"Don Quijote" en Concepción y Chillán

Brillante velada artística en dos tandas ofreció el Ballet de Santiago con el ballet "Don Quijote", del laureado creador nacional Jaime Pinto. El viernes 15 de junio dos funciones revivieron las peripecias del Caballero de la triste figura en el Teatro Regional del Biobío. La primera jornada (17.00 hrs) a sala repleta,con la participación del bailarín estrella Rodrigo Guzmán, y la primera bailarina Romina Contreras. La segunda velada (20.00 hrs) junto a las nuevas primeras figuras Katherine Rodríguez y Emmanuel Vásquez, quienes deleitaron a los asistentes al teatro, que igualmente repletaron las aposentadurías del nuevo espacio

cultural. Sumado a ello, la visita del Ballet de Santiago contempló la realización de clases abiertas para estudiantes seleccionados de danza académico-clásica de la zona a cargo del maestro y coreógrafo Jaime Pinto. Las funciones  realizadas en Concepción y Chillán, corresponden al Programa de Extensión y Difusión del Ballet de Santiago, apoyado por el Ministerio de Las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Hacemos votos para que el Ballet de Santiago y sus artistas, regresen prontamente con un nuevo título y así la danza de calidad, sea puesta sobre el palco escénico del teatro penquista.
Antecedentes generales
(Reproducimos en los párrafos siguientes, lo analizado en el estreno realizado en Santiago, marzo de 2018, más el análisis correspondiente a las funciones en Concepción) 149 años han transcurrido desde que la premiere  mundial de este ballet viera la luz el 26 de Diciembre de 1869 en el Teatro Bolshoi de Moscú a solicitud de los Teatros Imperiales. La música, autoría del austríaco Ludwig Minkus y coreografía original del marsellés Marius Petipa (ambos, avecindados por aquella época en la Rusia zarista del siglo XIX), nos cuenta en parte, sobre las aventuras, amores y entuertos de Kitri, la hija de un tabernero y Basilio un joven barbero del pueblo; en tanto que Don Quijote, el iluso caballero de la triste figura y su fiel sirviente Sancho Panza, se visualizan a través de una serie de peripecias que giran en torno a la joven pareja de enamorados. El propio MariusPetipa revisaría este ballet en contadas ocasiones; posteriormente, el año 1900 el ruso Alexander Gorsky, revisó la creación de Marius Petipa basándose en el capítulo XIX del segundo libro de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes y Saavedra.
Desde su creación este título coreográfico se convirtió en un suceso de proporciones  y a la fecha, muchos son los compositores de baile alrededor del mundo que han tratado este ballet desde su propia óptica. Lo atractivo y oreja de sus páginas musicales y la escasa pero pícara temática argumental, seduce al más versado creador. En esta ocasión, Jaime Pinto, laureado artista nacional y autor de exitosas creaciones, imprime su sello personal a la obra convirtiéndola en un mundo mágico pleno fantasías, ingenio y locuras.
Ludwig Minkus, violinista nacido en Viena es conocido principalmente por sus composiciones para ballet  y no por la música de programa o música sinfónica. Su entrada a escena en calidad de compositor tuvo lugar en París en 1846 con tan solo 19 años y con motivo del estreno de su ballet “Paquita”.  Durante siete años a partir de 1853, se desempeñará como director de orquesta en San Petersburgo bajo contrato del príncipe ruso Yusupov. Entre los años 1861 a 1885 ocupará diversos cargos en el Teatro Bolshoi, Su gran debut en Rusia como compositor vendría en 1869, año en que estrena su ballet “Don Quijote”. 
La coreografía
La dramaturgia concebida por Jaime Pinto para este título es una de las más felices y logradas que podemos encontrar en la actualidad. Lamentamos que en esta gira no se incluyera el prólogo de esta creación, pues se pierde un aspecto importantísimo de la concepción narrativa del ballet concebida por el creado. La pieza coreográfica, dotada de una escritura chispeante llena de magia y virtuosismo unido a pasajes humorísticos de gran agilidad en su desarrollo, nos habla de un creador experimentado, sólido y gran contenido en su narrativa. Desde la óptica visual es atractiva y rica en efectos. Las danzas características desarrolladas con alta precisión y exigencia técnica, llenan el palco escénico donde el cuerpo de baile derrocha elegancia y precisión.
El segundo acto, cuyo giro hacia al lirismo se hace evidente en la escena tercera, donde el coreógrafo agrega la danza de don Quijote y Dulcinea en su juventud. Si bien este pasaje no lo encontramos en el original de Marius Petipa, constituye un acertado aporte al relato danzado. Ahora bien, si lo relativo al desarrollo mismo de la obra y sus personajes está lejano a la trama original del texto cervantino, podemos apreciar un buen relato conforme al pretexto argumental que precisa la obra bailada, ya que términos generales, la concepción de este ballet está más cercano al Grand Divertissement que a la dramaturgia misma contenida en las páginas de Cervantes y Saavedra.
Escenografía y vestuario
La escenografía y vestuario propuesto por el artista Germán Droghetti invita a soñar, a maravillarse y deleitarse del colorido vestuario, texturas y cromatismo bien temperado. Adentra al espectador en las plazas y campamentos gitanos de épocas pretéritas, creando una atmosfera de gran realismo y muy mágico a la vez.
El diseño de iluminación firmado por Ricardo Castro crea efectos y atmósferas particularmente cálidas en las escenas de conjunto. Resaltan los momentos de gran algarabía en las danzas gitanas, íntimas como la danza de don Quijote y Dulcinea del acto segundo, y brillante como el Gran Pas de Deux y finales de la obra.
Intérpretes(Funciones en Concepción)
La importancia de los roles de carácter en su concepción y desarrollo para el contexto de la obra, y especialmente a la hora de interpretarlos,deben estar muy bien perfilados desde la psicología del personaje y en extremo trabajados en la emoción y corporalidad para que la lectura sea comprensible. Quizás, los bailarines estimen poco atractivos estos roles por considerárseles equivocadamente “menores”, sin embargo, los mismos constituyen un poderoso eslabón entre la danza y la narración del texto dramatúrgico llevado al movimiento. Débil resulta en esta oportunidad la pasada de Don Quijote – en contraste a lo observado en Santiago durante su estreno -, la ausencia de un caminar y paso cansino propio de la edad que requiere el personaje resta peso escénico al contenido. Por otra parte, un Sancho en tono semejante a la gacela no logra credibilidad como el fiel escudero. Lo mismo sucede con el tabernero. ¡Importante, no caer en los estereotipos! Celebramos y aplaudimos la pasada de Francisca Moya, experimentada profesional, quien en un rol muy “pequeño” asignado en la historia, logra un protagonismo evidente haciendo notoria su presencia justificando la escena. De ahí, deducimos que un rol, por muy mínimo que este sea, si está madurado y bien entendido desde lo emotivo a lo corpóreo, puede convertirse en un gran aporte al desarrollo de la temática.
Rodrigo Guzmán (Basilio), figura estrella de la compañía, evidencia experiencia y madurez de altura mayor. Danza y teatralidad en una fusión armónica muy bien lograda, confirman la gran calidad interpretativa de este artista, cuya capacidad para ponerse en la piel de lo más diversos personajes, lo consagran como un gran actor – bailarín. Nos regaló una interpretación acabada, inyectando al personaje, fuerza, carácter y temperamento.
El mismo rol en la segunda función estuvo a cargo del recientemente nombrado primer bailarín Emmanuel Vásquez, quien se revela como un artista extraordinariamente prometedor, cuya fortaleza, por ahora, radica en los aspectos técnicos de la danza con características de virtuoso. Compone un pícaro y donjuanesco Basilio dotado de matices y ritmo interesante.  Brillante es su pasada durante el Grand Pas de Deux del acto II. Romina Contreras (Kitri), joven primera bailarina de excepcional talento y grandes aptitudes sumadas a una gran capacidad actoral, sorprende la versatilidad que posee la juvenil artista a tan corta edad. Su meteórica carrera hasta ahora desarrollada, la encaminan velozmente hacia el estrellato. Katherine Rodríguez, en el mismo rol durante la segunda función, nos muestra una exquisita y fina danzarina de líneas bellísimas y solidez en su danzar.Junto a Emmanuel Vásquez componen una atractiva pareja de baile. Interesante es su composición para el personaje de Kitri, rol que requiere de variada tonalidad para transitar entre lo lírico y  el demi-caractère.
Alexey Minkin (Torero Principal), correcto y compacto para una danza exigente llevando a buen término las resoluciones demandadas. En el mismo rol durante la segunda función, Gustavo Echevarría luce brillante y excelente línea de danza haciendo gala de sus dotes técnicas. Miroslav Pejic (Camacho), experimentado bailarín realiza una lograda  y divertida composición para el remilgado personaje del pretendiente de la joven hija del posadero. 
Esdras Hernández(Gitano Principal), destaca por el brillo de sus giros y lo soberbio de sus saltos,sumado a una interpretación muy bien caracterizada del gitano. María Dolores Salazar(Mercedes), magnifica es su composición para este rol. Pasión, carácter y complicidad imprime al personaje además de una danza muy bien ejecutada en términos técnicos. Lucida y precisa es su intervención en los trabajos de pareja.
Monserrat López (Dulcinea) y Cristopher Montenegro (Don Quijote de joven), ambos bailarines a través de un hermoso Pas de Deux, ponen la nota romántica en esta obra. Nos trasladan al plano irreal de ensueños y gran belleza. Monserrat López, correcta en su desempeño para un rol de alta exigencia técnica. Su danzar es limpio y ajustado, sin embargo se extraña una fluidez asociada a motricidad fina, aspecto que con un trabajo cuidadoso y bien guiado, permitirán a la artista una solución exitosa. Por otra parte, Cristopher Montenegro, varón de hermosa presencia y bello parecer, además evidencia una técnica muy bien trabajada.Excelentey fino partenaire, destaca por la elegancia de las tomadas y conclusiones de las mismas en el trabajo de Pas de Deux. Esperamos que al interior del conjunto no solo se le vea como un buen partenaire, sino también como una potencial figura masculina a desarrollar y promocionar.  
Camila Aranda, delicada, correcta y ajustada musicalmente en su intervención para la Primera Variación de este cuadro, junto a una ágil y soberbia Lara Costa, para la variación de Cupido. El cuerpo de baile luce en términos generales bastante compacto, salvo algunas descoordinaciones en el contingente masculino, y salidas de línea no aceptables en las féminas. Cabe recordar que el Ballet de Santiago goza de reconocimiento internacionaly ello no puede perderse de vista. ¡Maestros de baile… tienen tarea!
No podemos concluir este análisis, sin mencionar a una exquisita danzarina por ahora “pequeña”, pero sin duda, pronto habrá que dedicarle unas líneas de contenido mayor. Luz propia y exquisito danzar exhibe  Laleska Seidel.

fotos Teatro Regional del Bio Bio