“Migrante” o cuando el alma camina, canta y baila

Un viejo con el dorso desnudo acostado sobre el piso, gime y susurra. Una tenue luz venida de foco rescata, tenuemente, algunos gestos tristes de despedida de este mundo del hombre canoso. Una música profunda y leve acompaña a este adiós, lentamente se acuesta y se queda dormido (o muere, no lo sabemos), trabajo a cargo del soberbio Raúl López. Este es el final de “Migrante”, una curiosa e impecable pieza de danza contemporánea a cargo de cuatro cuerpos que se mueven en un suelo vacío, solo atacado por luces de un techo sembrado de faroles. El comienzo de “Migrante” es igual de penetrante y

colmado de una atmósfera íntima y cargada de latencias que expresa cabalmente el espíritu que anima a esta obra de menos de una hora de duración; es una escena que por su extraordinaria parquedad y sobriedad cala hondo en el espectador: bajo un foco de luz, una intérprete (una excepcional Millaray Lobos) “dialoga” consigo misma penetrada –sobre todos sus manos- por este haz de luz que obra como un espejo donde ella se refleja y se descubre, luego habla a solas en varios idiomas (las lenguas del mundo), hasta recalar en uno común al espectador; el español, con el cual se dirige a la platea.
Esta bailarina-actriz que posee un innato poder de fidelidad a sus imágenes interiores, logra transmitir instantes de gran emoción. Con mesura y una innata fragilidad exterior seduce y convence sin necesidad de opulencias, basta señalar aquella escena cuando con el anciano juegan con el vestuario de cada uno.
El cuerpo interior de esta magnífica pieza de joyería (con espacios de actuación y danza calibradamente seductoras), se concreta a través de cuatro seres humanos que representan el colectivo de la condición humana (la pareja, una joven sola y el anciano) en situaciones como la soledad, el diálogo consigo mismo, la pareja, los viajes, las tensiones, la felicidad y el sufrimiento. Por ejemplo, la pareja compuesta por Dani Vega –que además de bailar con gran efectividad, canta muy bien - y el plástico joven Marcos Matus, establecen en escena lo masculino y femenino conquistando espacios y desenvolviendo su fuerza vital. Matus llega lejos con su pulcro dinamismo, al llenar el espacio con su rica plasticidad corporal.
Lo que llama la atención de “Migrante” es su sentido visual profundamente ascético, una intimidad sobrecogedora domina todo el espectáculo, la obra no juega a “mostrar ni a parecer”, sino a descubrir,  desempolvar, exhumar, por eso abundan los momentos de diálogo interior donde los cuerpos viven “para adentro” y eso hoy, donde los cuerpos en la danza moderna están moldeados por fuerzas entrópicas de gran calibre, ver algo como “Migrante”, que opera desde lo endógeno (lo interior), es una experiencia estremecedora.
Punto alto de “Migrante” es la concepción lumínica y musical que ahonda y da más jerarquía a las situaciones de danza y actuación, ambos efectos están insertos en un escenario limpio como la palma de una mano. La iluminación,  sólo a base de focos, por su mágica y misteriosa fuerza, dialoga y extraer de estos personajes aspectos de lo humano en su devenir político y social, cultural y sexual, sean instante de felicidad, conquista, dolor o sufrimiento.
La responsabilidad general de este bello espectáculo es obra de Sebastián de la Cuesta, Rodrigo Leal y Cristián Reyes. Ellos, juntos con sus cuatro bailarines logran con “Migrantes” un espectáculo de una fuerza poética que emociona y rasga nuestro interior, es que el movimiento y la actuación cuando se funden en sus expresiones, logran una cima que seduce enormemente al espectador. Por ello, “Migrantes”, pueda caber en una sola palabra: imprescindible.

 

 

Coordenadas
GAM
Funciones hasta el 29 de Mayo
Jueves a domingo 20:00 hrs, GAM.
sala B 1 (edificio B piso 2)
Valor $5.000 general y $3.000 estudiantes.