La Suave Línea entre Danza y Performance

El jueves 23 de junio, se dio inicio por quinto año consecutivo al Encuentro Coreográfico Sala Arrau, que en la presente edición reunirá a 10 obras distribuidas y presentadas en cinco ciclos con dos creadores en cada oportunidad. En esta ocasión las funciones se extendieron a tres fechas, incluyendo viernes 24 y sábado 25 de junio.
Este programa organizado en conjunto por el Área de Danza del Consejo de Cultura y las Artes y el Teatro Municipal de Santiago, es la gran oportunidad de ver a nuestros exponentes de la danza contemporánea en un espacio que históricamente se visualiza

 ligado a la danza clásica. En esta ocasión, el programa se inició con la creación colectiva de Ana José Manríquez, Daniela Palma, Iván Rojas y Nicolás Lascar titulada “La Yerba que Crece en la Cantera”, que resultó ser más cercano a un ejercicio experimental performativo que a una obra concreta, con una clara intención de ver cómo se posicionan y modifican estos cuerpos con un tiempo y espacio determinado.
En la obra, tres de ellos tienen una participación más activa y un cuarto más contemplativa. Ana y Daniela, que provienen del mundo de la danza, y evidentemente tienen una mayor plasticidad y manejo corporal en relación con Nicolás, que arriba del área de la música, pero participa del ejercicio y no deja de ser interesante su faena, además de entregar los sonidos de acordeón como aporte sonoro. Por su parte, un cuarto cómplice sobre la escena es Iván, de profesión actor, quien inicia y termina la obra, pese a no participar del juego escénico está presente en el total de la obra.
En resumen, es un buen ejercicio, atrayente independientemente de su simpleza, pero el manejo del tiempo en algunos pasajes con reiteradas repeticiones resulta algo dilatado y perjudica el total de la obra
Para concluir el programa, se presentó el trabajo de Felipe Fizkal “Airuyai”, quien reflexiona sobre el VIH, la homosexualidad y la existencia de quienes padecen dicha enfermedad. Todo bajo un amplio abanico de medios y recursos como son: voz, danza, performance, teatro y el hecho de contar la historia en primera y tercera persona.
La obra resulta interesante al tomar un tema sensible con un cierto grado de humor, la analogía y cuestionamiento a las triterapias (tratamiento farmacológico de la enfermedad) con las relaciones de amor y orgías de las células o CD4 (células que constituyen una parte esencial del sistema inmunitario) tienen un resultado congruente. Las intervenciones de Damián Ketterer en algunos pasajes, refuerzan y fortalecen la dramaturgia de la obra.
También participan Francisco Moreira en la música, Matías Hernán en el diseño de vestuario, Karina Navarrete en la iluminación, Carmen Gloria Venegas y Paula Palma en la asistencia de dirección.
La idea que el público esté de pie y se traslade libremente en el espacio, mientras él se desplaza de un extremo a otro, independiente que puede resultar positivo y potenciar el cuestionamiento del enfermo y su lugar en los ojos de la sociedad. Si se sobrepasa un número de personas surge un obstáculo, debido a que el protagonista (Felipe) pierde visibilidad llevando a los asistentes a una desconexión con la obra. Así mismo, la extensión de algunos pasajes como la escena del travestismo y doblaje de un tema, solo logra agotar el recurso discursivo.
En resumen, “Airuyai” tiene todos los elementos para ser un buen aporte escénico pero cae en pequeños errores propios de la juventud de su creador.