El Prometedor inicio de la Compañía de Teatro Musical del Nescafé de las Artes

Ayer terminó el alargue de temporada de la primera entrega de la compañía de Teatro Musical del Teatro Nescafé de las Artes: “1995, el año en que nos Volvimos Todos un poco Locos”, basada en la novela homónima de Marco Antonio de la Parra (parte del programa de la Enseñanza Media). Dirigida por Maitén Montenegro, la muy lograda composición musical corre por cuenta de Rodrigo Aray. En escena hay 21 actores, liderados por Nathalie Nicloux y Santiago Tupper. Ellos, quienes encarnan a Frida y Jaime, vuelven al pasado en una reunión de ex alumnos para recordar el marcador año de 1995, cuando cursaban cuarto medio

F en el Chilean Mountain School.
A partir de ahí se combinan las escenas en el presente y los recuerdos de ambos protagonistas. A través de canciones y baile se cuenta una historia adolescente, donde no faltan los amores platónicos, el bullying, la incomprensión familiar y un hecho que los remecerá a todos.
Si bien se trata de una temática juvenil-adolescente, la puesta en escena es capaz de entretener también a los adultos a través del afiatado trabajo del elenco. Se nota la mano de Maitén Montenegro en la puesta en escena, ya que utiliza recursos propios del género musical que no se han usado en las propuestas nacionales: canciones en coro que interrumpen la acción y profundizan un tema, escenas cantadas y bailadas que entregan información adicional a la trama.
Nicloux y Tupper están muy bien en sus personajes, y consiguen el efecto espejo con quienes los interpretan en la juventud, los talentosos Sofía Galleguilos y Sergio Meléndez. También destaca Jacob Reyes, buen actor, de hermosa voz. El resto, el ensemble (en jerga de musical), responde a un casting muy bien hecho. Muy distintos entre sí, cantan, actúan y son capaces también de entregar una coreografía a cargo de Nicolás Cancino y Cata Rendic) con gracia, con el ágil momento cuando entonan un midley noventero. Claro que en la danza están en deuda, ya que en un musical no basta con hacer bien una coreografía. Hay que bailar en serio, es decir, ser capaces de realizar giros, saltos, elevar piernas, en fin.
Otro elemento poco logrado es la escenografía. Si bien el mapping es salvador, no es suficiente, ya que los bancos en el escenario se ven pobres.
Hay que decir que “1995, el año en que nos Volvimos Todos un poco Locos”, es un muy buen comienzo en la búsqueda de los musicales made in Chile. Destacan la mano de Maitén Montenegro y las composiciones de Rodrigo Aray, que posibilitan que la puesta se ubique en lo que es el género. ¡Vamos por más!

 

foto Javier Valenzuela