"La Idea Fija": Una Experiencia Queer

Por Alejandra Cosin
gestora cultural independiente,
crítica de artes escénicas contemporáneas
y performer argentina. Blog: http://alecosinopinando.blogspot.com/

En pocos días se repondrá en Santiago de Chile la obra de danza “La Idea Fija”, del coreógrafo argentino Pablo Rotemberg junto a un equipo de artistas de relevancia local. Lamento no estar allí.
Pude ver la obra seis veces, la última en el marco del Festival El Cruce, en Rosario (Santa Fe), pero el resto correspondió a una función por temporada en el Teatro Portón de Sánchez. Puedo decir que seguí el proceso de la relación de la obra con el público porteño, o mejor dicho, jugando de local. Reconocí las diferencias entre cada versión, vi todos los elencos, escuché a los espectadores reír, comentar y quedar atónitos, me aprendí

las canciones, y conversé con todos cada vez: la obra me sigue con/moviendo, volvería a espectarla otra vez con la mayor ansiedad.
Debo decir que sigo la carrera de Rotemberg desde sus inicios como bailarín y entiendo que hubo dos momentos decisivos en ella que no solo muestran su desarrollo artístico sino que provocan una lectura diferente de sus primeras obras -también como intérprete-. El primero fue cuando, al final de una larga temporada con “El Lobo” -su unipersonal de danza de contenido autobiográfico-, en 2007 coreografió “Bajo la Luna de Egipto”, quedando en el rol de director, es decir: abajo del escenario. Deduzco, a través de su carrera posterior, que fue un momento de madurez artística que le permitió darle espacio a una investigación de lenguaje que precisaba un análisis profundo del discurso artístico mientras lo creaba y luego, en su circulación (en el sentido semiótico del término). Después llegaron las puestas para los grandes Ballets: el Argentino de La Plata y el del Teatro San Martín, en su primera invitación.
Sin embargo, un nuevo giro estilístico se produjo con “La Idea Fija”. A partir de ella, estrenada en 2010, se adentró en el sondeo de ese lenguaje que parecía asomar en todo su trabajo anterior (pienso también en el libro que publicó en 2002, “Tu Vida Nunca”), de diferentes maneras, en distintas intensidades. Este lenguaje kinético sumamente particular (caídas luego de saltos girando, caídas exponiendo zonas del cuerpo 'sagradas'; manipulaciones violentas y reiteradas hasta volverlas irreconocibles; ausencia de calidad de movimiento ligado; dinámicas que exigen una energía extrema como en deportes de riesgo; etc.), asociado a una temática o más bien, a ciertos tópicos que también ha ido desarrollando (el sexo mecánico, la soledad en la contemporaneidad, la distancia y cercanía entre lo masculino y lo femenino, el fetichismo, la decadencia de la modernidad, lo patético de las emociones), junto a otros tantos modos de tejer la dramaturgia (el humor negro que aparece también en textos, la sordidez en el diseño de arte, elementos de la estética y la filosofía queer, así como del cine de Lynch y mucha música que produce discursividad siempre relativa a toda su obra, no sólo a la que está creando en el presente); los encuentro bajo diferentes ángulos de análisis en toda su producción, estallando en los últimos estrenos. Un verdadero estilo Rotemberg.
Resulta complejo, no obstante, hacer dialogar este estilo con la producción de danza contemporánea argentina actual -me refiero a los últimos 10 años-. Como si no encontrara interlocutor, o si existe es un autor posterior, porque sin dudas ha dejado una impronta fuerte entre los artistas emergentes. Entonces, es evidente que la particularidad estilística -fruto entre otras cosas, de una formación que no partió en la danza sino en la música, el cine y la actuación- tiene correlato con otros términos culturales argentinos -y naturalmente mundiales-, pero con muy pocos dancísticos.
Lo que producía El Descueve o lo que hizo y hace el Grupo Krapp, por ejemplo, a pesar de ciertas dinámicas o de ciertas estructuras dramatúrgicas similares, poseen mundos poéticos y críticos totalmente distintos. Un subgénero como es la danza teatro, más ligada al género moderno que contemporáneo en mi país, mantiene una distancia de lo que construye Rotemberg -serie de escenas danzadas, muy físicas, que no cierran, que no se unen sino en el espanto o en la risa, como collages de sueños y pesadillas, de obsesiones y de deseos, cada vez menos condescendientes con el espectador moderno-. El lado queer de la luna.
Recomiendo fervientemente asistir a la experiencia La idea fija, como quien se sube a una montaña rusa desconocida, dispuestos a percibir con las células de todo el cuerpo y a comprender que la solemnidad es más enemiga del pensamiento crítico que la necedad.

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29 de enero al 2 de febrero
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