"Alicia..." de Sara Nieto: Renovada y Exigente

“Alicia en el país de las Maravillas”, de Lewis Carroll, se ha convertido en un clásico a la hora de representar el tránsito de la niñez a la adolescencia. Por eso ha llegado al teatro y a la danza, en múltiples versiones y estilos de representación. En Chile no estamos atrás. En 2014 tuvimos la versión del Ballet Nacional Chileno (BANCH), en clave contemporánea y existencialista, y ahora el Ballet del Teatro Nescafé de las Artes, dirigido por Sara Nieto, ofreció el estreno de una Alicia familiar, en puntas y con numerosos cambios en la historia. La ex Primera Bailarina Estrella del Ballet de Santiago se arriesgó en una propuesta

que se aleja de los estereotipos de Disney y del imaginario popular de los cuentos de hadas, para recrear a un Alicia morena, adolescente, vestida de malva y viviendo los primeros escarceos románticos. Que, hay que decirlo, funciona muy bien con el público infantil, que no repara en el cambio y se sumerge con ganas en la mágica aventura propuesta por Nieto, que se ambienta con una enorme -e impresionante- pantalla Led.
Lo primero que llama la atención es, en la primera escena, la incorporación de las hermanas de Alicia (Isabel Barras), su madre y su padre, guiño realizado por Nieto a la biografía de la Alicia real, la niña que inspiró el cuento. Entonces aparece Harry (Lucas Siqueira) el chico que le gusta y con quien baila un juguetón pas de deux. Por un malentendido con la madre, interpretada por un bailarín (Ederson Teaiva), Harry es expulsado del hogar.
Es así como Alicia empieza su mágico recorrido de búsqueda. En todo su camino, las imágenes proyectadas en la pantalla Led, llenas de color y responsabilidad de Germán Droghetti, crean mágicas locaciones que capturan la mirada del espectador. Miles de puertas, grandes y chicas - cuando la jovencita crece y se empequeñece-, la enorme sonrisa del gato de Cheshire, las tortas del té con el sombrerero, las cartas que sirven a la reina, en fin. Las imágenes seducen a grandes y chicos y están en el borde de ser tan protagonistas como la danza. Afortunadamente, se dosificaron con inteligencia y consiguen el vuelo de fantasía que necesita este relato.
Otra variación en los personajes es la fumadora Oruga Azul del cuento, que Sara Nieto reemplazó por un turco (enfundado en una malla azul) y dos odaliscas. La pipa aparece, pero nadie la fuma en escena. Hay encantadores animales que seducen a los más chicos: zorros, flamencos, una pareja de ranas, un puerco espín, una tortuga, todos con coloridos trajes. El creativo vestuario es responsabilidad de Droghetti, que consigue poner magia en el escenario sin recurrir a diseños ya vistos.
En el segundo acto, situado en el castillo de la Reina, este personaje se roba la atención. Ella no es otra que la madre de Alicia, enfundada en gasa roja y aires de estrella del music hall. Ederson Teaiva se luce con una teatralidad que llega hasta la última fila, además de bailar en puntas de pies (algo muy difícil para los varones). Él consigue retratar la volubilidad de la reina, con inolvidable gestualidad.
Duranre este camino la música es fundamental, sobre todo cuando Sara Nieto recogió trozos de piezas de Tchaikovsky, ninguna de ellas pensada para ballet. El resultado es una partitura precisa y musical, que entrega atmósfera y permite el fluir de la danza. Un tremendo trabajo que seguramente el púbico general pasará por alto.
Para el final reservé el comentario sobre la danza de “Alicia…”, solo por la importancia que reviste la creación de una coreografía desde cero (cuando se acude a música conocida y ya utilizada en danza, es mucho más fácil variar). Sara Nieto despliega el lenguaje del ballet clásico con todas sus dificultades. Solos, pas de deux y trabajos grupales demuestran su manejo con los tiempos y las pausas para que la historia contada se apoye en la danza, reduciendo solo a lo necesario la pantomima.
Los pas de deux de Alicia y Harry presentan gran complejidad técnica, desde el primero -más liviano y juguetón-, hasta el del final, que podría ser la maduración de la relación graficada en la danza. Cabe destacar las dificultades que pone la coreógrafa; manos a la espalda del bailarín en el pas de deux en casa de la Reina, lo que exige un trabajo extra de equilibrio para ambos; el bailarín en el suelo y ella arriba en el del final.  Tanto Isabel Barras (cada vez más segura y bella en sus líneas) y Lucas Siqueira (gran intérprete y partenaire) sortean con facilidad los desafíos coreográficos, sin olvidad jamás la sonrisa de enamorados entre ellos.
También destaca el diseño corográfico y gestual para el personaje del Conejo (una genial Alejandra Ubilla), nervioso y apurado siempre. Para el Sombrero (el impresionante y virtuoso Jean Paul Bauer) un solo de grandes saltos y despliegue físico que se roza con la gimnasia artística, y que solo puede realizar un cuerpo dotado.
Hay que decir, además, que la compañía ha dado un salto en limpieza técnica y ejecución. Por ahí se ve uno que otro detalle en el cuerpo de baile, pero nada que no pueda mejorarse. De todas formas, la coreógrafa acierta en la distribución de responsabilidades dancísticas.
“Alicia en el País de las Maravillas” es una entrega preciosa del Ballet del Teatro Nescafé de las Artes y Sara Nieto. Se trata de un estreno de gran nivel, con 30 bailarines en escena y acucioso trabajo coreográfico, que abre las puertas del ballet a un público amplio, creando audiencias para la danza. Es destacable que esta compañía, con gran esfuerzo, mejore en cada estreno y le dé espacio a los bailarines y bailarinas chilenos de mostrar su arte.