Espíritu Provocador

Esta es la última obra del director y coreógrafo Pablo Rotemberg quien, en colaboración con GAM, monta este espectáculo basado en las fiestas Spandex, realizadas durante los últimos años de dictadura.
Pieza provocativa que refleja la idea perturbadora de pasarlo bien en una sociedad en dictadura, llena de miedo y censura. Espacios donde se intenta evadir y disfrutar. Este tema lo resuelve muy bien el director, y mientras hay frases coreográficas profundamente brutales y violentas, donde un bailarín y una actriz se maltratan mutuamente, en otra parte del escenario hay chicos que se visten de mujeres y bailan como si nada estuviera pasando a su alrededor.

 Rotemberg hace una ácida critica a la mente humana que prefiere ver la fantasía de la belleza o lo entretenido, mientras a un lado ocurre la violencia de lo real.
Cuerpos desnudos que bailan en conjunto hacen coreografías contemporáneas donde permanentemente hay un diálogo. Uno de ellos domina y el otro es sometido. Este juego va intercambiando roles y la forma humana pierden sentido. Lo que parece ser una columna se transforma en cadera y el busto de una mujer se convierte en piernas y brazos. Así el tratamiento de los cuerpos se va desdibujando y el desnudo aparece como el resultado orgánico de una investigación sobre la naturaleza humana. Hace una reflexión violenta y  provocadora al poner a  artistas sobre el escenario recreando momentos duros pero a la vez artificiales.
A mi parecer, el mejor momento de la obra es cuando uno de los bailarines actores (Lucas Balmaceda) se sienta en una silla vestido de mujer y canta una canción italiana que habla sobre la belleza femenina. La interpretación de este artista es memorable. Convierte rasgos de belleza femenina en gritos desolados, transformando su anatomía. Emocionante momento en que logramos ver a través de una simple sonrisa el desgarro de un hombre queriendo transformarse en mujer. De un rostro delicado y complaciente a uno desfigurado de la rabia y la impotencia.
Como si fuera un cuadro de Francis Bacon, detrás de sus imágenes deformadas y ambiguas se encuentran rostros angustiosos y gestos efímeros.
Este trabajo sin duda dará mucho de que hablar. Tiene un espíritu provocador que no deja indiferente a nadie. Esta obra se estará en la sala A2 de el Centro Cultural Gabriela Mistral hasta el 20 de agosto.