Stgo a Mil: Rocío Molina, la "Genia" del Flamenco

Rocío Molina es algo así como la revolucionaria del flamenco actual. Sólo ella se permite bailar tanto con calzas y shorts, como con falda con vuelos. Sólo ella fuma o quiebra copas en el escenario. A los 32 años y una carrera como coreógrafa que comenzó cuando era veinteañera, ha encendido con sus taconeos y su magistral forma de ser, muy flamenca, pero al mismo tiempo inmensamente transgresora, el Esplanade de Singapur, el Sadler´s Wells de Londres y el Lincoln de Nueva York.
Precoz en la necesidad de poner a prueba su talento creativo, formó su propia compañía a los 20 años

y recibió el Premio Nacional de Danza mención interpretación, que entrega el Ministerio de Cultura de España, en 2010, cuando tenía sólo 26.
A comienzos de octubre pasado, la bailaora clausuró la Bienal de Flamenco, en el Teatro Central de Sevilla, con un obra-performance de cuatro horas de duración donde puso a prueba los límites de su resistencia y de la danza. No sólo el público podía sumarse a un grupo de WhatsApp para interactuar con Rocío durante la performance, sino que también le estaba permitido entrar y salir, comer y beber. Además, tuvo la visita de La Chana (Antonia Santiago Amador), emblemática bailaora que taconeó sentada, yMolina bailó con un botín enviado por Israel Galván, de quien muchos dicen es la sucesora.
De hecho, fue el mismo Galván, calificado internacionalmente como “genio” del flamenco actual, quien dedicó unas elogiosas palabras a Rocío: “De todo lo que veo, la única que me sorprende con un gesto que a mí no se me ha ocurrido; lo que más me interesa, es Rocío Molina. De lo que hay en el flamenco, lo reconozco todo, todos los pasos me parecen conocidos, pero en ella hay cosas que no he visto nunca antes".
En una entrevista que la bailaora dio a el diario El Cultural el año pasado, responde claramente cuando el periodista le consulta si opta por la pureza o nuevos aires para el flamenco.
“No me siento en ninguna posición. Amo el flamenco y lo necesito. Para mí es el arte más grandioso y encima es mi forma de expresarme desde que tengo tres años. Me pusieron unos zapatos, me subieron a un escenario y ya no volví a bajar. Pero no tengo preferencias. Veo a los antiguos, a los jóvenes, a la vanguardia... Estoy siempre abierta a quien me muestre un arte auténtico”, señala.
A continuación, la consulta apunta a si en sus espectáculos intenta abrirse a otras disciplinas, y Rocío nuevamente es precisa: “Por naturaleza soy curiosa y me gusta que mi cuerpo descubra cosas y se mueva libremente y puede que a veces no siga un lenguaje o unos códigos flamencos. Yo dejo que el cuerpo vaya por donde quiera”.
Es esa característica, precisamente, que ha hecho que los críticos del mundo alaben su audacia, la califiquen como iconoclasta y, además, celebren su elegancia a toda prueba. El crítico de La Vanguardia escribió de ella que “es la pasión encarnada, urgente, casi al rojo vivo, que se apodera del cuerpo y lo mueve, lo traslada, espasmo a espasmo, y lo llena de rabia y de belleza. Y el The New York Times simplemente sentenció:“Una de las mejores bailaoras de flamenco que jamás haya visto”.
En ese mismo diario, con motivo de la presentación de “Danzaora y Vinática” en el City Center como parte del Festival Flamenco 2016, Gia Kourlas no escatimó elogios: “La fascinante Sra. Molina…es considerada uno de los jóvenes que reniegan de las formalidades del arte. La señora Molina busca nuevas maneras de expresar las complejidades del flamenco, donde muchos han intentado ir, pero fracasaron: empuja los límites sin sacrificar la pureza de la forma de arte”.
PURO TALENTO
Rocío Molina Cruz nació en Málaga en 1984 y comenzó a bailar con tan sólo tres años. En la corta conversación telefónica que tuvo con Tiempo de Danza, interrumpida por una interferencia en las líneas, señaló que “en Málaga es normal que a las niñas las lleven a estudiar danza española y flamenco, y bueno, a mí también me pasó. Claro que desde chiquita yo supe que me quería dedicar a esto”.
Su familia ni estaba vinculada con el arte, su padre es pintor de brocha gorda y su madre dueña de casa, pero la pequeña Rocío llevaba la danza en la sangre.
Comienza sus estudios en el Conservatorio de Málaga a los siete años, y se gradúa con matrícula de honor en el Conservatorio de Danza de Madrid en 2002, con 17. Mientras cursa sus estudios, baila en importantes festivales de flamenco en España en los que recibe distintos galardones: el Premio de Baile de Ubrique, o el primer premio en el concurso de Cante y Baile de la Línea de Cádiz o el Premio Nacional de Danza de Estepona.
En 1997 estrena su primer espectáculo en el Teatro Goya de Barcelona. En 2001 entra a formar parte de la compañía de María Pagés, con la que monta una coreografía que lleva de gira por Italia, Japón, Canadá y Estados Unidos; y participa en la Gala de Andalucía del Flamenco Festival USA en el City Center de Nueva York.
Ya en Madrid, la joven Rocío no termina su formación. Tomaba todas las clases y cursos que podía, y así aprendió de Eva Yerbabuena, Javier Latorre, Rafaella Carrasco y otros.
Muy fructífera como coreógrafa, entre sus trabajos se cuentan “Entre Paredes” (2006), “Turquesa como el limón” (2006), “Almario” (2007), “Por el decir de la gente” (2007 “Oro Viejo” (2008), “Deja que las Piedras Vuelen” (2009),“Vinática” (2010), “Danzaora y vinática” (2011) “Afectos” (2012),“Bosque Ardora” (2014). Y en noviembre de este año, en el Théatre National de Chaillot, del que es artista asociada desde el año pasado, estrenó “Caída del Cielo”.
En un medio especializado Deflamenco, la artista declaró que “en cada momento tengo algo distinto que decir al momento anterior. No quiero condicionarme a hacer algo por la crítica o por otros factores, lo hago porque realmente quiero hacerlo y soy fiel a mí misma y es un poco lo que yo percibo: esa libertad y la expresión, un poco que el público se vaya educando y que cuando va a verme sepa que puede no gustarle algo…me gusta sorprender, no de manera consciente, pero sí inconscientemente. Siempre tengo algo que decir”.
Sobre “Danzaora y Vinática”, dijo en entrevista al diario La Segunda que es una “propuesta muy generosa, de mucha energía. Hay derroche de canto, guitarra y baile. Es una buena forma de que en Chile vean la esencia del flamenco, pero con un trabajo conceptual y una dramaturgia más actual”.
¿Qué dicen los flamencos chilenos?
“Es una geniapasada de su tiempo, de un virtuosismo exquisito, que logra integrar el flamenco en temas conceptuales y con libertad, sin desconocer sino más bien manejando el lenguaje del flamenco tradicional y poniendo esos códigos al servicio de su creación. ¡Un genia!”, María José Araya, bailaora y docente de El Sótano Flamenco.
“Rocío Molina ha llevado los límites del flamenco un paso más allá, si bien este arte lleva evolucionando 200 años, ella lo ha modernizado introduciendo fuertemente en su baile la técnica clásica y contemporánea, y por otra parte ha rescatado antiguos cantes y músicas haciendo una unión muy personal entre pasado y futuro”, Carola Cussen, directora de La Academia.
“Yo creo que Rocío Molina (juntó a Israel Galván)es el genio del baile flamenco, lo articula con exquisita libertad y sabiduría. Ha desarrollado y construido un camino por donde los bailaores podemos avanzar”, Natalia García Huidobro, compañía La Típica.
“Para mí ella es una bailaora que está dotada de un talento sin medida. Ella y sólo ella puede jugar, inventar, crear lo que sea. Cuando la vemos en los registros de niña, la vemos muy, muy flamenca, hizo su camino desde lo tradicional y carga consigo mucho conocimiento. Para mí, se le permite su locura por ser genial. En algún momento del camino volverá a lo sencillo, a lo genuino, que sin duda domina perfectamente, ese es para mí el camino. Ella experimenta y vuela por tener tanto conocimiento y talento que no sabe qué hacer con él”, Giselle Jiménez, docente de La Plazuela.

 

 

Coordenadas
Teatro Oriente
4 al 7 de enero
$10.000 a $35.000
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