Experimentales Propuestas en Sala Arrau

“Brothers” es la última puesta en escena de Francisca Keller, en la que reúne parte de la investigación que lleva haciendo con este mismo montaje por diez años pero con distintos interpretes. Esta vez el trabajo se centra en sus experiencias personales y vivencias con su hermano menor, Valentín. También apoyan la escena Francisco Bagnara (bailarín) y su hermano Daniel Bagnara (diseñador).
A través de un ejercicio, ella o alguno de los intérpretes dicen un número correspondiente a una edad determinada. No son números al azar sino correspondiente a un año trascendente en sus vidas.

Entonces Francisca o Valentín o alguno de los Bagnara narran un episodio sucedido cuando tenían esa edad. Así ellos van reconstruyendo sus vidas a través de este relato autobiográfico.
Este es el punto de partida que utiliza Keller para hacer un viaje por sus vidas, donde el espectador es testigo de una mirada personal sobre hechos ocurridos en el pasado.
Se trata de una puesta en escena dinámica, lúdica, por momentos caprichosa y obtusa también. Pero principalmente de  gran frescura. Mientras Francisca Keller se apoya en un micrófono para narrar ciertos pasajes de su historia, Daniel y Valentín bailan. Al parecer improvisan e inundan el escenario de vitalidad. Durante  treinta minutos esta directora nos traslada hasta su infancia y adolescencia. Su padre y sus múltiples quiebras. El abandono de sus estudios y la búsqueda constante de esta artista por dar un testimonio de su pasado. Llevarlo al presente, re significarlo y cuestionarlo. Todo esto con imágenes proyectadas, hermanos con mascaras de animales sobre sus rostros, luz tenue y de color magenta, música que la directora contantemente maneja subiendo y bajando el volumen.
Sin duda un lucido trabajo que se realizó gracias a la tercera temporada de encuentros coreográficos realizados en la Sala Arrau del teatro municipal de Santiago.
Otro montaje que se presentó junto con “Brothers” es “Migrante”, de Sebastián de la Cuesta, que pone en escena el travestismo y la transexualidad. Un tránsito entre ser una persona y convertirse en otra.  Cinco intérpretes radicalmente disímiles  se reúnen en esta sala para bailar, cantar y simplemente ser. Cuerpos que lucen su estado migratorio de un género a otro. Actores y bailarines que no hacen más que dejar su presencia en escena. Y mientras un par de ellos bailan, otros simplemente caminan, se lucen y generan curiosidad.
La pieza nos muestra a Eduardo Soto y Francis Francoise  como dos mujeres adultas travestis, también a Dayra Perez bailando con gestos suaves y técnica implacable, también aparece  Claudia Fox (transexual) que solo pasea por el escenario con su desnudez a cuesta, con dignidad y orgullo mostrando cada una de sus cicatrices, no solo las dejadas por las cirugías a las que se ha sometido para cambiar de género sino también aquellas mas sutiles que quedan por haber tomado esta decisión. Emilio Edwards también baila un solo mostrando sus cualidades como bailarín contemporáneo y un cuerpo casi perfecto, que resalta al lado de estos hombres vestidos de mujeres.
Una puesta de escena sin texto alguno, solo una canción que canta Soto, que habla de un viejo travesti. Cada intérprete se mueve por el escenario con soltura. Sin embargo esta pieza peca de sobriedad en su discurso. No hay profundización en la temática de transexualidad ni del travestismo. No lo hay ni desde la problemática personal ni tampoco desde la perspectiva social a la que se ven expuestos los interpretes. Son cuerpos que deambulan por el escenario con un aparente demostración de quienes son, sin embargo esto no se hace suficiente para entablar un discurso una idea o un acto radical como sugiere el autor.