La Danza en Abril

Después de un tiempo este año con pocos estrenos de danza, empezó abril con una lluvia de funciones, destacándose reiteradamente al grupo Generación del Ayer, tanto por su trayectoria de 20 años de creación como por ser la única compañía chilena, y en Latinoamérica, conformada por bailarinas que atraviesan los 70 años. Ellas nos dan una tremenda lección de esfuerzo, disciplina y amor a la danza, a pesar de todas las dificultades que presenta el hacer danza en nuestro país. Con una breve temporada -7, 8 y 9 de abril- en el Centro Cultural GAM,  Generación del Ayer celebró sus dos décadas con un emotivo

homenaje a Rayén Méndez, quien fue la impulsora y creadora del grupo en 1996. Además de exponer la vida y obra de Rayén, se mostraron varias escenas de obras de la Generación del Ayer y se agradeció a los integrantes que han sido parte del elenco, como Olga Wischnjewsky, Tamara Kiriyak, y Gastón Baltra. Hoy en día, de la compañía original quedan Carmen Aros y Sonia Uribe, y se han incluido Mabel Diana y el joven Nicolás Fuentes.
La primera obra mostrada fue “Lo que me dio el agua”. Dirigida por Sonia Uribe y realizada en 2006, es un homenaje a la vida y obra de la artista mexicana Frida Kahlo. Aquí las intérpretes Carmen Aros y la misma Sonia,  encarnan a “Las dos Fridas” del autorretrato surrealista que pintó la mexicana en 1939. Las intérpretes comienzan la obra en la misma postura en que aparecen las Fridas en el cuadro, que se mantiene proyectado en el centro atrás del escenario. Sentadas tomadas de las manos y unidas por una arteria que conecta sus corazones, que se simboliza en una larga cuerda roja de tela; una, vestida con traje español, y la otra con traje mexicano.
Al comenzar la danza es como si el cuadro cobrara vida y se volviera mucho más surrealista. Las intérpretes encarnan a través de una danza expresionista todo el dolor y sufrimiento que llevó a Frida a pintar este autorretrato tras la ruptura amorosa con Diego Rivera, y su reciente divorcio. En la coreografía ellas jamás se separan de esta cuerda roja que las une, representando la identidad de Frida marcada por sus raíces españolas y mexicanas por parte de su madre, la dualidad de una mujer que es la doble visión que tiene de ella misma: se encuentra feliz y enamorada pero también tiene el corazón completamente roto. Se marca la dualidad entre cielo-tierra, vida-muerte, amor-desamor, placidez y tormento. Se destaca la precisión técnica, el lenguaje expresionista que caracteriza a la época, el cual las intérpretes completamente dominan y cuyos movimientos son acordes a la interpretación sobre Frida, una mujer de lucha y pasión desbordada, de carácter fuerte y que ambas bailarinas encarnan a la perfección, fruto de su presencia escénica y la amplia trayectoria que poseen. La música de Arturo Márquez y el video de Roberto Cálvelo nos sumergen completamente en el mundo íntimo de Frida Kahlo.
En el intermedio bailó Nicolas Fuentes un solo denominado “Sin Nombre”, hecho en 2011. El intérprete destaca por la precisión en su ejecución, dominando la técnica del lenguaje moderno y contemporáneo. La improvisación es motivada por la siguiente premisa: “en un lugar lejano donde todo es diferente pero al mismo tiempo tan cercano”. Es entonces que la mayoría de los movimientos que se realizan tienen una trayectoria circular y secuencial casi en sí mismo y hay muy poco desplazamiento, propio de lo que se quiere descifrar con el contenido. La iluminación de un elipsoidal haciendo un rectángulo alargado nos permite visualizar esta idea acotada de espacio y tiempo.
Este espectáculo finalizó con “Historias Mínimas”, obra más reciente de la compañía hecha el año recién pasado, la que interpretan Mabel Diana, Sonia Uribe y Carmen Aros, coreografiada por esta última. Son tres mujeres que nos cuentan distintas historias de vida y diferentes sentimientos. La obra atraviesa por varios momentos y emociones resultando muy atractiva visual y espacialmente, por los diversos elementos que hay en escena como pisos, un perchero, abrigos rojos y zapatos, los cuales son utilizados de diferentes formas que crean toda una trama en el transcurso de la obra. Hay momentos lúdicos como cuando se sientan en los pisos formando una fila y juegan con sus zapatos, la instancia sobresale por su elegancia y feminidad.
En otros momentos, el movimiento lo acompañan diciendo el texto de “La Vida Total” de Patricio Manns que nos permite descifrar como ellas han compartido su vida con la danza, destacando líneas como  “El acto es una danza contra el tiempo y el tiempo es el que mide los espacios hasta aquí”. Lo que permite ver el arrojo que ellas manifiestan como bailarinas sumamente vigentes pese a su edad y que en el cuadro con los abrigos rojos se intensifica en sus movimientos. En la coreografía se denotan sus propias personalidades, son muy auténticas y se agradece la madurez escénica con que dominan completamente la técnica y lenguaje expresionista.
Luego, la trayectoria de Generación del Ayer siguió destacándose en la escena dancística y este 22 y 23 de Abril el Espacio Arte Nimiku,  lugar autogestionado por Alena Arce y Verónica Toro desde hace 9 años, rindió un homenaje a Sonia Uribe por su destacada carrera dancística y también a Generación del Ayer. En esta actividad participaron creadores emergentes y destacados de diversos lenguajes de la danza, y un amplio público que, a pesar de los inconvenientes de la lluvia y el frío, presenció danza expresionista, moderna y contemporánea, visualizándose nuestra historia de la danza en Chile.
Esta celebración comenzó con la vida y obra de Sonia Uribe, quien se emocionó con el cariño entregado por sus colegas bailarines, especialmente por Teresa Alcaíno y Mabel Diana, quienes leyeron su biografía, y por Carmen Aros, que dio inicio a la jornada dancística con www.mujer.com un solo creado y dirigido por ella misma.
En esta pieza, Aros con un ambo oscuro y muy pocos elementos en escena, como unos círculos rojos dispuestos en el piso, zapatos plateados de taco y anteojos, nos empapa de una atmósfera urbana y alude a la mujer de hoy en día en el trabajo, cumpliendo millones de obligaciones. Ocupa un lenguaje expresionista y música en audio instrumental. Es un solo de mucha precisión técnica en que la presencia escénica de esta bailarina sobresale y, claro está, se evidencia la trayectoria y recorrido en el escenario de Carmen.
Un hito importante en este homenaje fue la presentación de la pieza “Mesa Verde” de Kurt Jooss, dirigida por Raymond Hilbert  para los alumnos de la Universidad Academia Humanismo Cristiano, quienes realizaron un extracto de la obra para rendir tributo a Sonia, quien fue parte del elenco del Ballet de la Universidad de Chile. Cabe decir, que ésta fue una de las piezas que remontaron Ernst Uthoff, Lola Botka y Rudolf Pescht cuando deciden quedarse en Chile y fundar la Escuela de Danza de la Universidad de Chile. Se trata de una obra importantísima dentro de la historia de la danza mundial, estrenada en Alemania en 1932, que formula una severa crítica al funcionamiento de la Liga de las Naciones, ocupando una danza expresionista y recursos teatrales. En su momento, este tipo de danza sobresale por las posibilidades de comunicación con el cuerpo para recrear situaciones de extrema violencia y agudas crisis existenciales.
Pero no tan solo la danza expresionista formó parte de esta celebración, la danza moderna y arraigada en nuestro país estuvo presente con un extracto de la obra “Raíces del Cuerpo” de Valentina Pavez, con los intérpretes Daniela Guajardo y Martin Andrade, quienes en este cuadro manifiestan la despedida en versos compuesto por Héctor Pavéz a Violeta Parra el día en que ella falleció. Muy semejante en lenguaje es la obra “Memoria para hoy” de Vicenta Pavéz.
La danza contemporánea la expusieron Daniela Yañez con “Qatachillay”, Constanza Nuñez y su obra “El sol y la edad”, Pamela Moraga con “Aquello de ti”, Felipe Fiscal quien coreografió “Las locas lúcidas” con alumnas de la Universidad de Chile”, y Claudia Espinoza con la obra “”Dooonde está el alma”.
Nuevas apuestas en la escena son las obras de Verónica Toro y Francisco Arrazola con el cuadro llamado “Dual”, en el que mezclan la danza con el drama y la técnica de mano a mano y la obra “Trans-fusión” de Jennifer Alegría, en que el intérprete Alan Carrasco realiza un solo con una estética de metal industrial, mezclando la danza contemporánea con técnicas de Girly style, movimientos de disociación del cuerpo en staccatos y ligatos, y en ocasiones ocurriendo el no pensamiento llegando a la explosión de movimientos como un precedente del Butoh.
En conclusión, un espectáculo variado con muchos matices y estéticas de la danza.