"Mayerling" y el Adiós a un Grande de la Danza

El 31 de marzo, Luis Ortigoza, Primer Bailarín Estrella del Ballet de Santiago, anunció su retiro de la danza. Y el remezón fue fuerte entre los balletómanos y los que alguna vez lo han visto bailar: el argentino  que recibió la nacionalidad chilena por gracia sigue siendo, a sus 47 años, el mejor bailarín de la compañía del Teatro Municipal. No sólo por su indiscutible virtuoso técnico y su gran fuerza interpretativa, sino que además por la enorme generosidad que despliega dentro del escenario. Y, puedo decir por mi propia experiencia, también fuera de él.
Ortigoza es un dotado, con un cuerpo “hecho” para el ballet. ¿Qué

bailarín puede, a los 47 años, mantener un arabesque en relevé perfecto por interminables segundos? ¿Quién puede dar un gran salto y caer en una quinta sin titubeos además de expresar al mismo tiempo alguna emoción? ¿Quién es capaz de dotar de seguridad y hacer brillar a una compañera que está empezando? Muy pocos en el mundo, y Luis Ortigoza está entre ellos.
Un gran intérprete, a quien el paso de los años regaló la profundidad para abordar cada rol y una conciencia sutil de cuándo explotar en intensidad, sin derrochar energía en los momentos inadecuados.
Para despedirse, eligió nada menos que “Mayerling”, de Kenneth MacMillan, un título difícil que exige muchas herramientas, técnicas e interpretativas, además del talento. El coreógrafo inglés se inspiró en el trágico y aún misterioso suicidio del Príncipe Rudolf, heredero del Imperio Austro Húngaro, hijo de Francisco José e Isabel de Baviera, más conocida como Sissi. Si bien Rudolf era inestable emocionalmente y extremadamente sensible, las crónicas históricas también recogen su vocación liberal y nacionalista, por lo que se ha insinuado que en realidad su muerte fue un asesinato.
Este ballet es uno de los más complejos e intensos de la última mitad del siglo XX (se estrenó en 1978),  de tres hora de duración, 11 escenas más un epílogo, y el rol de Rudolf uno de los más exigentes creado para un bailarín. La declinación emocional y psicológica del personaje se representa en variaciones de gran dificultad e intensos pas de deux con su amante, su esposa y su madre, estando en escena casi todo el ballet. Acá el intérprete debe construir un personaje desde el interior para no caer en excesos expresivos, requisito que Ortigoza cumple con creces
MacMillan no obvia que el príncipe era morfinómano y promiscuo, dotando al personaje de una oscura expresividad que exige al intérprete una profunda caracterización con mucho de hamletiano en el sentido de búsqueda insatisfecha.
La propuesta del Ballet de Santiago fue estrenada en 2013, y significó un reconocimiento del Círculo  de Críticos de Arte para Luis Ortigoza y Natalia Berríos, como el príncipe Rudolf y su joven amante María Vetsera. En el segundo elenco estuvieron Rodrigo Guzmán y Andreza Randizek. Esta vez los repartos se repiten, marcando el regreso de ambas bailarinas que tuvieron un 2015 marcado por lesiones.
En 2013, el primer reparto, que vuelve a repetirse este año, deslumbró por su profundidad interpretativa. Luis Ortigoza en un rol en que demuestra su gran sentido de la teatralidad además de su técnica perfecta. Natalia Berrios, a quien se echaba de menos, regresa al escenario como María Vetsera, amante de sólo 18 años de Rudolf, personaje que en temporadas anteriores ha abordado con intensidad y dramatismo.
Este “Mayerling” es la última oportunidad para disfrutar de un grande de la danza. Y, estoy segura, será un privilegio admirarlo antes de empezar a echarlo de menos.

 

Coordenadas
Teatro Municipal de Santiago
12, 13, 14, 15, 16 y 18 de abril
19.00 hrs.
Entradas desde $3000

fotografía Patricio Melo