"La apariencia de la burguesía" o el teatro clarividente

Lo que sucedió con “La apariencia de la burguesía”, reescritura de Luis Barrales (“Niñas Araña”, “La mala clase”, “HP. Hans Pozo”) para “Los pequeños burgueses”, de Máximo Gorki, es impresionante. No solo porque su puesta, dirigida por Aliocha de la Sotta, se estrenó un día (17 de octubre) antes del comienzo de la actual situación país, sino porque desde su primera escena provoca temblores entre el público. Abisma la sintonía fina de sus palabras con la realidad. Las posturas que se debaten en escena son las que hay en cualquier familia chilena hoy, en cualquier trabajo, en cualquier grupo de amigos. Lo mismo sucede con las

contradicciones que viven los personajes.
Barrales cambia a los protagonistas (hay que recordar que Gorki habla de un joven héroe proletario que debe luchar contra su núcleo familiar claramente reaccionario) y su contexto, pero mantiene lo esencial del autor ruso: retratar a una familia cuyos integrantes están paralizados en sus posturas políticas y llenos de dudas sobre lo que debe ser y lo que es. Hay conceptos que escuchamos hoy: burguesía, revolución, insurrección.
Se trata de una familia liderada por una jefa de hogar (Sara Pantoja), que tiene dos hijos biológicos (Tatiana y Pedro) y uno de crianza (Nelson). Además, hay dos pensionistas: el venezolano Tito y la cuarentona Elena (Elvira López Alfonso). Y está Pola (Camila Hirane), quien se encarga de lo doméstico y es tremendamente intelectual.
Cada uno de ellos carga conflictos. Elena es profesora, separada y no le alcanza para comprarse una casa; Tatiana es educadora también, pero no es correspondida en el amor y eso la mantiene al borde del suicidio;  Nelson no estudió para que lo hiciera Pedro, y éste decide conectarse con la sociedad de manera radical. Tito, por su parte, tiene cuatro autos en Uber y se está comprando una casa de una manera muy poco ortodoxa.
En la primera escena hay una larga disquisición sobre la palabra burguesía que, aunque sea un concepto creado en el siglo XIX, aún resuena en el público de diversas formas y mucho más complejas que en la época de Marx. Se trata de ética, de valores, de qué hacer y qué no para lograr dinero, del conflicto discurso versus acción. De hasta qué punto puede llegar cualquiera de nosotros por comprar su visión de la comodidad. En fin, da para largo y hay distintas visiones entregadas por pensadores contemporáneos.
Barrales toca medio a medio el conflicto en nuestra sociedad: mucha discusión, doble estándar a la hora de actuar, falta de tolerancia con la otredad, en fin.
Tal como en el texto de Gorki, “La apariencia de la burguesía” avanza en medio de palabras y momentos que poco a poco develan quién en quién en este puzzle humano. Lo aparentemente banal desnuda lo que no lo es. Hay ideas que se enfrentan, conflictos generacionales y crisis de visiones de mundo.
Para acercar aún más la ficción a la realidad, fuera de la casa hay apagones, barricadas, bombas. Nada que decir sobre “la coincidencia”.
La puesta en escena es de Aliocha de la Sotta, reconocida directora nacional que ha hecho dupla con Barrales en “La mala clase” y “La chancha”. Tal como en todos sus trabajos, hay pulcritud en los recursos -nada sobra-, una atmósfera que se va espesando a medida que avanza la obra y textos que son integrados a la organicidad de la puesta.
En el elenco, formado por profesores y egresados de la escuela de teatro de la Finis Terrae, hay pequeños altibajos interpretativos -yo la vi el fin de semana del 9 de noviembre, cuando se repuso luego de haber suspendido el 18 de octubre- subsanables con el rodaje. Como cuerpo, eso sí, el grupo funciona muy bien y es capaz de instalar el discurso que cruza la obra sin baches y con materialidad. Iluminación, escenografía, vestuario y música contribuyen a que la propuesta escénica hable también sin palabras.

 

Ficha artística
Dramaturgia Luis Barrales
Dirección: Aliocha de La Sotta
Asistencia de dirección: María Jesús López
Elenco: Camila Hirane, Elvira López Alfonso, Loreto Lustig, Sara Pantoja, Mauricio Flores, Cristóbal Goldsack y Julio Toloza
Diseño de escenografía e iluminación: Rodrigo Leal
Realización escenográfica: Checoeslovaquia
Diseño de vestuario: Felipe Olivares
Composición Musical: Fernando Milagros
Producción artística Sebastián Castro:
Una Producción Teatro Finis Terrae

fotografía Felipe Pinto


Coordenadas
Hasta 1 diciembre
sábados y domingos, 18 h
De $2.500 a $7.000