Gran Estreno en el Teatro Municipal de Temuco

Desde Temuco

La tarde ya moría el pasado viernes 17 de noviembre, cuando en el hermoso e imponente Teatro Municipal de Temuco ocurrió algo inédito, un milagro casi para los estándares tradicionales de los que pisan aquel bello escenario. Ciento cincuenta alumnos provenientes de escuelas y colegios de la Fundación del Magisterio de la Araucanía, de 12 a 17 años, bailan fascinados al ritmo de una embriagante partitura que ejecuta en vivo la Filarmónica de Temuco. Los chicos interpretan la

coreografía “Araucanía Mar y Tierra”, que narra el épico viaje de un grupo de pehuenches que, tras una erupción volcánica, inician una travesía de la cordillera al mar.
Son niños sin dotes especiales para bailar. Si bien algunos poseen talento innato para el baile, la mayoría lo hace feliz, tan feliz que el público está extasiado observándolos. Ellos visten como árboles, viento, mar, araucarias, piñones, mapuche, pehuenches o simplemente rocas, y su familia jamás pensó que sus hijos un día pisaran como artistas ese coliseo bailando al compás del imponente sonido de la filarmónica local compuesta por 37 músicos.
Se trata de un proyecto artístico educativo que integró a 150 jóvenes y niños provenientes de sectores vulnerables de la Araucanía, pertenecientes a establecimientos escolares de cuatro comunas de la región. El trabajo fue arduo con ellos y se extendió por tres meses, se realizaron cuatro funciones, tres en colegios de la región (Lautaro, Padre de las Casas, Angol) culminando el viernes 17 a las 20:00 hrs. en la gala en el Teatro Municipal de Temuco.
ORIGEN
El proyecto, que nació en junio de 2016, es una idea original de la bailarina y directora del grupo de danza contemporánea Retazos, Josefina Troncoso, junto al maestro Jaime Jory, quién falleció el año pasado en pleno proceso de gestación de “Araucanía Mar y Tierra”. Esta iniciativa se inserta dentro del llamado Programa de Intermediación Cultural del Consejo Nacional de la Cultura, que  aportó más de $ 100 millones, y se concreta a través de la Red “Impulso, Arte y Educación” fundada por el Centro de Danza Contemporánea Padre de las Casas, donde participan la Corporación Cultural de Temuco, la Corporación Cultural de Padre de las Casas y la Fundación Magisterio de la Araucanía.
Troncoso invitó al proyecto al autor regional, Guido Eytel, quien escribió el guión de esta historia basada en una leyenda mapuche. Para coreografiar esta aventura épica convocó al creador peruano Renzo Valenzuela, quien trabajó a partir ideas gestadas por Troncoso, la música original la compuso el director de la Filarmónica de Temuco, David Ayma.
“Los que hemos vivido la danza con tanta pasión (cuenta Troncoso bebiendo el último café antes de la función) sabemos que es una herramienta fantástica para poder expresarnos. La danza logra desarrollar a la persona de forma integral; cuerpo, mente, espíritu, es esa experiencia, que yo conozco muy bien, la que quise llevar a estos jóvenes que no tienen relación con este mundo. Con la danza podrían descubrir sus potencialidades que quizás no conocen, porque más allá de una proyección en la danza misma, ésta es una experiencia artística”.
Comenta que la danza permite primero “un contacto consigo mismo que hoy, donde la juventud está muy volcada hacia afuera, es muy bueno. Al final uno logra saber quién es uno, por eso que esta experiencia con la danza permite que sepan más de ellos mismos, tú ves hoy en día pantallas por todas partes y así uno se pierde. La danza, en cambio, permite conocerse a si mismo y así conocer a los otros”.
LA DANZA HACE MILAGROS
Claro que al comienzo no fue fácil disciplinar a jóvenes que no están acostumbrados al rigor que exige la danza. “Al comienzo nos preguntábamos si los chicos podrían trabajar en equipo. Descubrimos al tiempo que si podían, desarrollaron la paciencia y la disciplina, la solidaridad y la confianza entre ellos mismos, eso fue algo increíble de ver¡  Y estamos hablando de 150 niños! Ellos ahora se convirtieron en una familia”, dice Josefina.
Relata que fueron a cinco colegios, donde comentaron los alcances de este proyecto. “Al comienzo los chicos se inscribieron por voluntad propia, pero tuvimos la experiencia de un colegio que decidió que esto fuera parte de la asignatura de Educación Física, por tanto, iba con nota. Ahí fueron obligados, eran chicos que nos miraban con manos en los bolsillo y nos decían, ¿qué es esto, que querís tu conmigo? se ponían la ropa que era su vestuario que le llevábamos y se reían, era terrible, pero pasó una cosa curiosísima de la que  aún no me repongo (se emociona): la gran mayoría de esos jóvenes que estaban reacios ahora están felices haciendo su trabajo, son los más disciplinados y entusiastas. Eso sucedió porque creyeron en nosotros, entendieron que les dimos la oportunidad de dignificarlos, les dimos valor como personas, ya no estaban interesados en la nota, sino que estaban realmente gozosos de lo que estaban haciendo ¡Si vieras tu la cara de ellos cuando estrenamos en Lautaro!¡ Gozaban felices moviendo su cuerpo! Yo no lo podía creer”.
Josefina agrega otro aspecto importante de esta convocatoria: la escasa presencia de varones. “En los colegios donde la inscripción era voluntaria, el 85% eran mujeres. Por ejemplo, en un grupo de 50 teníamos sólo 5 hombres. Un solo colegio aportó casi todos los hombres, al final, el grupo de 150 jóvenes quedó con el 25 % de hombres y el resto mujeres.
Esta experiencia hay que multiplicarla, apunta Troncoso con una pasión que la desborda. “Ya no sirve sólo trabajar desde lo académico del intelecto, tenemos que desarrollar formulas que permitan generar espacios de trabajo en  desarrollo personal, ya no sólo conocimiento”.  
Comenta que la inclusión del grupo de danza contemporánea que ella dirige, Retazos, cuyos bailarines van de los14 a 22 años, fue esencial en la concreción de “Araucanía mar y tierra”: “Sin ellos era imposible hacer este proyecto, ellos han sido la bisagra de este trabajo, nosotros hacíamos las coreografías en sala, con ellos mismos, y ellos las replicaban en los colegios. Lo que hice fue darles una pequeño, pero contundente, rol en la obra, ellos bailan un minuto y medio de 30 minutos, y son secundarios, en este proyecto están al servicio de los estudiantes”.
Josefina Troncoso es también directora del Centro de Danza Contemporánea de Padre las Casas, que está a la cabeza de la realización de esta gran convocatoria. Para registrar este gran evento artístico-educativo, fue llamado el cineasta Aldo Oviedo, que realizará un documental de casi una hora (filmó más de 14) donde se mostrará todo el proceso de trabajo.
Ignacio Acuña, del Liceo Oscar Moser y uno los bailarines de “Araucanía Mar y Tierra”, comenta que estuvo trabajando en este proyecto tres meses.
“Esta experiencia es muy linda para mí. Aprendí que todo se puede lograr si uno se lo propone, muchos alumnos se prendieron por eso. El proyecto fue éxito total aunque al comienzo fue difícil porque a todos nos costaba bailar (ríe), sobre todo costaba aprenderse los pasos, memorizarlos y tener mucha coordinación, pero de a poco logramos aprenderlos”. Ante la consulta de porqué los varones son mas reticentes a la danza, responde que se debe a que los hombres “son más vergonzosos y otros más flojos (ríe)”.
De la danza contemporánea, nos comenta que lo que mas le sorprendió fue “la captura del pueblo, cuando estaban todos vestidos y llevaban sus máscaras”.
EL PERUANO QUE HACE BAILAR A LOS NIÑOS
El coreógrafo limeño Renzo Valenzuela comenta así su experiencia en este enorme proyecto. “Estaba la idea, el cuento que me hicieron llegar, eran tres paisajes que debía plasmarlo en movimientos: cordillera, centro y la costa, en base ha eso se contaba la historia de un pequeño pueblo que emigra hacia costa. Claramente tiene que ver con la migración que es algo que está sucediendo en todo el mundo. En esta caso, los pehuenches se encuentran  con mapuches y luego con los lafquenches de la costa. Los protagonistas son Ayún y Traful, y este último al final se convierte en una roca”.
Valenzuela fue llamado porque tiene mucha experiencia con jóvenes en riesgo social, en proyectos de danza en otros países. “He trabajado desde hace 5 años en proyectos similares con chicos sin experiencia, lo hemos llamado Danzas Comunitarias. En Lima existe un proyecto llamado Danza de la Esperanza, abierto desde 2003, y hay algo similar en México, Alemania y ahora en Chile. La experiencia con los chicos es muy gratificante desde el primer día hasta el último, hay un cambio en ellos más allá de su cultura, y eso es muy trascendente. La puesta en escena queda en segundo plano, el fin es lo que se lleva el niño consigo como aprendizaje. No buscamos formar bailarines sino enseñarles algo más de lo que cotidianamente conocen; son personas vulnerables y lo que queremos es aportarles algo más allá de lo que conocen. Acá aprenden música, arte, danza, hacen ejercicios que ellos valoran mucho”. 
Respecto de su experiencia con niños de diferentes países, señala que “todos los niños tienen algo distinto debido a la geografía de los países donde viven, si bien el riesgo social está en todos lados, las experiencias son distintas. Por ejemplo, en Alemania trabajé con chicos que viven en guetos de donde no podíamos salir porque sus papás no tenían documentos, debíamos trabajar y cuidarnos al mismo tiempo. A final, fue lindo y no pasó nada (ríe). En México, el la ciudad de Tijuana, en una zona pobre llamada Río Verde, trabajé con una inglesa que lleva muchos años en estos proyectos. Un día, luego de trabajar salimos a comer y pasó un auto negro a toda velocidad. Atrás venían dos camionetas con policías armados, como en las películas, nos asustamos mucho, pero la dueña del local lo tomo como algo cotidiano. Otra anécdota linda es que una chica de 12 años que trabajó con nosotros me agregó a su facebook y escribió todavía sigo soñando con los aplausos que recibimos esa noche (se emociona), eso te llega al alma, es algo invalorable, así uno se siente gratificado”.
EL AUTOR
Guido Eytel, escritor responsable del guión de “Araucanía mar y tierra”, quedó impresionado “de ver a los chicos bailando, con la pasión y seriedad que lo hacen y son tan chicoquitos…por ellos valió la pena hacer este trabajo”. Admite que para escribir se inspiró en una leyenda mapuche de la zona, que narra la historia de un joven que va con su novia al mar, donde ella queda atrapada.
“Yo nunca había escrito algo para danza, entonces, cuando me llamaron a este proyecto pensé en hacer algo que no fuese literario, en el sentido que diera mucho margen a la imaginación. Y como yo soy de acá, se me ocurrió que a partir de una erupción algunos pehuenches salen con la idea de conocer el mar”.
Al finalizar la última función de “Araucanía mar y tierra”, me quedé en el hall del Municipal observando con atención a los familiares que felicitaban a sus hijos bailarines, vi tanta satisfacción y alegría en ellos que pensé ¿Es posible que la danza haya causado todo esto? La respuesta es una sola: sí.