Stgo a Mil: La Danza de Primera de Sidney Dance Company

Dos piezas presentó, al cierre de la edición vigésimo quinta de Santiago a Mil, la compañía australiana de danza Sydney Dance Company. La agrupación dirigida por el español Rafael Bonachela, que ya estuvo en Chile en 2016, cumplió con las expectativas y mostró un programa sólido, que combina técnica y dramatismo, a lo que sumó la enorme calidad de sus intérpretes. El trabajo de Bonachela es una danza muy actual, con mucha técnica en la base, que juega con la velocidad de los cuerpos siempre alertas, en combinaciones donde caben tanto los pies punteados como el flex, los brazos proyectados, los gestos pequeños tanto como grandes. 

No faltan tomadas, pasadas por el suelo, carreras ni saltos. Los movimientos, además, son leídos por los 16 bailarines desde su propio interior y corporalidad, lo que permite interesantes matices.
La primera pieza fue “Frame of mine” (2015), donde Bonachela se sumerge en diversos estados de ánimo y donde contó (lo ha dicho en entrevistas) con la absoluta entrega creativa de los bailarines, quienes investigaron en diversos estados de ánimo. En un escenario minimalista, sólo con cortinas rojas, los intérpretes vestidos de negro en diversos diseños dan cuenta de sensaciones y relaciones entre ellos, tanto de atracción como de rechazo.
A ritmo de la música creada por Bryce David e interpretada por The Kronos Quartet, sugerente, pasional y también nerviosa, se despliegan tanto coreografías grupales (a coro o en canon) como dúos, tríos y solos. Los bailarines entran y salen de escenario, se relacionan en grupos, vuelven a desaparecer. Pese a que hay momentos de gran lirismo, en especial en un par de dúos realmente bellos, la tónica general es de búsqueda existencial, de inquietud del ser. El solo final, eso sí, parece hablar de la redención gracias a intérprete que una y otra vez lleva la mirada, y su cuerpo, hacia arriba.
La segunda pieza fue “Lux Tenebris”, que crea a partir de la luz y la oscuridad y tiene la iluminación como otro bailarín. En la música está la composición electrónica de Nick Wales, a partir de conceptos entregados por Bonachela y que sitúan la belleza tanto en lo iluminado como en lo oscuro. Ataviados ahora en tonos de gris, con diversos diseños, los bailarines ocuparon la luz y la sombra como parte del diseño coreográfico. Por momentos a oscuras o en penumbras, y de pronto totalmente iluminado, el escenario permite descubrir una danza rápida y constante, que no se frena y que recuerda una agitada mañana ciudadana. Nuevamente la técnica es la base para variaciones de todo tipo.
Hay que decir que las creaciones de Rafael Bonachela no serían las mismas sin sus bailarines. Ellas y ellos, de diferentes tamaños y contexturas, están ciento por ciento en cada movimiento. Son técnicos y precisos, pero a la vez sintientes y expresivos, pasando cada movimiento por su propia individualidad, lo que genera un abanico de colores en las piezas.
Un gran aporte, sin duda, esta visita de Syndney Dance Company.