"Raymonda": Buena Danza, Incompleta Producción


Fotografías Patricio Melo 

Muchas expectativas había en torno al debut de “Raymonda”, el sábado 25 de noviembre en el Municipal de Santiago: estreno en Chile de una pieza considerada de joyita por los conocedores, revisión coreografía de Luis Ortigoza, asistente de dirección del Ballet de Santiago y ex Primer Bailarín Estrella, y el protagonismo de la joven y prometedora Primera Bailarina Romina Contreras. La danza superó lo esperado y la compañía se lució; sólo el vestuario, a toda vista incompleto, fue el punto bajo de la puesta

en escena. “Raymonda”, obra en tres actos estrenado en 1898 por el Ballet Imperial Ruso, última gran creación de Marius Petipa y primera colaboración con el compositor Alexander Glazunov, narra el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes a través de una historia de amor. Coincidentemente, en la fecha de su creación Rusia desarrollaba una política de expansión a Asia. En la trama - escrita por la condesa Lidiya Pashkova, columnista y socialité de la época- la protagonista está prometida al cruzado Jeanne de Brienne, quien debe partir a la V Cruzada con el rey Andrés II de Hungría, ambos personajes históricos. Entonces aparece en escena el rival del cruzado, el exótico sarraceno Abderakhman, que representa tanto al bárbaro como al misterio de lo prohibido.
En términos dancísticos, si bien poco representada en su totalidad, esta pieza es conocida como un repaso por los estilos del ballet hecho por Petipa, quien se permitió, incluso, citas al romanticismo francés que él reemplazó por un exigente academicismo. Por supuesto, no faltan las danzas de carácter (españolas y húngaras) siempre consideradas por el coreógrafo.
Luis Ortigoza remozó con maestría la creación de Petipa. Sin traicionarla, cortó y sintetizó con inteligencia, logrando un espectáculo ágil cuyo ritmo nunca decae. Además, agregó segmentos coreográficos para destacar el rol de los hombres, como la de los 5 esclavos, estupendamente bailada por Esdras Hernández, Carlos Aravena, Carlos Inostroza y Felipe Arango. Lo mismo con el solo de Abderakhman, donde Rodrigo Guzmán puede lucir gran teatralidad además de destreza y un manejo del cuerpo que roza lo contemporáneo.
Como Raymonda, un rol que está mucho tiempo en escena y cuyas variaciones son de gran dificultad, Romina Contreras comprobó nuevamente su extraordinario talento: segura y limpia en cada movimiento, con pies flexibles que hablan, sus brazos elegantes y una presencia escénica que se impone.
Ella estuvo muy bien acompañada por el virtuosismo y precisión de Emmanuel Vázquez (cruzado), y la intensa teatralidad de Rodrigo Guzmán (sarraceno), impecable en su rol.
Los solistas y el cuerpo de baile estuvieron compenetrados, seguros y con la energía a tope, como debe ser. Destacan las amigas interpretadas por María Lovero y Marisela Silva y los trovadores Gustavo Echevarría y Alexei Minkin.
La buena danza se situó en una atmósfera bien trabajada por la iluminación de José Luis Fiorruccio y la espléndida escenografía, de Pablo Núñez, que recreó el ambiente de un castillo opresor, sin luz de día y con ese boato en tonos dorados que resulta por momentos agobiantes.
El único pero fue el vestuario. Antes del estreno, diversas publicaciones mostraron bocetos de las creaciones de Núñez, con pedrería, bordados, cintas y flores, y ayer se vieron los diseños en bruto, sin ornamentos. También faltaron prendas y algunos de los tutús se vieron con los bordes desprolijos.  Si bien esto no opaca la danza, claramente debilita el producto artístico total y no se explica.

 

 

 

Coordenadas
Municipal de Santiago
27, 28 y 29 de noviembre,2 de diciembre 20:00 horas
Precio desde $3000