Santiago a Mil: Carlos Acosta y su energética compañía

Hace solo cuatro años que Carlos Acosta, estrella del ballet internacional hasta su retiro en 2016, creó su propia compañía: Acosta Danza. Su idea, según ha dicho en cada una de las entrevistas dadas, es dirigir un conjunto de intérpretes que pueda bailar de todo, desde clásico hasta hip hop. Así de exigente y arriesgado. Lo primero, porque la mayoría de las veces un cuerpo, un carácter y una interpretación se acomodan -o adecúan- más a un estilo de danza que otro. Lo segundo, porque al no desarrollar a cabalidad un estilo o una forma de hacer, si se quiere, existe la posibilidad de que no se profundice en el lenguaje.

Cinco fueron las piezas que la compañía presentó anoche en el Teatro Municipal de Las Condes, de diferentes y reconocidos coreógrafos internacionales. Un programa con diversos acentos corporales que, no podía ser de otra manera, tuvo al mismo Carlos Acosta como protagonista de un teatral dúo y que mostró una joven compañía llena de energía, talentosa y dispuesta a todo.
El inicio fue con “Imponderable”, del español Goyo Montero - y director del Ballet de la Opera de Núremberg- que considera temas de Silvio Rodríguez (recitados y cantados) y también música de Owen Belton inspirada en la obra del cubano. Nueve intérpretes, vestidos de negro, van y vienen por el escenario. Usan máquinas de humo que se aplican entre ellos y también linternas. La coreografía va de lo conceptual a lo ilustrativo, con una secuencia de piso en clave jazz realmente impresionante por lo armónica y orgánica. Si bien el público chileno se siente tocado por Rodríguez, es difícil de percibir el comentario sobre el alma cubana que hace Montero. Se trata de una pieza bien ejecutada, donde lo que más importa es el todo.
Siguió el dúo “Fauno”, de Sidi Larbi Cherkaoui, esta vez con Leticia Silva y Yasser Domínguez, donde el coreógrafo belga evoca la coreografía original de Vaslav Nijinsky - “L’après midi d’un Faune”-, agregando a la conocida música de Debussy creaciones del compositor indio británico Nitin Sawhney. Pese a que no tuvimos las proyecciones que sitúan a los protagonistas en el claro de un bosque, la aparición de Domínguez dio cuenta inmediatamente qué va la pieza. Vestido solo con una especie de short, músculos a la vista, movimientos de cierta animalidad y un toque de acrobacia, el bailarín anunció la llegada de su compañera. Y fue en ese momento cuando la coreografía alcanzó nuevas dimensiones creativas y sugerentes. Ambos comenzaron un dúo muy físico donde parecían probar de qué manera encajaban sus cuerpos, a través de infinidad de formas que eran sensuales, animales y tenían sabor ancestral.
El final, que nos guardaremos, tiñe de conciencia sus juegos eróticos. Muy bien ambos intérpretes, potentes y capaz de transmitir hasta los asientos más lejanos.
Luego del intermedio siguió otra pieza de Goyo Montero: “No hay nada alrededor”. Vestidos con chaquetas negras y sombreros que giran, diez bailarines danzan en un pasillo de luz respondiendo al tono y fraseo de Joaquín Sabina y Vinicius de Morais, que llega al paroxismo del jazz con este último. Gran desempeño de Acosta Danza en esta pieza, que juega con el moderno, el contemporáneo y el jazz.
A continuación, Carlos Acosta satisfizo a sus fans tomándose la escena en “Mermaid”, otro dúo de Sidi Larbi Cherkaoui. Acompañado por Liliana Meléndez, el bailarín demuestra su talento como parteneire al sostener a su compañera que, en puntas, aparenta estar ebria. Incluso se permitió unos pases sentado en el suelo, lo que es francamente complejo. Como coreografía se trata de un dúo bastante cliché, con momentos predecibles, pero hay que rescatar la interpretación. La relación entre los bailarines es apasionadamente teatral, permitiendo el aplauso del respetable.
El final fue con “Diez”, de Jorge Crecis, que sucede con una decena de bailarines arrojándose botellas de plástico con agua y una luz fluorescente dentro. Los artistas bailan mientras lanzan y atrapan, girando, saltando, con una estructura y ritmo cada vez más complejos. Lo que vemos es trabajo en equipo llevado a su máxima expresión, pero en clave de juego, sin un sentido profundo detrás.
Acosta Danza es una compañía joven, con intérpretes jóvenes y talentosos a los que solo les falta encontrar su peso específico en escena. Pero eso solo lo da el tiempo. Como grupo el programa es entretenido y versátil, pero sería bueno que, de a poco, fuera encontrando un espacio de lenguaje donde quedarse y profundizar. Hay que decir, además, que la iluminación siempre fue un aporte.

fotos "Marmaid" de Gabriel Guerra, "Fauno" de Eduardo Ramírez Lara

 

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