Stgo. a Mil: Recibir a un símbolo

Esta edición de Santiago a Mil, tras una acertada decisión, invitó a Emeline Michel, llamada “la diva de la música haitiana”. Ella llega a Chile en un contexto bastante complejo para la población haitiana residente en el país. El gobierno de turno ha impulsado una política que se ha interpretado como antimigratoria. La prensa ha difundido en reiteradas ocasiones imágenes previas al vuelo de regreso a Haití de ciudadanos de ese país, radicados en Chile de un modo irregular, programado por Ministerio del Interior (Plan Retorno Humanitario). Además, a fines de septiembre de 2018 y con el fin de conmemorar la muerte de Joane Florvil, se realizó una marcha

contra el racismo y la xenofobia, en Santiago. Estas situaciones posibilitaron un debate público significativo, en el que los chilenos pudimos percibir y reconocer posturas radicales y antagónicas respecto a la legitimidad de la presencia de migrantes de origen haitiano en Chile.
De acuerdo a lo anterior, la decisión estratégica de programar dos conciertos de Emeline Michel no es casual. Y es éticamente relevante. Porque es perentorio que la población chilena tenga algún contacto con la cultura haitiana, y que desarrolle una sensibilidad creciente ante la realidad vivida por las personas en Haití. Además, que su primer concierto fuese en Quilicura, comuna con alta presencia de haitianos es congruente con una política cultural de promoción de la diversidad.
En ese sentido, digno de destacar es que en la entrevista y conversatorio con el público, desarrollado en Centro Cultural Gabriela Mistral el 17 de enero, Emeline enfatizó la importancia de que no todas las personas pueden dejar Haití, y además, que no todos han salido de ese país porque querían, con un deseo genuino de hacerlo. Ella se emociona y relata aspectos específicos de su biografía que muestran aquello. Por esto, el sentido de empatía debe ser propiciado, aseveró en la ocasión.
El concierto en el Liceo Bicentenario de Quilicura, el  viernes 18, duró alrededor de una hora y media (90 minutos). Sobre el escenario se presentan una mujer tocando piano electrónico, dos varones tocando instrumentos de cuerda, un baterista, dos percusionistas que tocan “petro” (tradicional haitiano), y Emeline Michel, quien canta y baila. Es un viaje en que se transita por diversos estados anímicos y secuencias musicales. No obstante, dos experiencias surgen con mayor notoriedad: nostalgia y alegría.
En el primer caso, especialmente se plasma en una canción que alude a la libertad y el empleo del creole. Hay que consignar que éste representa una modalidad comunicativa de resistencia cultural respecto a las lenguas de los conquistadores de la isla. Este tema era melódico y más pausado. La mayoría de las canciones, sin embargo, proyectaban alegría: por ejemplo, en aquella canción que se relaciona con la gratitud, o las creaciones con mucho ritmo y uso de la percusión en las cuales todo es festivo. Espontáneamente se conformaban parejas de baile y también en grupo realizaban danzas folclóricas. Quizá algunos chilenos no podemos dimensionar hasta qué punto la añoranza de la tierra que se dejó potencia esta catarsis colectiva, al escuchar una música que evoca el lugar de origen. Los que han migrado y extrañado la Cordillera, o las marraquetas, quizá sí.
El centro educativo se convirtió en el epicentro de una fiesta, y un reencuentro con algo muy preciado: canciones y una mujer que despiertan identificación.
El público asistente sintonizó con la propuesta de los artistas, y bailó y disfrutó. Incluso, tres mujeres haitianas subieron al escenario a bailar una danza tradicional. Asimismo, un hombre subió a saludar, muy emocionado, a la cantante y ésta lo abrazó y le pidió que le tradujera al español algo que deseaba decir a quienes se encontraban allí. Emeline Michel se comunica de un modo muy cercano y asertivo con el público, siendo cálida y acogedora con quienes subieron al escenario.
Por esto, es de esperar que el concierto programado para el sábado 19 de enero se desarrolle en el mismo clima de camaradería y euforia colectiva que se manifestó el viernes. Porque lo que está en juego es un sentido de identidad que intenta configurarse a la distancia del país de origen, y desde la añoranza de un sentido de pertenencia: no fue casual que muchas personas llegasen con banderas de Haití.
Bienvenidos los ritos colectivos que nos muestran nuestra interdependiencia con los otros, y que posibilitan una convivencia intercultural fraterna. Este concierto promueve nuevas relaciones entre chilenos y residentes en Chile de origen haitiano. ¡Que Quinta Normal acoja esa riqueza y diversidad!

 


Coordenadas
19 de enero, 20:00 hrs
Quinta Normal
Interior Parque Quinta Normal