Volver a "Sin Respiro"

Después de dieciséis años se remonta la obra “Sin Respiro” de Elizabeth Rodríguez, con tres de las intérpretes originales: Claudia Vicuña, Julieta Figueroa y Paula Sacur. Esta pieza estrenada en el año 2000 obtuvo premios Altazor y Apes a Mejor Coreógrafa y Mejor Montaje de Danza. Este año, gracias al Programa Patrimonio Coreográfico del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que busca revivir montajes nacionales emblemáticos, esta pieza coreográfica tiene una temporada en Matucana 100 hasta el 21 de Mayo.
Indudablemente, su valor inigualable es este rescate y su presencia

sobre un escenario que, sin lugar a dudas, es sumamente asertivo. No es lo mismo ver un video sobre una obra, a tener la pieza para presenciarla y, más aún, ejecutada por tres de las seis bailarinas originales. Aunque esto hace que la pieza tenga diferencias con respecto a la de antes, notamos que conserva la esencia y el viaje onírico a modo performance que la obra plantea.
Se entremezclan los cuerpos de antaño con el presente, vemos a las intérpretes 16 años después, ocupando como forma de movimiento el lenguaje release sumamente asimilado, madurado, se aprecia más que como una técnica como una forma natural de movimiento. Claro  que ya no está el arrojo y la locura desbordada de antes. Sin embargo, esto último no se extraña pues vemos cuerpos potentes en el escenario, de mucha madurez y conciencia, además de estar presente la particularidad de cada intérprete en las coreografías grupales, asumiendo roles protagónicos en determinadas escenas.
Las acciones no tienen un hilo conductor, muy por el contrario, intencionalmente los hitos aparecen aislados, con una congruencia a modo de estar bajo sueños ocupando una estética performativa, como cuando Julieta Figueroa trae 3 colchonetas blancas sobre las que se acuesta, se aplasta, se ahoga, poniendo en jaque su propio aguante de estar sin respiración. Ocupa movimientos segmentados donde es interesante ver como las colchonetas tapan ciertas partes de su cuerpo y solo se ven extremidades como pies, brazos, o su cabeza.
Hay momentos que destacan como Paula Sacur bailando sobre un aro iluminado, en una coreografía que pareciera infinita por cómo recorre todo su cuerpo secuencialmente sobre la luz, que determina su rango de desplazamiento.
Aparece en escena el tema de género cuando Claudia Vicuña desenvuelve un rollo gigante de plástico para crearse una pasarela en el piso con globitos almenados que suenan cuando ella camina desfilando como modelo, pero va mutando entre una mujer sensual, ruda y simia, tornándose a lo grotesco al comer chocolate que se derrama por su cuerpo. También tiene esta característica este piso donde suenan los globitos a modo de pedos cuando ella camina. Una visible crítica al estereotipo de mujer en nuestra sociedad y el cuestionamiento hacia qué es lo femenino y masculino.
Así aparece Vicuña enfatizando una extrema delgadez con un vestido ancho, ejecutando una caminata a modo fraseo que recalca todo el bosquejo erótico publicitario y lo no asumido por la sociedad con respecto a la mujer, la animalidad, lo rudo, los sonidos corporales naturales y de cansancio, el comer ansiosamente, en lo cual la intérprete va aumentando la velocidad hasta deformar el movimiento.
Un cuadro relevante es el que muestra un cartel en el piso con la palabra “VACÍO”. Vuelven a escena dos colchonetas y Julieta Figueroa cae repetidas veces sobre ellas con todo su cuerpo. Paula Sacur baila por el centro del escenario bajo el concepto de la palabra, ocupando el lenguaje Realese ya bordando solo el nivel alto, con movimientos secuenciales que unen destrezas entre manos y pies. La imagen de las intérpretes de perfil inclinándose hacia adelante hace que se haga visible el concepto de caer al vacío. Una de las escenas que más resuena y revive lo que uno vio con anterioridad.
Esta obra también incorpora imágenes audiovisuales a cargo de Carola Sánchez. Aquí la danza ocurre bajo el agua y la cámara capta diversos momentos, se hace hincapié en los pies, el movimiento de la ropa flotando, las intérpretes nadando, la contención de la respiración, etc. Se observa la imagen como un recurso estético con una mirada cinematográfica, en que el relato apela a una discontinuidad interesante con una factura impecable que indudablemente suma en la escena.
La estética se desarrolla en color blanco, el piso, el proyector, las colchonetas y también los vestuarios, los cuales son diferentes para cada escena y para cada intérprete, hay ropa liviana y vaporosa teniendo que ver con el imaginario de sueños y el estado de flotar en el agua, y ropa cotidiana como poleras, pantalones y vestidos.
La iluminación de Luis Reinoso y la música de José Miguel Candela permiten, con diversos elementos técnicos, entrar en el espacio interior de la obra, el mundo inconsciente y la inspiración onírica que quiere representar.

 

 

Ficha Artística
Dirección y Coreografía: Elizabeth Rodríguez
Intérpretes: Julieta Figueroa, Paula Sacur y Claudia Vicuña
Música Original: José Miguel Candela
Vestuario: Mauro Núñez
Dirección de Arte y Video: Carola Sánchez

Coordenadas
Matucana 100 hasta el 21 de Mayo a las 20:30 hrs.