo 2019 ¿Cómo fue el trabajo?
-En mayo de 2020. Fue muy intenso. Te voy a hablar desde mi experiencia. Fueron tres semanas en que trabajamos todos los días, muchas horas. Yo ya había visto trabajar a Lemi, pero no es lo mismo estar adentro que estar afuera, no es lo mismo tener la experiencia, pero yo no me imaginaba lo que él tenía en su cabeza, creo que él tiene una gran intuición y una gran capacidad de seguir esa intuición. Creo que primero él estaba interesado en nosotras como personas, los temas que nos atraen, el despliegue técnico de lo que uno puede hacer. Hablábamos mucho, esta especie de entrevista se fue intensificando mucho, claramente hay una intención de él de testimoniar la historia de los mapuche y quizás la historia de los jóvenes que han sido asesinados. Es algo que también me interesa a mí y a Elisa, por supuesto. A partir de ese interés él va generando una especie de tejido, a través de nosotras. Te va desnudando poco a poco, es muy sutil. Entonces, estas largas horas de trabajo hacen que aparezcan cosas nuevas, en cuanto a lo que uno es capaz de hacer. Se va tejido esto, me da la sensación de que -es solo intuición mía- él tiene algo en la cabeza, pero quiere que tú lo descubras. Por eso es un trabajo minucioso, lento.
- ¿Cómo se cruza tu historia con la historia de Elisa y la historia de los jóvenes mapuche?
-Creo que yo llego a este trabajo o a este encuentro, que en un principio es casual, pero sin duda hay una raíz familiar, ancestral, antigua bastante opacada porque nosotros no hemos vivido la cultura mapuche, no hemos vivido como mapuche, de hecho, somos bien cosmopolitas de formación, de desarrollo. Esto también responde a impulsos míos, muy personales, a mi forma de ser a mi espíritu, de que no puedo estar quieta en un lugar, eso hace demasiados años ya. Aunque me crie acá.
- O sea, tú serías como ese chileno o chilena que tiene ese pasado ancestral que no conoce.
- Claro, pero para mí, más importante de lo que está a nivel sanguíneo es mi llegada al mundo mapuche, a la cosmovisión mapuche, a los artistas mapuche, por amor, por interés. Eso a mí me hace sentirme más identificada con ellos, más que porque tengo una abuela mapuche. Esto me hace vincularme desde el amor no desde lo sanguíneo. Somos todos muy mestizos yo creo, incluso los mapuche que están acá son mestizos, pero al final es como uno ha vivido su vida, como uno ha desarrollado su educación, su crianza.
- ¿Qué más pasó en esa residencia? Aparte de estas conversaciones. El cuerpo, por ejemplo.
-Todo. Bueno, yo trabajé mucho, Elisa también. Hicimos muchísimo trabajo corporal. Yo hago algo que es muy cardio, de mucha exigencia física. Ahora, él tiene una concepción de la escena muy diferente a otros directores. Es muy poco encasillable.
- Cruza varias artes.
- Sí, porque a ratos pensaría que es una instalación, a ratos se vuelve algo biográfico o estas encarnando otras cosas, pero a mí, como intérprete, me demanda muchísimo. Mi cuerpo tiene que estar muy disponible, mi mente tiene que estar disponible. Eso es lo que yo siento, que tengo que estar muy disponible, a mí me saca totalmente de mi terreno, de mi comodidad. No estoy en mi lenguaje, o sea, sí estoy en mi lenguaje porque eso es lo que sé hacer y eso es lo que hago, pero es como que desnuda las cosas, muchísimo, no hay ningún tipo de bastón. Es exigente. A mi me gusta mucho, no me siento incómoda en ningún momento. Me gusta mucho su trabajo, es un maestro me siento afortunada de estar ahí. A Elisa la admiro muchísimo como artista. Me siento afortunada. Es algo que se va a quedar conmigo siempre. Es una experiencia que, sin duda, pase lo que pase con esta obra, se va a quedar en mi ADN.
- Me hablabas de que estás en lo tuyo, pero me imagino que no es flamenco.
- No es flamenco, no hay cantaores, no hay guitarristas, no hay una base rítmica.
- Es tu cuerpo instalado ahí.
- Sí, uso zapatos rítmicos, por supuesto, pero hay que ahondar en el lenguaje depurado, Lemi no es un coreógrafo que te va a montar algo. Por eso, insisto, es un trabajo que hay que meditar en el trabajo dentro del trabajo, como que él se sienta ahí y de repente te hace acotaciones, pasan las horas hasta que hay algo que sucede y todos sabemos que vamos en esa dirección, es como entrar en un estado. Cuando estaba afuera lo traduje muchas veces, como que él detesta el representar algo. No hay ningún maquillaje, lo abre, lo desnuda, la manera que piensa el espacio es muy particular, como genera tensiones. Para mí es muy bello que justamente no está preocupado de la interpretación. Hay que estar disponible, esa es para mí es la palabra, estar totalmente disponible.
- ¿La ambientación es similar a las otras obras de él, que hemos visto acá? En el sentido de que no hay un espacio muy definido, pero que te remite a determinadas geografías, porque tiene una sonoridad muy particular.
- Tú te das cuenta de que él hace eso, por eso lo admiro tanto. No sé, seguramente es porque él viene de donde viene, ahí yo vuelvo a esta idea de que en esta tierra y en estos lugares hay una respuesta a todo esto que ya no funciona, que se está destruyendo esta forma en la que vivimos.
- Apostando por la naturaleza, tierra en la que vivimos.
- Que también viene de una comunidad, crece ahí en ese espacio, creo que toda su inspiración viene de ahí, o sea, ese es su trabajo, trabaja con las comunidades. Entonces, no está interesado en la puesta en escena, sí y no, porque igual esa es su pantalla de trabajo, pero siempre hay algo más, y curiosamente con esta estética extremadamente limpia y sencilla, hay algo que sucede, que nos sucede a los que estamos adentro, a los de afuera, que no sabemos qué. Hay algo que sucede que te lleva a espacios y lugares. Yo estoy muy contenta, feliz de poder estar en este proyecto.
- Me imagino que no lo pensaste nunca.
- No, imagínate. Tuve que dejar un montón de cosas, tenía que irme a Inglaterra y tuve que cambiar todo, porque fue difícil cuadrar en la residencia las fechas de él, de Helen, su diseñadora, y también había un encargado de sonido.
- ¿Cambia tu trabajo después de esto?
- Sin duda, por supuesto que va a cambiar. Yo también tengo una manera, una idea, una formación, pero de todas maneras cambia la manera de ver el flamenco y mis limitaciones cambian también. Uno siempre tiene limitaciones.
- Con “El Arrebato” te estabas acercando a algo distinto, no en el lenguaje físico, pero en lo que querías contar.
- Tengo mucho temor, el temor de copiarme a mi misma y de copiar otras cosas. Uno siempre tiene referentes e influencias, también estás viendo cosas. En la parte coreográfica me preocupa, por eso desde hace mucho tiempo invito a colaborar a gente como Jose Vidal, Cristián Reyes, gente que de alguna manera abren puertas. Para mí eso es lo importante del trabajo, que abra, no que cierre. Cuando uno se queda pegado en una forma, cierra, eso es lo que creo. Como creadora estoy hablando, no como intérprete. La experiencia con Lemi como intérprete probablemente va a ser algo que me va a marcar más fuertemente que otras cosas, que cualquier otra experiencia. También ya estoy grande, no son infinitas las cosas que voy a hacer. Me demoré harto en llegar a “El Arrebato”, entre “La Extranjera” y “El Arrebato” pasaron varios años. Necesitaba un tiempo para poder cambiar un poco el folio.
- ¿Algo más?
- Decir que es una obra demasiado hermosa. Lemi es un artista, un visionario, porque él habló mucho de esto, de cómo veía Chile y al mundo mapuche, qué pasaba con las mujeres, cual era su situación. Soy muy fan de Lemi (risas).

 fotos Natalia García Huidobro, Lemi Pinifasio y Stgo a Mil

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GAM
22 al 25 de enero