Luis Ortigoza y el Respeto por la Tradición

Por Charles Benner
fotografías Patricio Melo

Extraordinario estreno y magistral producción exhibió el día de ayer el Ballet de Santiago y su “Raymonda” en versión completa y revisión coreográfica de Luis Ortigoza. Sin duda, una avanzada de gran envergadura y excelente factura es la que nos brinda el ex bailarín estrella en su revisión y recreación para este título, el mismo que viene a reforzar el vasto repertorio de la compañía nacional. “Raymonda” corresponde al último gran ballet creado por el marsellés decimonónico Marius Petipa en una tardía alianza

con Aleksandr Glazunov tras la muerte de Piotr Ilich Tchaikovsky.  El argumento del ballet basado en hechos históricos, otorgan a este título un atractivo especial y más aún, cuando el montaje nos llega por vez primera en la versión completa. Por otra parte, un  soberbio y competente elenco encabezado por Romina Contreras, Emmanuel Vásquez y Rodrigo Guzmán, aseguran el éxito rotundo de esta temporada. En cartelera hasta el 2 de diciembre en el Teatro Municipal de Santiago.
Sin duda Marius Petipa fue el gran arquitecto del ballet ruso y forjador de una tradición sin par. El Teatro Imperial de San Petersburgo fue testigo de la gran imaginativa y creatividad del francés afincado en la Rusia zarista durante un extenso período del romántico siglo XIX. La genialidad de este autor permitió estructuras dramáticas que a la fecha continúan siendo absolutamente vigentes y atractivas tanto para noveles coreógrafos, como consagrados y espectadores en general.
Conocedor del academicismo de las escuelas imperantes en su época y sumado a un profundo conocimiento de las danzas de carácter, dotó a sus ballets de una rica, variada y compleja escritura coreográfica situándolas a nivel de obras de arte mayor. La trilogía integrada por “El lago de los cisnes”, “La bella durmiente” y “Cascanueces”,junto a “La bayadera” y concluyendo en “Raymonda”, hablan de la gran sapiencia creativa y pureza estilista del clasicismo desarrollado por el marsellés. Su arte caracterizado por la exigencia técnica y sentido del buen gusto dejaron tras sí, el acrobatismo italiano y el lujo exacerbado del ballet francés desarrolladas en la era romántica. Reformuló los roles y asignó  las competencias específicas para la dama y el varón. El sello estilístico de Marius Petipa se puede visualizar en toda su literatura coreográfica a través de sus grandiosos Pas de Deux y sus respectivas variaciones y codas.
Aleksandr Glazunov es considerado el último exponente de la escuela nacional rusa de composición fundada por Mijaíl Glinka y además cultor de la llamada música de programa. A la muerte de Piotr Ilich Tchaikovsky, el coreógrafo Marius Petipa invita a Glazunov a colaborar en las creaciones de nuevos ballets. De esta alianza saldrán“Las estaciones”, “Raymonda” y “Astucias de amor”
Oído excepcional y prodigiosa memoria musical fueron tempranamente sus mayores dotes permitiéndole avanzar vertiginosamente en sus estudios musicales. A los 16 años estrenó su primera Sinfonía con singular éxito el 29 de marzo de 1882.  Mitrofan Belyayev,  rico terrateniente y comerciante ruso, mecenas y amante de la música se sintió cautivado por el precoz talento de Glazunov dedicándose de lleno a promover la carrera musical de su protegido. Por otra parte, Aleksandr Glazunov desarrolló una duradera amistad con su maestro Rimsky Korsakov a pesar de la diferencia de edad. Aleksandr Glazunov comenzó a ser conocido a través del Círculo Belyayev, instancia que promocionaba el mecenas en su palaciega mansión de San Petersburgo. En 1884 Belyayev lleva al jovenGlazunov de viaje por Europa Occidental conociendo en aquella ocasión al húngaro Franz Liszt. Aun cuando la crítica le era bastante favorable, Glazunov experimentó un periodo crítico en lo que respecta a la creación musical recuperándose con rapidez. De este nuevo período vendrán tres nuevas sinfonías, 2 cuartetos y el ballet Raymonda.
En esta oportunidad Luis Ortigoza, ex bailarín estrella del Ballet de Santiago, indaga, investiga, propone y recrea con gran acierto una nueva versión de “Raymonda”  basada en el original de Marius Petipa. Respetuoso del estilo y celoso de la tradición, Ortigoza se permite realizar un “lifting” a la obra conservando la esencia. Podemos afirmar que en su apuesta logra absoluta concordancia entre la armonía estructural de la obra y la acción dramática ajustada a tiempo y lugar.
La misma se percibe ágil, dinámica y extremadamente atractiva visualmente. Un acierto son las danzas otorgadas al contingente masculino, como así también el remozado perfil para Abderakhman en términos más bailados que una acción dramática en reposo. El rescate de este título en su versión integral es un aporte valioso al repertorio de la compañía y una obra que permite grandes desafíos para el crecimiento artístico de sus integrantes. La reducción de tres actos a dos nos parece acertada pues agiliza en gran manera la acción dramática. Toda vez que se tocan los grandes clásicos se corren grandes riesgos, no obstante Luis Ortigoza, ha salido airoso tanto en esta revisión como aquellas realizadas anteriormente con “La Bayadera”  y “Paquita”  
Pablo Núñez, escenógrafo y vestuarista con una dilatada trayectoria y grandes logros a su haber, tiene la capacidad de sorprendernos toda vez que sus propuestas suben a escena. Fino, elegante y de gusto refinado en sus apuestas responde a un trabajo investigado y dedicado con extraordinario profesionalismo. La escenografía para esta “Raymonda” es verdaderamente magistral.
La recreación de ese palacio íntimo y algo solitario en una cuidada selección de tonos y colores, logra el efecto deseado. No obstante, nos pareció del todo extraño lo referido a vestuario, que si bien en cuanto a textura, color y forma no tenemos objeción, sí, las hay en cuanto a la elaboración y terminación. Especialmente cuando vestuario de época se trata. El recamado y la pedrería en esta oportunidad, brillaron por su ausencia. Ahora bien, durante el intermedio entre acto y acto averiguamos las razones de tal escasez. Es una lástima que la actual Dirección General del Teatro no  haya privilegiado la excelente labor que por décadas ha desarrollado el taller de vestuario del Teatro  Municipal junto a su efectivo personal. ¡Lamentablemente por muy europea que haya sido la encomienda, la misma no cumplió! 
La compañía toda luce un alto nivel técnico para esta exigente puesta en escena en cuanto líneas, cruces, levantadas y sobretodo rapidez y velocidad de piernas. Romina Contreras (Raymonda), resuelta en toda su gama interpretativa. Vemos en ella una bailarina de amplio registro y hermosa línea. Técnicamente segura ante las complicadas variaciones y brillante en sus resoluciones.
--Emmanuel Vásquez (Jean de Brienne), se perfila como potencial referente masculino del conjunto capitalino. Seguro en su ejecución y brillante en los giros y tour en l’air. El tiempo dará la madurez necesaria para desarrollar y asimilar en propiedad el campo de la interpretación. Rodrigo Guzmán (Abderakhman) un verdadero camaleón en escena cuya cualidad para recrear personajes es verdaderamente asombrosa.
Una vez más nos sorprende gratamente con la construcción del rol, desempeño del mismo y la gran capacidad de dialogo escénico.  Por otra parte, especial mención merece el cuarteto conformado por María Lovero, Mariselba García, Gustavo Echevarría y Alexey Minkin, cuyo lucido desempeño durante todas sus intervenciones sean  estas grupales o en solitario, merece destacar. Por último, una antigua y experimentada gloria da vida al rol del Tutor de Palacio, el maestro Jaime Pinto cumple con el rol a cabalidad.
El diseño de iluminación propuesto por José Luis Fiorruccio es rico en colorido y temperatura creando atmósferas diversas que respaldan  tanto la composición de Luis Ortigoza como la escenografía de Pablo Núñez. La Orquesta Filarmónica de Santiago tuvo un feliz desempeño bajo la conducción del experimentado José Luis Domínguez para una adaptación musical del maestro Pedro- Pablo Prudencio.