Stgo a Mil: danza, migración y actualidad

Texto Viviana Cabezas

Dirigida por el coreógrafo, intérprete y sociólogo Evens Clercema, e interpretada por la Compañía de Arte y Cultura JAFCO, “Trance, cuerpo y ancestralidad” es una obra con música en vivo que fusiona danza afro haitiana con danza contemporánea. El elenco en escena consta de seis bailarinas, un bailarín, un coro de cuatro cantantes y cuatro percusionistas. Sus integrantes, provenientes de distintos países, le aportan a la obra una rica diversidad que hace sentir aún más palpable la experiencia de la migración y la ancestralidad.

La obra, que toma elementos de la tradición vudú haitiana para hablar- entre otras cosas- sobre el trance, muestra a través del cuerpo las distintas etapas del proceso migratorio, trabajando sobre tres conceptos fundamentales: la desorientación-interpelación, el aquí estoy, y la liberación. A lo largo de los 60 minutos que dura la función, las y los espectadores se van sumergiendo en el viaje espiritual y emocional que supone el dejar un territorio para habitar otro completamente desconocido.
La utilización de ciertos objetos en escena, como sillas, un altar y velas, va generando ambientes que, acompañados de la música en vivo, construyen imaginarios que van desde lo más simple hasta lo más complejo, o si se quiere, desde lo más cercano hasta aquello que tal vez no se ha experimentado. De esta forma, la memoria podría ser un concepto que aparece también en la obra, en la medida que, tanto a través del cuerpo de las y los intérpretes como de lo que ve el público, se generan vínculos con múltiples recuerdos, dependiendo de quién esté presenciando o viviendo el trance.
Asimismo, los elementos técnicos como la utilización de humo o la variación de las luces, es simple, pero al mismo tiempo sutil y profunda. Existe una narración que se va construyendo coordinadamente entre bailarines, cantantes, música, luces y silencio. A ratos parece como si el grupo de cantantes nos contara una antigua y sabia historia, guiándonos en el viaje, llevándonos con ellas y ellos, a través de canciones en creole, hacia un sentir que se concretaba en el cuerpo de las bailarinas.
Tanto el espectáculo sonoro como el dancístico se nutren de solos, dúos y coreografías o partituras grupales, que le dan a la obra un carácter de montaña rusa, en tanto que pasa constantemente desde la suavidad y la contemplación hacia la catarsis. Los colores utilizados en el vestuario y las luces desempeñan un rol principal, evocando elementos de la naturaleza, dioses y ancestros.
El director de “Trance”, Evens Clercema, hace hincapié sobre todo en el elemento agua, representado con los colores azul y blanco, pues para la cultura haitiana el mar tiene un significado trascendental, ya que el lugar cálido, donde sale el sol, es África, el lugar de origen y el camino de regreso.
El sonido, marcado constantemente por los tambores, se traduce en el cuerpo de baile a través de movimientos ondulatorios y muchos saltos, propios de la danza afro haitiana. Asimismo, la columna vertebral se aprecia claramente como eje que articula y conecta las partes inferior y superior del cuerpo, facilitando las transiciones entre saltos y el uso del suelo. Existe un constante juego gravitatorio entre el cuerpo liviano y el cuerpo que deja caer su peso a la tierra. De este modo, entre giros, levantamientos o lifts y variaciones de tono corporal, la fusión con danza contemporánea se aprecia en todo momento, no sólo por la propuesta general de la obra, sino también en elementos técnicos y concretos como la relación con los objetos puestos en escena. Así, el sincretismo que se plantea en torno a la espiritualidad logra trascender a la danza.
La mezcla entre agilidad y suavidad que presenta la obra transporta hacia distintos territorios y tiempos, vinculados sobre todo al origen africano y a la migración haitiana, pero también genera un vínculo con lo más presente y cercano.
El recurso utilizado en cierto momento, de un monólogo en español, ayuda a conectar distintas historias de opresión que parecieran calzar perfectamente con lo acontecido en Chile en la actualidad.
Así, “Trance, cuerpo y ancestralidad”, se presenta como una obra que muestra la memoria de los cuerpos y cómo en ellos cohabitan tantos otros cuerpos pasados, presentes y futuros. En creole o en español, la historia de los pueblos oprimidos está plasmada en nuestras canciones y nuestras danzas, y aunque nos separen ciertas fronteras geográficas, temporales o culturales, a través del cuerpo siempre podremos trazar puentes que nos conecten.