Gala de Ballet de Providencia: Un lujo para conocedores y nuevas audiencias

Variada, con estrenos e intérpretes de diversos registros y colores, la segunda versión de la Gala Internacional de Providencia, organizada por la Fundación Cultural de esa comuna, con la dirección de Jorge González Granic, fue un lujo para los amantes de la danza clásica, y una amplia puerta de entrada para aquellos que se están acercando a ella. Y, desde el punto de vista de la formación de audiencias, qué mejor que un recorrido desde los infumables “El Lago de los Cisnes” y “Cascanueces”, pasando por los dramáticos -y neoclásicos- “Mozart a 2” de Thierry Mandalain, “La Leyenda de José” de John Neumeier, y “El Cisne”, de Ricardo

Cue, hasta llegar al muy actual “Lollapalooza”, del joven Joshua Beamish.
Los invitados desplegaron talento y virtuosismo en un escenario que a varios les quedó pequeño, además de sobreponerse a un equipo de sonido que no estaba a la altura o que no fue bien ecualizado para la ocasión. Pero, finalmente, a la hora de hablar de la danza esos solo son detalles.
Las parejas protagonistas llegaron desde el Ballet Nacional de Cuba (Grettel Morejón y Dani Hernández), el Ballet del Teatro Mikhailovsky (Sabina Iapparova y Julian Mackay), el Ballet Nacional de Canadá (Jillian Vanstone y Harrison James), el Ballet de la Ópera Estatal de Viena (Ketevan Papava y Denys Cherevychko), y el Ballet de Santiago (Romina Contreras y Emmanuel Vázquez). Hubo también parejas mixtas: del Ballet de Santiago (Natalia Berrios) y el Royal Ballet de Birmingham (César Morales), Svetlana Bednenko (Ballet Teatro Mikhallovsky) y Andrey Ermakov (Ballet del Teatro Marinsky).
Romina Contreras y Emmanuel Vázquez, del Ballet de Santiago, se lucieron con el adagio de “El Lago de los Cisnes”. Ella, ligera e intensa a la vez, él seguro como partenaire. Otra pareja chilena, formada por César Morales, primera figura en Birmingham, mostraron “El Espectro de la Rosa” (que en Chile bailó Sara Nieto en 1981) y la escena del dormitorio de “Manon”. El primero, creado por Fokine para Tamara Karsavina y Vaslav Nijinski, es una pieza corta de carácter aparentemente ligero, pero que revela una gran sensualidad. Sepúlveda mostró un espectro delicado y festivo, pero con pocos matices carnales y, lamentablemente, el escenario se le hizo pequeño para sus grandes saltos. Muy bien Natalia en la interpretación, lo mismo que en la escena de “Manon”. Con la complejidad técnica superada por ambos, ella pudo conectarse con la sensualidad (lo que es difícil para los clásicos) y él con el entusiasmo del enamorado.
Momentos importantes fueron los entregados por Ketevan Papava y Denis Cherevychko, del Ballet de la Ópera Estatal de Viena. En el primer acto presentaron “Mozart a 2”, de Thierry Mandalain. Un dúo delicado y que podríamos llamar neoclásico, un desafío para los intérpretes ya que el lucimiento no va por el lado de los grandes pasos o saltos, sino en la contención. Luego mostraron el pas de deux de “La Leyenda de José”, de Neumeier, desafiante trabajo interpretativo, de base clásica, pero con los pies descalzos. En ambos trabajos, ella descolló con intensidad y precisión.
Un regalo también fue el ligero “Lollapalooza”, del joven coreógrafo Joshua Beamish e interpretado por los magníficos Jillian Vanstone y Harrison James, de Canadá. Una pieza actual y en puntas, con movimientos de caderas y exacta precisión. La misma pareja interpretó el pas de deux de “La Bella Durmiente”, espectacular estreno en Chile de la versión de Rudolf Nureyev, con grandes desafíos técnicos y elegantemente danzada.
También destacó la presencia de Andrey Ermakov, del Marisky, uno de los bailarines del momento. Impecable y virtuoso en “El Corsario” y en “Raymonda”, deslumbró con sus atléticos grandes saltos. Otro que destacó fue el jovencísimo Julian Mackay (20 años) norteamericano estrella del Mikhailovsky, quien conquistó con su destreza y gran energía. Solo le falta contención y teatralidad.
Finalmente, el punto más alto fue “El Cisne”, interpretado por el español Diego Bernal, con coreografía de su coterráneo Ricardo Cue. La conocida música de Camille Saint-Saëns sirve a la dupla para captar con maravillosa delicadeza la muerte de un cisne macho. Bernal, comprometido profundamente con la interpretación y transfigurado en una bella ave, es capaz de transmitir el dolor del macho agónico. Una delicia.
Definitivamente, la Gala gestionada por Jorge González Granic es un punto alto en la danza en Chile 2018, que debe continuar abriendo los ojos del público chileno.

fotografías de Patricio Melo