"El Último Tren": Vigente, Bien Actuada y Entrañable

Gustavo Meza escribió “El Último Tren” en 1978, porque junto aTeatro Imagen quería enfrentar, teatralmente, lo que sucedía en Chile y dejar de eludirlo con otros temas. Dos noticias le dieron el empujón: la supresión de ramales en Ferrocarriles del Estado y la prostitución infantil.
Este punto de partida llevó al grupo a investigar, e incluso a  entrevistarse con los ferroviarios. Lo que surgió fue una ficción con mucho de realidad, dirigido por Meza y en clave de melodrama.
El protagonista es Ismael (Tennyson Ferrada en la primera versión), un jefe de estación que ha perdido a su mujer y que sufre

la intromisión de uno de esos personajes llamados interventores, tan comunes durante la dictadura. Su hija, Violeta, es una dulce  jovencita que no terminó el colegio para ayudar a su padre y que trabaja en la terma del lugar.
La llegada de Mercedes, hermana de Ismael, coincide con la precipitación de los acontecimientos a tal punto, que la apacible vida de provincia erupciona como una verdadera tragedia. Marcial, el interventor, anuncia que el ramal será cortado y queda en evidencia que Violeta trabaja en la profesión más antigua del mundo para ayudar a las finanzas de su hogar. Es más, Marcial ha extorsionado a la joven amenazándola con denunciar a su padre para mantener una relación con ella. Atrás quedan los cálidos recuerdos de tertulias antiguas,  que Ismael y Violeta desenterraron con el regreso de  Mercedes.
“El Último Tren” habla del Chile post golpe de estado, cuando los interventores militares hacían y deshacían en las empresas estatales, y también insinúa el comienzo de la instauración del modelo neoliberal, que prioriza la eficacia y la productividad por sobre las personas. La versión 2014, dirigida por Gustavo Meza, está protagonizada por Ramón Núñez como Ismael, quien crea a un entrañable jefe de estación. El actor maneja a la perfección los matices de su personaje, que se mueve entre el cariño a su familia y la seguridad en el desempeño de su rol en ferrocarriles, hasta el desequilibrio cuando conoce la verdad sobre su hija y el corte del ramal.
Muy bien acompañado está Núñez por Elsa Poblete y la joven Nicole Urzúa. La primera hacer gala de su reconocido talento para dar cuerpo a una mujer distinguida, que ha vivido muchos años fuera de Chile y su familia, y que debe enfrentar una hecatombe familiar. Nicole  es una joven  actriz que da el tono de chica ingenua y de campo, sólo su forma de hablar es algo exagerada si se la compara con el de su padre.
Pablo Tellier, como Marcial, da con el tipo del personaje, pero exagera en extremo los gestos que hablan de su origen militar (está siempre muy envarado, como frente a un oficial superior). Un poco más de soltura no estaría demás, y ayudaría a generar mayores lecturas y contrastes en su entrega.
La escenografía es de Guillermo Ganga, quien recrea de manera muy convincente la casa de Ismael y un trozo de su oficina. La ambientación huele a viejo, a pasado, a tiempos idos.
Sin dudar puedo decir que “El Último Tren” es una de esas obras con las que uno va a la segura: hay buenas actuaciones, una dirección que consigue que la ficción se vuelva verosímil, con una buena dosis de realismo y drama que atrapa al espectador. Además, hace que recordemos (y que los más jóvenes conozcan) un momento de Chile donde muchos sueños se rompieron por la fuerza.
 

 

Coordenadas
Teatro Antonio Varas (Morandé 25)
Hasta el 29 de noviembre, 
jueves a sábado 20 horas
$7000 y $3000