Sólido Cuarto Ciclo del BANCH

Pese a que el cuarto ciclo del BANCH terminó hace una semana, es importante comentarlo porque en él se produjo una mezcla de estilos, temas e intenciones más que interesante, lo que conformó un cierre atractivo y coherente con la línea de búsqueda mostrada por la compañía durante este 2016. Releer dos grandes obras de Shakespeare y Cervantes, como lo son “La Tempestad” y “Don Quijote de la Mancha”, respectivamente, a partir de los códigos corporales y la construcción escénica propia de la danza, desde todos los puntos de vista es una tarea ambiciosa y desafiante. En ese contexto, las muy distintas opciones tomadas por los

coreógrafos Thomas Noone y Mathieu Guilhaumon, director artístico de la compañía, resultaron bien articuladas y hasta complementarias. Ambas piezas tuvieron el plus de estar acompañadas por la Orquesta Soinfónica.
En “Don Q”, Noone – coreógrafo británico de 45 años, que formó su propia compañía en 2001 en Barecelona-  desarrolla la comedia del absurdo presente en el personaje de Don Quijote, escogiendo como locación su biblioteca y acompañándolo por presencias que se transforman en diversos personajes a lo largo del relato. La música es aquella del ballet Don Quijote, lo que representa la tarea de recodificarla a través de la danza contemporánea.
El juego es fundamental en esta pieza, que se funda en la imaginación de este actual Quijote, interpretado por Luis Baeza y vestido como cualquiera. Su Sancho no tiene panza y está a cargo de Lateef Williams, bailarín afroamericano.
Trece personajes, incluido Sancho, rodean al protagonista. Su vestuario es reconocible y cotidiano: ellas con faldas y polera, ellos de pantalones y poleras, parecidos entre sí pero no iguales. Desde esa cotidianidad que los uniforma de cierto modo, pueden transformarse en molinos, pastores, habitúes de la posada donde está Aldonza, etc. Sólo ella se distingue claramente (Marine García), al igual que el hombre que la acosa y golpea al caballero de la triste figura (Nicolás Berrueta). 
La danza es fluida, con muchas tomadas y trabajos grupales. El tono de fondo es la comedia, lo ligero, matices que son trabajados con propiedad y soltura por el elenco del BANCH.
El cierre estuvo a cargo de “La Tempestad”, lectura de Guilhaumon para el texto de Shakespeare, en una intensa y perturbadora creación de cámara que incluyó la presencia de la actriz Millaray Lobos. Ella, de hermosa voz y potente presencia escénica, guía dramatúrgicamente la danza, que hace una lectura muy personal de la obra enfatizando las fuerzas de la naturaleza y las pasiones.
Un cuarteto de bailarines - formado por la elegante Vanessa Turelli, la intensa Cynthia Ocampos y los energéticos Valentín Keller y Fabián Leguizamón-  se entrelaza con el relato de Lobos y también interactúa con ella, que da vida a una especie de narrador fantasma que está y no está en el escenario, que habla con el público y también con ella misma. En la danza hay virtuosismo y fuerza, dificultades técnicas y también interpretativas, como cuando Vanessa y Cynthia realizan los mismos movimientos pero con diferente amplitud, como palabras dichas con diferentes tonos (desde el susurro al grito).
Un excelente fin de programa esta “Tempestad” de Guilhaumon, que hurga en lo teatral desde la danza sin caer en la literalidad.