Reflexión Hacia una Construcción del Teatro del Terror

Por Javier Ibarra
director teatral y docente

El terror en la historia del arte surge como reacción a acontecimientos sociales. Muchos relatos de terror han representado de manera crítica modelos políticos, poniendo en duda el orden burgués amenazado por la llegada de un monstruo o un enemigo no sometido a los procesos de alineación laboral y social. El terror en ocasiones trata de una parte oculta y reprimida de la humanidad. Los relatos de terror han develado miedos, odios, sospechas, traumas y aversiones que se encuentran en nuestra sociedad, además de coincidir con hitos históricos tales como guerras,

crisis económicas y sociales, como respuesta a ciertas ideologías políticas.
En el cine del siglo XX se dan algunos ejemplos de esto: el expresionismo alemán puso de manifiesto la angustia de la sociedad en el período de entreguerras, la edad de oro del cine de terror norteamericano coincidió con la Gran Depresión, el breve esplendor de la RKO (Lo que es hoy  Paramount Picture)fue durante la segunda Guerra Mundial. Las dos últimas etapas importantes del género fueron la iniciada por la película “Night of the Living Dead” de George A. Romero, que opina sobre los millones de muertos durante la Guerra de Vietnam, metáfora representada a través de los muertos vivientes (zombies) que caminan en vida porque ya no hay más espacio en la tierra para tantos cadáveres; y la comenzada por la película “Psycho” de Alfred Hitchcock, que dio inicio a lo que se conoce como Slasher Films; subgénero del terror que critica al sistema moral decadente de la época de los 70, donde el horror se encarna en psicópatas que persigue adolescentes que gozan de sexo y del consumo de drogas.
Todos estos ejemplos corresponden al cine y no al teatro. Es lamentable, pero esto sucede porque el teatro carece de estudios teóricos que estén directamente vinculados con el género de terror. En mis ocho años de oficio en el arte de la representación no he encontrado, hasta el momento, estudios que hablen directamente de este estilo en el teatro, a diferencia de lo que se puede encontrar en el cine.
Asimismo, para acceder al teatro de terror he tenido que adentrarme en los elementos del Romanticismo como espacio de conceptualización, desprendiéndose de esta poética conceptos legibles como terror. Es por eso que la relación de este estilo bajo la poética del Romanticismo que se encuentra en la pintura, la música, la ópera y fundamentalmente el teatro, serán útiles para una búsqueda de estilo.
El romanticismo y Shakespeare
El Romanticismo, que nace teóricamente con el “Prologo de Cromwell” de Víctor Hugo, comienza a finales del siglo XVIII  y se desarrolla durante la primera mitad del siglo XIX. Esta corriente emerge como manifiesto de rebeldía ante el clasicismo imperante del siglo XVIII, que –en líneas generales- está identificado por ser una corriente artística regida por leyes armónicas, de equilibrio y belleza, inspirada principalmente por los patrones estéticos y filosóficos de la Grecia clásica. El romántico rompe con esta estructura de orden de las cosas, y le otorga a las distintas áreas artísticas, de forma cualitativa, todo lo que ocultaba y negaba el clasicista. Es así como aparece lo feo, lo grotesco, lo demoníaco, lo oscuro, lo malvado, lo disonante, lo displacentero, etc., frente a lo bello, lo armonioso y lo equilibrado. En la literatura, en novelas como “Drácula” de Bram Stoker y “Frankenstein” de Mary Shelley, aparecen grotescos monstruos frente a hermosas mujeres bajo una atmosfera lúgubre; en las pinturas de David Capar Friedrich y William Turner se ve la inmensa y hermosa naturaleza como ente sublime y dominante que está sobre el hombre; y en la música de Richard Wagner se percibe la fuerza estrepitosa de sus pasajes con momentos de placenteros sonidos; son ejemplos de distintas manifestación artísticas románticas que actúan por contraste en el arte.
Para teorizar acerca de lo que es el Romanticismo en el teatro, Víctor Hugo –quien, sin ser el precursor del romanticismo escribe un “Manifiesto Romántico”- emplea a William Shakespeare como ejemplo de un potencial creador romántico. Dicho por él, Shakespeare en sus obras utiliza ambientes oscuros, tenebrosos y maravillosos, con personajes perversos y ocultos tales como Ricardo III, las brujas de “Macbeth” y la misma Lady Macbeth, Titus Andrónico, el fantasma del padre en “Hamlet”, etc., los que coexisten en sus obras junto a la hermosa Ofelia, el amor de Romeo y Julieta, la fantasía y los personajes maravillosos de “Sueño de una Noche de Verano”, entre otros. Ésta dramaturgia sin duda está en el terreno de lo sublime y lo grotesco, sublime en la belleza ensalzado por su opuesto; grotesco en todo lo que atrae lo perverso, lo feo y lo oculto.
“Macbeth” 2014: la última creación de Teatro del Terror
Bajo los códigos anteriores, la poética del romanticismo se vincula con los elementos estéticos y discursivos de lo que es para mi creación el estilo de terror en el teatro. Es por ello que la investigación de "Teatro del Terror" se fundamenta en la poética del romanticismo que ha estado presente en todos sus montajes artísticos.
"Macbeth" es una metonimia de un relato lúgubre de nuestra sociedad que se manifiesta a través de la ambición del poder. En la obra, su protagonista es un ambicioso que codicia llegar a lo más alto de la pirámide social a costa de engaños y crímenes, siendo una verdadera encarnación del mal.
En esta puesta en escena se establece una opinión sobre la ambición del poder, utilizando la premisa "La ambición es la madre de todas las desgracias del Hombre". De esta manera se seduce a un diverso tipo de público –como seguramente lo quiso Shakespeare- desde la reflexión, llevándolo a experimentar a su vez la contención y la explosión de emociones en una historia catártica que contienen situaciones desgarradoras que fluctúan entre lo real y lo sobrenatural.
En conclusión, la obra es construida tomando su naturaleza perversa, bajo el estilo de terror y utiliza como referente el romanticismo, sin olvidar que existe una opinión política y social, en este caso la "ambición del poder".