De Exitismo, Femicidio y Danza Teatro

Este 11, 12 y 13 de enero se presentó “La Noche que gané el Oscar”, de Vicky Larraín, en el Teatro La Olla (Santo domingo 627). La obra de danza- teatro, que contiene elementos de performance y teatro brechtiano, narra la cruda realidad de la búsqueda del éxito y la competencia que existe en el arte, como también incluye el tema de la violencia hacia la mujer y el femicidio, abordados ya anteriormente en otras propuestas por la directora. El elenco está conformado por Laura Clavijo, Pelusa Trincado, Francisca de Petris, Paulina Paullets, Daniela Cartagena, Romina Rojas y el bailarín invitado Kevin Magne. La pieza se inicia en el patio central

del Teatro la Olla, donde las intérpretes aparecen con mallas color piel, algunas  con zapatos negros de tacones, otras con medias o descalzas, todas con sombrero negro y la mirada dispuesta a instalarse en algún lugar de este territorio para quedarse por largos minutos inmóviles, mientras Vicky saluda personalmente a cada uno de los concurrentes. Luego entra a escena Kevin Magne, en un cante, baile y zapateo flamenco con vestuario dorado, cuyo texto habla sobre la muerte pasional. Es ahí que se empieza a insertar la violencia contra la mujer porque, mientras el varón realiza sus destrezas, las intérpretes siguen inmóviles y con la mirada inexpresiva, como muertas en vida.
Vicky Larraín termina esta performance con un texto que denota el deseo del artista por alcanzar la estatuilla del Oscar, dando pie para el ingreso del público al escenario, donde están las bailarinas vistiéndose y desvistiéndose confusamente con extrema lentitud. Dentro del lenguaje escénico podemos ver premisas de movimiento como el poder, la competencia, el ideal de belleza, la rivalidad entre estas féminas por alcanzar el anhelado premio y ser la más bella. Esto porque las intérpretes realizan un desfile donde se visualizan los cánones de belleza femenina instalados en la sociedad, y la mirada hacia Hollywood como ícono del deseo que nos la da la música ochentera de películas estadounidenses.
Las intérpretes se aplastan, se tironean, se destrozan los vestidos, realizando una aguda crítica a la belleza plástica impuesta por Estados Unidos hacia Latinoamérica y/o al sueño latino de triunfar en USA. Dejan entrever también el deseo del artista que se inspira en el triunfo de los chilenos que ganaron el Oscar en 2016, y hoy en día es el anhelado ícono sinónimo de máximo éxito.
La historia retoma la violencia contra la mujer cuando las mujeres se muestran en tarimas moviendo sus cuerpos para hacer rebotar sus pechos, nalgas, realizar extravagantes movimientos de caderas y pasearse con dedos masturbatorios; de lo que se desprende un texto que muestra el trato grosero de los hombres hacia las mujeres, que ven el cuerpo como un objeto sexual. Se hace hincapié en el Matadero cuando los hombres, con el afán de piropear a una mujer la transgreden verbalmente, en un paralelo con el trato hacia el ganado.
Se desarrolla muchísimo más este tema con el personaje de la novia, interpretada por Romina Rojas, cuyo vestido blanco incluye una simbología recargada con campanitas y crucifijos. Estas cruces no tan sólo representan la religión sino también todo el sacrificio que le conlleva ese matrimonio. A medida que avanza la escena y se suman las demás mujeres se expresa el machismo por parte del hombre, su maltrato, engaño, golpes y amenazas. La pieza transita por variadas emociones, las intérpretes están alertas, ya que a través de su cuerpo y su rostro totalmente expresionista sumergen al espectador en esta historia de fantasías, sueños y deseos.  El cuerpo de los bailarines tiene peso y sonido, jadea, respira, cae, se escucha el caminar, revelando un cuerpo presente y real.
La directora constantemente está irrumpiendo en las escenas, sacando inclusive de su estado a las intérpretes y ocasionando otros diálogos tanto corporales como de texto; con esto intensifica el uso de la ilusión y de que estamos viendo una obra para que así el espectador tome distancia y logre una mirada crítica de la performance. También se rompe con la cuarta pared repetidas veces y los bailarines se acercan al público, salen de escena hacia otras habitaciones del teatro y a veces sólo escuchamos sus gritos, susurros o canciones.
La escenografía consta de tarimas y columnas que permiten un imaginario por el Olimpo, Hollywood, el centro de Santiago, el Matadero o un burdel. El vestuario es sobrecargado de detalles, símbolos y colores dorados, plateados, rojos con mucho brillo.
Vicky Larraín astutamente remueve la conciencia sobre variadas aristas presentes en la sociedad en la que estamos insertos, en la que no hay respeto ni compañerismo, donde nos forman como personas exitistas con estereotipos marcados por el consumismo, la religión, etc. Una sociedad en la cual aún el machismo existe y las cifras de femicidio crecen.