"Lear, el Rey y su doble": Amor y odio

Solo dos actores son los protagonistas de “Lear, el rey y su doble”, montaje en cartelera en la nueva sala Mori Recoleta, en el que Francisco Reyes y Daniel Antivilo encarnan al Rey Lear y a su bufón, respectivamente. Ambos actores connotados y reconocidos en el circuito teatral chileno.
Trasgresor y fuerte es el inicio del montaje con el desnudo total de Francisco Reyes, que busca provocar en el espectador una suerte de atracción-compasión, pues cinco minutos después el actor es tratado como un acabado rey que requiere de cuidados básicos como ser bañado y mudado. El bufón es el encargado de estos

quehaceres de protegerlo, entretenerlo y menoscabarlo, poniéndolo en ridículo a cada momento y dejando al descubierto su deteriorada condición.
Desde el techo del escenario cuelga una corona invertida de gran tamaño, confeccionada con marcos de madera en diferentes tonos de gris, iluminados con focos de piso hacia el público. Una nube de humo nos recibe antes de empezar y cubre a toda la audiencia casi al final del espectáculo.
La puesta en escena es compleja en cuanto a textos y opciones de dirección, que abusa de los sonidos ambientales con estridentes ecualizaciones, pirotecnia podríamos decir. Con el rey en calzoncillos largos y camiseta, y el bufón en ropa interior, transcurre la obra con un lenguaje difícil de seguir por sus diálogos sin desarrollo claro y con recursos de repetición. La obra finaliza con un monólogo extenso del rey sentado en el suelo, sin otra acción como soporte.
Cabe señalar la notable intervención del texto original, escrito por Flavia Radrigán, que muestra un rey mucho más displicente, enérgico y poderoso. Queda de manifiesto la sola intención de recrear un personaje acabado, solo, ninguneado y débil. Por su parte el bufón, afeado, pobre, viejo y mal cuidado, pierde toda importancia con textos cortos, canciones de poco sentido y también repetitivas.
Hay que destacar el valor agregado de los actores que, sin lugar a dudas, viven los personajes profundamente y traspasan esa intensidad al público, que responde con “amor y odio” hacia el montaje.


Foto Cristina Núñez