El BANCH, el existencialismo, los Peralta y una danza de primer nivel

Un espectáculo de gran nivel. Así puede calificarse “Hats off!”, reciente estreno del Ballet Nacional Chileno que reúne en escena materiales tan diversos como la danza de Mathieu Guilhaumon y los Power Peralta, postales extraídas de géneros como el cabaret y las comedias musicales, y la interpretación de excelencia del elenco de la compañía universitaria.
Se trata, sin duda, de una propuesta jugada y que apunta al imaginario universal, cruzada por una impronta existencialista que deja fisuras por donde se cuelan consideraciones de lo que hay detrás del show (de las apariencias,

de lo espectacularizado, en fin) y, por qué no, de la felicidad entendida como fiesta.
El director artístico de la compañía, Guilhaumon, ha dejado clara su intención de realizar diálogos entre diversas disciplinas escénicas. Así lo hizo con el Ballet de Santiago (“Cuarteto”, “Noces”) y luego con la actriz Millaray Lobos, responsable de la dramaturgia de la versión danzada de “La Tempestad”, de Shakespeare, y de la premiada “Giselle” (mejor obra de danza nacional Círculo de Críticos de Arte 2018).
Esta vocación no solo es integradora y desprejuiciada, sino también forma parte de una mirada actual sobre las artes escénicas y, en particular, de la danza. No hay una danza, parece decirnos Mathieu, sino que son muchas y todas ellas pueden subir al escenario.
“Hats off!” propone un viaje por el mundo de las variedades guiado por un espectral arlequín, donde encontramos citas a los musicales, el cabaret, el circo, el jazz y hasta el cine. Hay claras evocaciones a Chaplin, Ginger Rogers y Fred Astaire, y los gabinetes de curiosidades con sus personajes freaks. El recorrido transcurre en un escenario pequeño, como de esos que se instalaron en Berlín o París entreguerras, oscuros y poblados de personajes en tono sepia, que deambulan de un lado a otro, agrupándose, bailando, dejando entrever las peculiaridades del ser. Hay una permanente sensación de que podría caer una bomba en cualquier momento o que los personajes habitan en un mundo frágil y desamparado.
El espacio sonoro, responsabilidad de DJ Bitman, chileno y reconocido internacionalmente, acompaña el tránsito transformando las voces de Sinatra, Sammy Davis Jr. y Charles Gounod, entre otros, y creando otros sonidos que por momentos quiebran la acción. El tono general de la sonoridad es oscuro, sombrío, con quiebres como cuando bailan Vane Rogers y Nick Astaire (los nombres son guiños a los bailarines que los interpretan) y cada cierto tiempo la edulcorada canción “Cheek tu Cheek” suena como en un disco rayado, haciendo un contrapunto con su amor de película antigua. Lo mismo sucede con la danza de los Peralta con su contraparte femenina (dos bailarinas unidas por el cabello) que sugiere varios temas, entre ellos el doppelgänger (doble malvado).
La danza demuestra la solidez de los intérpretes, tanto en su versión urbana -estilizada en manos del BANCH- como en el lenguaje de Guilhaumon. Muy bien el trabajo de conjunto, sobre todo en las combinaciones de hip hop, tap y contemporáneo, danzados con músicas a veces contrarias al estilo, donde los intérpretes están en el punto preciso técnico e interpretativo.
Claro que algunos y algunas destacan: Gema Contreras como la mujer barbuda, Nicolas Berrueta y Vanessa Turelli como Astaire y Rogers; Valentín Keller como Chaplin, Marine García e Ignacia Peralta como las “gemelas y, por supuesto, los Power Peralta.
Los hermanos idénticos se suman al trabajo del BANCH y ponen su lenguaje al servicio de lo que la obra quiere decir, lo que no es menor. No se ubican en primer plano, como pudiera ser debido a la fama que arrastran, y el cuadro donde baila uno con el otro, como si fuera su sombra, resulta elegante y sugerente. Su danza funciona aún con música alejada del hip hop, prueba que se arriesgaron a poner en práctica y de la que salen airosos.

 

Coordenadas
Teatro U de Chile
9, 10 y 11 de mayo a las 20:00 horas
Sábado 11 de mayo función a las 17:00

fotos Patricio Melo