Adrenalina y Teatro en Buenos Aires

Por Guillermo Gallardo

Desde las candilejas y megagigantografias  de la Avenida Corrientes, raudamente salimos  a buscar un taxi para llegar a lo que me dicen  es uno de los puntos del nuevo circuito del  teatro “off-off” de Buenos Aires, el cual estoy invitado a conocer. Al siempre parlanchín e informado taxista porteño le digo “Calle Bonpland 800  ¿conoce?, siendo la réplica bastante más extensa que la simple pregunta.
El dato es ver “Un poyo Rojo” (sic), una obra de “teatro físico”  interpretada por dos chicos sub-30.  Eran las 22.30 horas, estaba

lloviendo y la calle existía, pero no la numeración; menos un cartel, afiche, o lo que fuera, que diera indicios de “aquí pasa algo”. Ante el desconcierto decidimos bajarnos del auto y comenzar a investigar…En la única casa que no tenía número, absolutamente cerrada y oscura,  me decido a golpear. La puerta se entreabre y pregunto por lo que buscaba. La chica amablemente me contesta que es el lugar correcto. Me pregunta si estamos anotados y que por favor volvamos a las 22.50, 10 minutos antes de empezar, porque no puede verse gente fuera de la casa. “Estamos clandestinos”, me dice, y acatamos con complicidad su petición.
 Volvemos puntualmente y el exterior  se ve igual de vacío. Se evidencia que todo está calculado para pasar desapercibido. Ingresamos y nos encontramos con una ochentena de asistentes, todos contentos y algunos cerca de una pequeña barra en este estrecho espacio. Hacemos el ingreso a una “pieza”  que parece más un sitio de okupas  que  una sala. Unas graderías artesanales nos dan el asiento para disfrutar (o no) del espectáculo. La única utilería dispuesta en el contexto de unos muros grises y maltenidos, está formada por un locker, una radio y una banqueta. Los dos ejecutantes ya están allí, vestidos deportivamente, para iniciar su perfomance.
 A los primeros movimientos y acordes, a lo ya excitante de la experiencia clandestina, se comienza a sumar lo que se vislumbra una aventura para el espíritu y el ánimo.
“Un Poyo Rojo” es un  interesante cruce entre la danza, el deporte y la sexualidad. Una obra que a partir del lenguaje corporal explora el lenguaje de la danza  contemporánea, la que debo confesar que hasta hace muy poco no me interesaba. Me inicié hace unos dos años  con “La Idea Fija”, de Pablo Rotemberg. Con una exquisita complicidad, ambos chicos logran pasajes de mucho humor, otros de destreza y con un “guión corporal” que de inmediato nos enfrenta a temas como la competitividad humana y el deseo de ser siempre el ganador. Hilarante es el pasaje en que improvisan cambiando en vivo el dial de una pequeña radio portátil.
Al terminar, los aplausos y múltiples bises son acallados por sus intérpretes para impedir los posibles reclamos de los ya durmientes vecinos, y nos piden retirarnos sin hacer grupos y que, ojalá, nos reunamos en los cafés cercanos que ellos mismos recomiendan.
Nos vamos felices con las expectativas que nos despierta la siguiente jornada que ya tenemos programada entre las infinitas obras a seleccionar. La adrenalina ya circula por las venas.
CONTINUARÄ……