Stgo a Mil: La Incuestionable Maestría de Ivo van Hove

“After the Rehearsal/Persona” (“Después del Ensayo/Persona”) es un díptico escénico formado por dos versiones teatrales del director belga Ivo van Hove (59), uno de los más requeridos internacionalmente en la actualidad, para las películas homónimas de Ingmar Bergman que se centran en la vida privada de quienes se dedican a actuar: las tensiones ficción- realidad, verdad-mentira, impulso-control, se toman el escenario. La primera es una cinta para la TV grabada en 1980; la segunda, una de sus más inquietantes y complejas creaciones, filmada en 1966 con Liv Ullmann y Bibi Andersson como protagonistas. Van Hove siente

una pasión por el cine, que lo ha hecho llevar al teatro cintas de John Cassavetes, Luchino Visconti, Pasolini, Antonioni y, por supuesto, Bergman.
En 2014 Santiago a Mil trajo su estupenda versión de “Opening Night”, de Cassavetes, y ahora nos hace (al público entero) el gran servicio de incluir en su programación el díptico “After the Rehearsal/Persona”. Esta afirmación se debe a que el trabajo de Van Hove y sus actores es, sin lugar a dudas, de primer nivel, tanto en la inteligencia conque lleva al teatro la trama pese a los recursos tan diferentes del cine y el teatro, como por las decisiones de dirección de actores, escenografía, música, etc.
El programa parte con “After de Rehearsal”, que muestra a un director de teatro que es visitado en la sala de ensayo después de éste. Vogler, así se llama el directo, va montar El Sueño y para el protagónico ha llamado a la hija de una vieja amante. Durante la conversación se cruza la vida personal con la teatral, la fascinación que causaba la madre - que según la hija siempre estaba actuando- y los posibles escenarios que podrían ocurrir si ellos iniciaran un romance. Por supuesto, aparece el recuerdo de la madre y su alcoholismo devastador.
Todo sucede en una escenografía (Jan Versweyveld) en forma de caja, que recrea un salón de ensayo. Los únicos recursos ajenos a los actores son la música (a veces alta, a veces no) y las imágenes de una cámara conque Vogler graba a su interlocutora.
Excelentemente actuada por Marieke Heebink, estremecedora como la actriz mayor; Gijs Scholten van Aschat y la joven Gaite Jensen.  Un trío capaz de traspasar el dolor y la contradicción entre la vida y el arte.
Luego de un intermedio sigue “Persona”, la lectura teatral de la obra más dificultosa de Bergman, donde disecciona sin piedad la relación de la gran actriz Elisabeth Vogler (Marieke Heebink) con su enfermera Alma (Gaite Jensen). Psicología y cine, para escarbar en la identidad individual, en las máscaras que usamos y que creemos son parte de nuestra esencia, en fin. Además, se trata de un filme que buena parte de la crítica ha calificado de pretencioso.
Entonces, la tarea para Van Hove no era fácil. Pero la resuelve con aparente sencillez. El dispositivo escénico de “Después del Ensayo” se transforma para dar cabida a los escenarios de “Persona”, la clínica donde se interna Elisabeth y luego la casa frente al mar donde vive una cura junto a su enfermera. El espacio que logra es realmente alucinante, lleno de agua y con una iluminación que devela muchas sensaciones. En esa ambientación Van Hove lee la relación simbiótica que se produce entre enferma-enfermera y, sin necesidad primeros planos u otros recursos audiovisuales, permite que el publico teatral sea tocado con lo esencial de la película. Las actrices, las mismas de la primera pieza, labran con delicadeza identidades diferentes pero sumergidas en igual problemática.
La continuidad de ambas historias permite que el espectador lea que se trata de reflexiones sobre un mismo tema: la identidad individual de cada ser humano. ¿Estamos siempre actuando? Si es así, ¿lo hacemos para protegernos? ¿Qué de nosotros es individual y qué un reflejo de la sociedad en que vivimos?
La presencia de Van Hove con este díptico demuestra cuán asertivo puede ser el teatro, inclusive frente a una expresión artística con tantos recursos como es el séptimo arte. En las propuestas del belga no necesitamos un primer plano de la joven actriz ni de la ¿egoísta? Elisabeth. Nos basta su estado en escena, las emociones que recorren sus cuerpos y su energía transmutada. Después de ver esta obra queda claro que la fama del director corresponde absolutamente con su obra.