"Raymonda": Delicioso Reestreno

El Ballet de Santiago abrió su temporada 2019 con uno de los títulos más sonados de su programación reciente. Me refiero a la versión de “Raymonda” de Luis Ortigoza, ex Primer Bailarín estrella de la compañía, por la que fue premiado como Mejor Coreógrafo de 2017 por el Círculo de Críticos de Arte. Este reestreno comprobó tanto los méritos de la visión de Ortigoza como la calidad del cuerpo de baile y solistas, sobresaliendo las protagonistas de los dos repartos: Romina Contreras y Katherine Rodríguez, ambas con gran técnica y virtuosismo, pero con matices diferentes a la hora de crear a sus personajes.

“Raymonda”, obra en tres actos estrenada en 1898 por el Ballet Imperial Ruso, última gran creación de Marius Petipa y primera colaboración con el compositor Alexander Glazunov, narra el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes a través de una historia de amor. Coincidentemente, en la fecha de su creación Rusia desarrollaba una política de expansión a Asia. En la trama - escrita por la condesa Lidiya Pashkova, columnista y socialité de la época- la protagonista está prometida al cruzado Jeanne de Brienne, quien debe partir a la V Cruzada con el rey Andrés II de Hungría, ambos personajes históricos. Entonces aparece en escena el rival del cruzado, el exótico sarraceno Abderakhman, que representa tanto al bárbaro como al misterio de lo prohibido.
En términos dancísticos, si bien poco representada en su totalidad, esta pieza es conocida como un repaso por los estilos del ballet hecho por Petipa, quien se permitió, incluso, citas al romanticismo francés que él reemplazó por un exigente academicismo. Por supuesto, no faltan las danzas de carácter (españolas y húngaras) siempre consideradas por el coreógrafo.
Luis Ortigoza remozó con maestría la creación de Petipa. Sin traicionarla, cortó y sintetizó con inteligencia, logrando un espectáculo ágil cuyo ritmo nunca decae. Además, agregó segmentos coreográficos para destacar el rol de los hombres, como la de los 5 esclavos, estupendamente bailada por Esdras Hernández, Carlos Aracena, Carlos Inostroza y Felipe Arango. Lo mismo con el solo de Abderakhman.
Luego de ver dos veces al primer reparto, en esta oportunidad disfruté del segundo, con Katherine Rodríguez como la enamorada Raymonda, rol que está mucho tiempo en escena y cuyas variaciones son de gran dificultad. Katherine demostró sus grandes condiciones (bellos, saltos, limpieza, piernas altísimas) y, lo más interesante, una lectura del personaje diferente a la de su compañera, pero igual de atractiva. Su Raymonda es juguetona, chispeante, con una inocencia concreta.
Ella es capaz de transmitir ese halo lúdico en sus grandes saltos (grand jetes bellísimos) y en la forma en que mueve brazos, pies y cabeza. Cuando lanza el pañuelo que le regala Jean de Brienne transmite el gozo del enamoramiento juvenil.
Jeanne de la Brienne estuvo a cargo de Lucas Alarcón, quien en la primera función demostró gran carisma, dándole una impronta muy viril a su rol, pero se vio pesado y poco seguro en algunos momentos de sus variaciones, como en los Grand fouettés del segundo acto.
Los solistas y el cuerpo de baile estuvieron compenetrados, seguros y con la energía a tope, como debe ser. Muy bien José Manuel Ghiso como Abderakhman, sexy, teatral y abordando muy bien los toques contemporáneos de la danza del personaje, Destacan tambien las amigas interpretadas por Esperanza Latus y Camila Aranda, y los trovadores Hernán Cristopher Montenegro
La buena danza se situó en una atmósfera bien trabajada por la iluminación de José Luis Fiorruccio y la espléndida escenografía, de Pablo Núñez, que recrea el ambiente de un castillo opresor, sin luz de día y con ese boato en tonos dorados que resulta por momentos agobiantes.

 

 

fotos Patricio Melo