"Remanente": Una Danza Íntima

En el Centro Cultural Matucana 100 y en la sala que lleva el nombre de uno de los hitos de nuestra historia dancística, Espacio Patricio Bunster, se presentó  hasta el 5 de octubre la última creación de Daniela Palma, quien dirigió e interpretó su obra “Remanente”.
La asistencia  de dirección estuvo en manos de Ana Manríquez, junto al diseño y multimedia de Alejandra Castillo Muñoz, quienes juntas volcaron  en el escenario toda la experiencia escénica en el manejo del tiempo, la danza, la actuación y el video.
Daniela Palma da inicio a su obra, o mejor dicho a su vida y

creación, ya que “Remanente”cuenta su propia historia acompañada de audios y videos de su niñez, la casa de su infancia y su pueblo Potrerillo, antigua localidad minera de la Región de Atacama que se ubica en la zona Precordillerana a 2800 metros de altura, abandonada definitivamente en el 2000 cuando su población fue trasladada  a otras zonas debido a la contaminación ambiental.
“Remanente” es una obra de danza contemporánea, resultado de la investigación del desarraigo y la memoria, de esa que registra el cuerpo que es volcado por Daniela sobre la escena, el video alternado por antiguos registros de la infancia mezclados con ediciones cargadas de inspiración, donde se mezcla la fotografía de la inocencia sobrepuesta sobre la imagen desolada del pueblo abandonado.
Realizar un solo de danza capaz de sostenerse por una hora y no decaer en la intensidad e interpretación, así como también en la atención del publico, suele ser complejo y casi una odisea, pero en este caso resultó ser una bella oda de danza.
El vestuario utilizado de corte contemporáneo contrasta con  el decolorado vestuario del video, provocando nostalgia y lejanía en el tiempo. Una iluminación correcta apoyada por proyecciones, tanto en la pantalla que se subdivide como en el suelo de danza, logran transformar el espacio. La música  a cargo de Daniel Marabolí Bernales resultó acertada, logrando bellos matices que acentuar en la trama.
Daniela interpreta su íntima danza en forma correcta, utilizando en forma considerada el piso y los niveles medios, intercalada por videos que muestran el registro de la infancia, los cerros y el viento, que también lleva a escena.
Sobre el escenario, desde el inicio, la acompañan piedras que trae en su estómago como si nos quisiera contar que desde su vientre nace el lazo con su pueblo. A lo largo de la obra se siguen uniendo piedras, con ellas Daniela construye instancias, momentos, juegos y pensamientos. El otro elemento es una grabadora de esas que utilizan cassette (que rebobinábamos con un lápiz), donde se encuentran audios de conversaciones infantiles.
Es una obra de danza únicamente de ella, pero no por ello es ajena al espectador, ya que transmite sentimientos que se hacen propios a los presentes.
En resumen, se trata de una danza íntima de buen resultado en la escena, redonda, donde se mezcla la tecnología como aporte y los elementos cobran vida como signos.