"Poesía del otro": Pasión en movimiento

El centro Cultural Matucana 100 recibe como invitado al BANCH con “Poesía de otro”. Estrenada en 2017, esta obra vuelve al escenario luego de dos años de maduración. Con la inspiración de que “todo artista tiene su musa”, según Mathieu Guilhaumon, director artístico del Ballet Nacional Chileno, “Poesía del otro” toma a Camille Claudel y Auguste Rodin como pilares creativos de esta magnífica pieza.
Ambos, reconocidos escultores, trabajaron los cuerpos en obras como “El pensador”, “El beso”, “El Vals”, por ejemplo, siendo Camille la musa inspiradora de Rodin. Es desde esta última

escultura (“El Vals”), que el coreógrafo del BANCH crea el último cuadro de “Poesía del otro”, protagonizado por Marine García y Fabián Leguizamón: torsos desnudos, cuidado elegantemente el de ella, hacen parte de la coreografía junto al movimiento del faldón, hecho a semejanza de la figura creada por Claudel.
La obra no busca contar una historia, solo quiere mostrar la relación que existía entre ambos artistas además de la inspiración que un otro puede provocarnos. En escena hay muchos Rodin y muchas Camille en diferentes situaciones, acompañados de música de Chopin en gran parte, con arreglos sonoros muy conceptuales y modernos.
En clave de canon van entrando y saliendo todos los integrantes de la compañía, relacionándose, desplazándose, provocándose. Vestidos todos iguales, ellos de negro con pantalón largo y camisa sin mangas, y ellas de pantaleta negra y blusa de manga larga.
No podemos dejar pasar el impecable desempeño de García, la protagonista, bailarina francesa con un maravilloso manejo del cuerpo. Parece flotar en los solos que le corresponde bailar y es excelente su trabajo junto a Leguizamón, donde su vestuario forma parte fundamental de la coreografía: una larga falda color grafito que emula la de la escultura “El Vals”, confeccionada con un material que dibuja pliegues.
Es una puesta en escena simple, delicada. Las luces tenues pintan el fondo, de un tono celeste grisáceo principalmente, y unos fluorescentes que bajan en algunos momentos desde el cielo del teatro, quiebran los tradicional. El trabajo grupal es energético, los cuerpos toman protagónico expresionismo en su desarrollo por la fuerza y lo variado de los cuadros, es fácil quedarse fijo con solo una situación de las que representan, mientras suceden otras en diversos lugares del escenario.
Solo hay que dejarse llevar para disfrutarla, sin buscar tramas, sin esperar argumentos. Llena de simbolismos y sutilezas que destaca el trabajo de los bailarines y su danza.