Natalia Berríos se Luce en "Eugenio Oneguin"

El Ballet de Santiago termina de presentar hoy, sábado, su última producción: “Eugenio Oneguin”, del destacado coreógrafo sudafricano John Cranko. Con dos  repartos de lujo, uno a cargo de Andreza Randisek y Rodrigo Guzmán en los roles protagónicos, y el otro con Natalia Berríos y José Manuel Ghiso en los mismos personajes. En el tercer reparto debutaba Romina Contreras en el rol femenino principal. La pieza, una versión en puntas de la novela homónima de Pushkin, sigue la vida de Oneguin, un tipo fatuo, incapaz de sentimientos nobles. Así, el ballet resulta doblemente exigente para los intérpretes, porque les exige dominio técnico

y, además, capacidad de interpretar sentimientos y emociones,y proyectarlas hasta la última fila del teatro.
Kurt Heinz Stolze, uno de los directores del Ballet de Stuttgart, creó la partitura a partir de algunas piezas de Tchaikovsky, ya que la ópera del compositor ruso dedicada a Oneguin era imposible de danzar. Así, la música del ballet no lleva ni una sola línea de la ópera.
Esta vez, pude disfrutar del reparto encabezado por Natalia Berrios y su pareja en la vida real, el colombiano José Manuel Ghiso, como Tatiana y Oneguin, respectivamente. Ellos se vieron acompañados por MariaLovero (Olga) y Emmanuel Vázquez (Lensky), y un afiatado marco entregado por los solistas y el cuerpo de baile del Ballet de Santiago.
Lo primero que destaca es la escenografía y el vestuario, ambos de Pablo Núñez. Sólo él es capaz de ambientar una historia de época con elementos que funcionan tanto en el escenario del Teatro Municipal como en la veracidad de la narración. Es así como los enormes decorados nos llevan a la Rusia de antaño, pasando por diversas locaciones. Lo mismo sucede con el vestuario: es apto para el ballet, pero también para contar quién es el personaje. Basta con apreciar los cambios de la protagonista a través de su ropa.
La historia es conocida. El joven y displicente Eugenio Oneguin llega a la casa de las hermanas Tatiana y Olga, invitado por su amigo Lensky, enamorado de la segunda. De inmediato Tatiana se enamora de él, declarándose inclusive por carta, pero Oneguin no sólo la trata con frialdad, sino que la desprecia y humilla. Es más, aburrido en la fiesta de cumpleaños de su admiradora, flirtea con Olga, siendo retado a duelo por su amigo. En ese combate, producido por la fatuidad, cae muerto Lensky. Oneguin, aterrorizado por su acción y por fin conmovido, parte al exilio. Luego de años de viaje regresa arrepentido, para encontrarse con una Tatiana adulta y casada.
El Ballet de Santiago asume con gran soltura los desafíos que propone este ballet, repuesto por FilipBarankiewicz (roles principales) y Birgit Deharde (cuerpo de baile), destacando la pulcritud de los solistas y la armonía del cuerpo de baile, buen compañero de los protagonistas.
En esta versión, es Natalia Berríos quien sorprende con su enorme capacidad teatral. Sin problemas pasa de la frescura de una Tatiana adolescente y tímidamente enamorada, al dolor de una mujer que asume que el hombre que ama no es más que un egoísta narciso. Tatiana es capaz de alejarlo de sí cuando él regresa años después a buscarla, y Natalia es capaz de proyectar su dolor hasta los espectadores. Inolvidable es el pas de deux final, donde Berríos se instala como una bailarina de sólida técnica y una teatralidad que consigue que sus movimientos hablen, más allá de la precisión y el virtuosismo. Cranko creó una coreografía de grandes dificultades, y este dúo las concentra, ya que muestra a través de complicadas tomadas y expresionistas evoluciones el tormento de los personajes. Se trata de un pas de deux magníficamente dramático, de un cariz radicalmente diferente al del sueño de Tatiana al fin del primer acto.
Al lado de Berríos, José Manuel Guiso luce muy bien en lo técnico pero falto de matices en la interpretación. Su Oneguin es intenso, pero también contenido y algo hierático, viéndose en un registro diferente al de Natalia. Es cierto que cada bailarín asume su personaje desde sí mismo, diferenciándolo, pero a este Oneguin le hizo falta algo de matiz emocional.
MariaLovero y Emmanuel Vázquez dan muy bien el tono de sus personajes, Olga y Lensky, quienes pasan desde el juego juvenil a la muerte. Buenos intérpretes en el amplio sentido de la palabra.
Este “Eugenio Oneguin” nos habla de la preparación y el temperamento del Ballet de Santiago para hacerse cargo de piezas de gran teatralidad y dramatismo, lo que es, sin duda, un plus.

 

Coordenadas
Sábado 1 de octubre, 19 horas
Actúa el reparto mencionado en el texto
Fotografía Patricio Melo