"Giselle": La Danza Contemporánea Renueva un Clásico

“Giselle” es el ballet romántico por excelencia, una tragedia condimentada con amor, traición y muerte. Por algo se le llama el Hamlet de la danza, ya que se mueve en el terreno de lo sobrenatural y el delirio. El Ballet Nacional Chileno, BANCH, acaba de estrenar una versión contemporánea, sin zapatillas de punta, pero con toda la fuerza emotiva del original y respetando la historia que lo sustenta.
En un trabajo conjunto de Mathieu Guilhaumon - director artístico de la compañía universitaria- y la destacada actriz Millaray Lobos (“Locutorio”), a cargo de la dramaturgia, esta Giselle trae a escena

un punto de vista agudo y actual de la romántica pieza, que se concreta en la danza contemporánea. La estructura del ballet, siempre fija, con gran importancia en los pasos, pantomima y que considera momentos para los aplausos que interrumpen la historia, después de cada intervención, es traducida en situaciones dramáticas que despejan aún más la historia y una danza que evoluciona sin parar, llevando su eje a la tierra.
La música original, de Adolphe Adam, fue recortada en virtud de lo dramático, pero no pierde su fuerza. Además, el director de orquesta Francois López-Ferrer realizó un arreglo acertado, destacando la seguidilla de golpes del bombo con el resto de la orquesta en silencio.
La historia de Giselle está intacta. Ella es una joven que ama bailar, pero su madre reprime su vocación porque teme por su salud, y también porque sabe que la mujer que muere doncella se transforma en una willi o espíritu del bosque. El noble Albrecht llega al pueblo de Giselle y la enamora escondiendo su identidad, que es descubierta por Hilarión, guardabosques que pretende algo más con ella. Giselle rechaza a Hilarion, quien revela el engaño en una fiesta del lugar, delante de Bathilde, prometida de Albrecht, y de las amigas de Giselle. La joven, destrozada, pierde la razón y danza hasta que muere. 
Con inteligencia, Guilhaumon y Lobos actualizan esta sencilla trama. Al comienzo, Giselle e Hilarión escriben sus nombres en una pizarra, ubicada en la pared del fondo, imaginativo diseño escenográfico de Andrés Poirot. Ésta tiene una especie de ventana grande y en forma de óvalo oblicuo, que divide la escena en dos espacios. Los nombres en la pared hablan de romance, de enamoramiento. De igual manera que cuando se tallan en un árbol, se pintan en un graffiti o se tatúan sobre la piel.
En este primer acto destaca la continua danza del elenco, que fluye sólo con pausas teatrales, con largos dúos y logrados trabajos grupales. Los protagonistas están muy bien elegidos: Vanessa Turelli (Giselle), excelente intérprete del desvarío de su personaje además de buena bailarina; Fabián Leguizamón (Albrecht), virtuoso y sólido partner; Nicolás Berrueta (Hilarión) lleva a su cuerpo la rabia del desamor. Y el cuerpo de baile que respira al unísono, dando vida al marco de la acción: los amigos, el pueblo, la sociedad, que miran y posibilitan la locura de Giselle.
El lenguaje con que Guilhaumon reescribe la conocida trama es limpio y virtuoso, con una fuerte base académica que genera saltos, elevaciones de piernas y pies punteados. Pero también cede a la atracción de la tierra, con caderas activas, rodillas flectadas y cuerpos hacia el piso. Una combinación que funciona a la perfección con los integrantes del BANCH. Estas evoluciones dancísticas son bien acompañada por el vestuario de Carolina Valenzuela, sencillo, en tonos que se complemental y texturas que se mueven.
El primer acto culmina con la impresionante caída del panel escenográfico sobre la protagonista. Luego, el segundo lleva al espectador al reino de la Willis, almas nocturnas representadas por toda la compañía. De fondo un telón pintado, guiño a los montajes de ballet clásico que no desentona, sino que sumerge al espectador en la espesura de bosque. Con el uso de un gran tul blanco y la totalidad de la compañía vestida del mismo color, encarnando a las willis, Guilhaumon relee el acto blanco y la venganza de Giselle propiciada por Myrtha, reina de las Willis. Ésta es interpretada por Marine García precisa y virtuosa como la reina de los seres de la noche, capaz de llenar el escenario con una caminata y reemplazar los grandes saltos por sencillos movimientos de torso o caderas.
La venganza de la enamorada muerta se recrea hermosamente con ayuda de un enorme tul, que la cubre a ella y a la compañía. Hermoso es el momento cuando Albrecht “siente” al espíritu de Giselle y ésta se comunica con él detrás del tul.
Finalmente, esta “Giselle” del BANCH (apellidada Revisita y Contrapunto) toma el espíritu de la obra, lo despoja de los elementos románticos y lo entrega limpio y claro al público actual, en un trabajo de reelaboración respetuosa pero no por eso menos contemporáneo.

 

 

fotos Patricio Melo
 

Coordenadas
Teatro Baquedano
3, 4 y 5 de mayo, a las 20:00 horas
Entradas desde $3000