Wainrot y su Despojado Mesías

Impresionante en su sencillez y representación de diversos estados de la espiritualidad fue el estreno de “El Mesías”, del coreógrafo argentino Mauricio Wainrot, gracias a la performance conjunta del Coro del Municipal de Santiago, el Ballet de Santiago y la Orquesta Filarmónica. Las voces, la música de Händel y la aérea fisicalidad de los bailarines confluyó en una obra que toca la sensibilidad del espectador por su despojo y significado.
La pieza fue creada por Wainrot para el Royal Ballet de Flandes, Bélgica, en 1996, y dos años después estrenó una nueva versión, más larga y más ecléctica, con el Ballet Nacional Chileno (BANCH).

En 1999 la presentó con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. Desde entonces se ha bailado en una decena de países, siempre con buena recepción de la crítica y el público.
Wainrot utiliza 32 de los 53 temas del famoso oratorio de Händelpara construir una obra difícil de abordar escénicamente para los intérpretes, ya que carece de personajes y se instala en una atmósfera absolutamente minimalista, donde la única escenografía son unos bancos blancos. Así, la música y los danzantes, también de blanco, recrean estados de ánimo espirituales al tiempo que entregan signos para todos reconocibles, como el crucificado y el descenso de la cruz.
Un elemento importante es el celeste profundo del fondo, que tanto recuerda alguna obra de Robert Wilson como remite a un cielo límpido.
Se trata de un ballet de estilo neoclásico que roza en lo moderno y hasta en lo contemporáneo, que resultó correctamente asumido por el Ballet de Santiago, pese a cierta rigidez del cuerpo de baile. Wainrot viaja junto con Händel desde la terrenalidad de los cuerpos en el suelo hasta la elevación del espíritu, a través, de solos, dúos, tríos, octetos y varios cuadros con todo el elenco.
Muy bien los bailarines a la hora de mostrar suspensión y elevación, pero algunos movimientos, ondulaciones de torso principalmente, no fueron plenamente desarrollados por el cuerpo de baile. Diferente fue la performance de las primeras figuras (Natalia Berríos, AndrezaRandizek, Romina Contreras, Rodrigo Guzmán y José Manuel Ghiso), quienes demostraron fluidez y ductibilidad en tríos y dúos con diversas exigencias como inclinaciones, movimientos de caderas y hombros.  Contreras,Randisek y Guzmán destacaron por la facilidad para asumir otro registro corporal.
El resultado de la combinación de los tres cuerpos estables del Municipal fue estupenda: la belleza de la música, de las voces y de la danza coparon la escena cautivando a los espectadores y, además, propiciaron el viaje espiritual señalado por Händel.