Desolada Mirada a un Mundo sin Utopías

Fines de los 90, el Sida convive con el libre mercado y los ideales político-sociales están en retirada. Algunos jóvenes buscan evadirse con sexo y fiesta continua, mientras un hombre, que ha estado preso, persigue utopías que se desvanecieron en el aire. Algo de eso hay en “Unas Polaroids Explícitas”, obra de la etapa in yer face del periodista y dramaturgo inglés Mark Ravenhill (48), en cartelera en el Teatro Nacional Chileno hasta este fin de semana.
El texto de Ravenhill, escrito en la época en que supo su condición de VIH positivo, resuena como un desahogo airado de esa generación que esperaba cambios que no llegaron nunca.

Ese reclamo, extensivo a las generaciones que vinieron después, da paso a seres vencidos antes de luchar y que prefieren vivir un presente sin final.
La versión chilena está a cargo de Marco Espinoza (“Piaf”), docente y director de larga trayectoria), quien realiza una puesta en escena pulcra, sin excesos de ningún tipo pese a que el desnudo y el desenfreno están presentes. La escenografía, de Marcelo Parada, divide el escenario en dos espacios, uno al fondo, que sirve para recrear exteriores, y el otro central que con pequeños detalles se transforma en el departamento de uno u otro personaje. Pese a que hay paredes y uno que otro objeto, los espacios se ven despojados. La iluminación, importantísima en la creación de atmósferas, es de Guillermo Ganga, y el vestuario de Jorge “Chino” González,
En ese ambiente circulan Nicolás, un militante que acaba de salir de la cárcel; Nadia, una joven stripper que mantiene una relación con un hombre que le pega;  Viktor, un joven ruso que por el dinero de Tomás deja su país para ser esclavo sexual; Tomás, enfermo de Sida amigo de Nadia y amante de Víktor; Elena, la ex de Nicolás, que cambió sus ideales transformadores por una carrera política; y Juan, víctima y causa de que Nicolás haya estado encarcelado, y ahora un todo poderoso.
En esta puesta en escena lo central son las actuaciones y el verbo, elementos que Espinoza maneja muy bien porque logra que las escenas de desnudo (naturales y desparpajadas) no sean lo que impacte a espectador sino lo que se dice, y cómo se dice, en relación a un otro.
El elenco en general asume sus personajes con solidez. Tito Bustamante (Juan) y Francisco Medina (Tomás) destacan por su manera de crear atmósferas a partir de la palabra y el estado; Carlos Morales (Nicolás) sorprende en su primer protagónico con soltura y el registro adecuado; Claudia Vergara (Elena) asume su rol con la propiedad a que nos tiene acostumbrados; Ornella Rocco y Matías Alarcón (Nadia y Víktor) sorprenden por su frescura y naturalidad.
El golpe bajo de Ravenhill va mucho más allá de la anécdota o de la historia que nos muestra. El punto, y esta puesta lo recoge muy bien, está en mostrar un mundo sin salida, sin posibilidad de redención.

 

Ficha Artística
Dramaturgia: Mark Ravenhill
Asesoría Dramatúrgica: Cristóbal Pizarro.
Elenco: Matías Alarcón, Tito Bustamante, Francisco Medina, Carlos Morales, Ornella Rocco y Claudia Vergara.
Escenografía: Marcelo Parada.
Vestuario: Jorge “Chino” González.
Iluminación: Guillermo Ganga.
Fotografía: Daniela Vergara.
Creación y Realización audiovisual: Rodrigo Burgos.
Diseño Gráfico: Pablo Reyes.
Asistencia de Dirección: Pía Medina Johnson.
Puesta en escena: Marco Espinoza.
Comunicaciones: Daniela Jofré.

Coordenadas
Sala Antonio Varas (Morandé 25)
Hasta el  27 de septiembre
jueves, viernes y sábado 20.00 hrs.
$6.000 general $2.000 Estudiantes, convenios y 3a edad.