Danza y Testosterona en Buenos Aires

Es difícil conseguir entradas para Un Poyo Rojo. Es tanto el furor que causa esta pieza de danza, que sus cupos están agotados con semanas de anticipación. ¿Cuál es el secreto? Dos eximios bailarines-atletas, Alfonso Barón y Luciano Rosso, dirigidos por Hermes Gaido, exploran en las posibles formas de relación entre dos varones: desde la competencia a la complicidad, pasando por la rivalidad extrema y la atracción sexual, como dos gallos de pelea plenos de testosterona (de allí el nombre).
La teatralidad está presente y es bien manejada por Barón y Rosso, quienes aportan una buena dosis de humor que saca risas

entre el público. En escena, un  viejo locker metálico y un banco acompañan la acción. Los intérpretes aparecen como dos deportistas que deben vestirse para salir a la cancha, y allí, en la intimidad del camarín, empieza su encuentro-desencuentro.
Cada uno demuestra su dominio físico a través de guiños a diversos tipos de danza, desde el street dance al ballet, en una suerte de competencia paródica  que impide la comunicación y les exige reinventarse a cada rato. Sus cuerpos entrenados llegan hasta la acrobacia en el marco de extrema fisicalidad que impone la obra. Sus cuerpos dialogan, se contaminan uno al otro, se contagian.
Hay una pausa dada por la improvisación con una radio. Barón busca en el dial y encuentra una emisora que le acomoda, con música tranquila, en tanto Rosso la cambia en pos de una más bailable. Este último es un histrión sorprendente, que aporta una gestualidad digna de un clown.
Un Poyo Rojo es una obra imperdible del off Buenos Aires,  ovacionada en su paso por el off Avignon, en julio pasado. Los viajeros a la capital argentina deben estar atentos para conseguir entradas,  mientras esta pieza, ejemplo de talento y desparpajo, llega a algún escenario chileno.