El Renovado Pedrito y el Lobo del BANCH

Si hay una frase que sintetiza la coreografía de “Pedrito y el Lobo, esta es nuestra historia”, de Carolina Bravo, estrenada por el BANCH en el teatro del CEAC (Centro Extensión de la Universidad de Chile) es sencillez lúdica. La composición corporal y escénica de Bravo se sitúa en el lado más cercano y accesible a los niños, ya que con singular atrevimiento extrajo de la composición original aquellos segmentos que le daban material para crear una danza donde el movimiento actuado tuviese un fuerte sentido de relato cuentístico. Por eso mismo, el diseño coreográfico y el trabajo actoral de los bailarines tienen como centro de gravedad el juego bailado.

Este último estreno del BANCH está basada en la obra sinfónica “Pedrito y el lobo”, escrita en 1936 por el compositor ruso Serguéi Prokofiev (1891-1953).La pieza le fue pedida por el Teatro Infantil de Moscú pues querían incentivar el interés de los niños por la música. Prokofiev, genialmente, creó una sinfonía infantil hilvanada con los criterios más elementales de un cuento clásico (buenos, malos, humor, ternura, amistad, peleas, muerte), introdujo un narrador que va contando los sucesos, pero sin duda el aspecto más novedoso y único de esta maravillosa composición –lo que la hace imprescindible en cualquier repertorio de teatro clásico, sea de óperas o de ballet, cuando se piensa en la infancia- es que cada personaje está identificado con un instrumento, por ejemplo, Pedro, tiene a los violines; su abuelo, al fagot; el pajarito, la flauta; y el lobo, el corno; entre otros.
Bravo, que además de bailarina destacada posee un destacado abecedario de coreografías exitosas, que incluye presentaciones en el exterior, premios y reconocimiento de la crítica, con un fino olfato dancístico-pedagógico tradujo algunos mecanismos narrativos de “Pedrito…” a técnicas teatrales básicas como el uso de las máscaras, la alternancia las voces en la narración, la manipulación de los objetos y muñecos.
Para cumplir con este objetivo realizó varios cambios a la estructura original de esta sinfonía infantil, la despojó de algunos lineamientos de su construcción argumental, quizás esto moleste a los más conservadores pues la coreógrafa sacó ejes centrales de la historia para darle un aspecto más de juego bailado, un danza de buenos y malos que se persiguen en un escenario limpio, eludió ese gran boato visual con que suele escenificarse esta magnifica pieza musical. Ella quiso poner en escena un relato infantil en movimiento, más que “mostrar” un cuento clásico ruso musicalizado destinado a los niños. Con mucha inteligencia y sobriedad supo crear una serie de movimientos narrativos que tuvieran una captación rápida, fácil de empatizar con los pequeños. La mayoría de las danzas son de factura simple, imitan animales, algunas grupales, otras veces en diálogo con Pedrito.
El cuerpo de baile de 11 artistas ensambló con justeza y equilibrio los desplazamientos propuestos por la coreógrafa. El BANCH lució siempre armonioso en su despliegue, especialmente cuando el universo de animales de la selva eran los protagonistas, a su vez supieron maniobrar los muñecos y darle el tono de cuento para niños que es, más allá de las intervenciones al corpus original de la obra, la esencia de esta gran pieza sinfónica de Prokofiev.
Cabe destacar especialmente al personaje del Gato, bailado y actuado por la excelente Rita Rossi. Este obeso felino, cuyo traje deslumbrante fue realizado por Carolina Vergara, sedujo a niños y adultos por sus movimientos muy orgánicos y  un especial encanto interpretativo. El diseño integra a cargo de Tatiana Pimentel, quien también diseño las máscaras (confeccionadas por  Gabriela Torrejón, aportaron con  eficiencia al positivo resultado final de esta pieza.
Otro trabajo destacado fue el de Pedrito, interpretado por el bailarín Valentín Keller. Su rol, que a ratos se fundía más con los códigos de la actuación que con la danza, lució siempre en la justa dimensión que le exigía esta saga, aporto credibilidad y esa sustancia innata que tiene ciertos bailarines y que se llama ángel.
Apuntemos que Carolina Bravo es una bailarina planamente vigente, eso se nota en la frescura y limpieza de las danzas que ideó, donde incluso ella misma se incorpora. Es decir, no hay distanciamiento entre sus ideas coreográficas y la necesidad de ella misma de bailar, su cuerpo de bailarina goza con el movimiento, incluso fue narradora. Acá haremos un alcance: cuando hizo este rol su voz la dirigió demasiado hacia atrás, giró en dirección del personaje (se narra, por lo general, para el público no para los intérpretes, ellos ya conocen la pieza) eso produjo que, no sólo no se le oyera bien, sino que se le empastara su texto, todas las demás voces estuvieron correctas, con intención y bien vocalizadas.
El final definido por Bravo, donde los bailarines en masa se dirigen a la platea a buscar niños para jugar con ellos, explica  más que mil palabras la fina inteligencia autoral de esta integrante del BACH, habían muchos niños en el estreno y doy fe que estaban felices, rieron y participaron activamente del devenir de esta composición dancística. En definitiva, esta novísima versión de “Pedrito..” hizo felices a los niños y logró desentumecer al niño que llevamos dentro, algo que necesitamos todos los adultos.

 

Coordenadas

Teatro CEAC, Plaza Baquedano

13 14, 15 de octubre 20:00 hrs