Comentario de Alejandra Cosin

Alejandra Cosin
Periodista argentina
Colaboradora diario Clarín
El Emperador de la PerdidaInicié mi recorrido por el Festival Fabre bajando, unas horas antes de la inauguración, de un avión que me trajo de Buenos Aires. En realidad, meses antes Raúl Miranda me había
comentado del proyecto, y yo había decidido no perdérmelo. A través de Javier Ibacache pude contactarme con Marietta Santi y perseguirla para que me enviase la información. Y supe por Sergio Valenzuela que el proceso iba viento en popa. Encima, la obra invitada desde Argentina que yo ya había visto, me servía como excusa para insistir en el diario Clarín sobre la publicación de una nota -que al momento no ha sido publicada pero aún no pierdo las esperanzas-.
En fin, fue un trayecto largo, deseante, lleno de expectativas. El periodismo tiene algo de instintivo, estoy convencida: todo lo vivido en el evento me ha confirmado lo valioso de estar presente.

Debo aclarar que por 'gajes' del oficio, ya no puedo hablar (o escribir) desde el gusto, desde el puro placer o displacer estético. No puedo ya referirme a lo que veo, a lo que presencio desde mi rol, sin pasar por una amplia cantidad de variables; desmenuzo lo percibido hasta tal punto de encontrar siempre algo que me interesa, incluso cuando algo me enoja desde lo ideológico o desde lo estético. Quiero decir que los cuatro estrenos chilenos que se presentaron en el marco del Festival y la reposición argentina, además del evento mismo; disparan una serie de reflexiones que sin dudas -no intento ser objetiva, no lo podría ser ni demente!- se relacionan a cuestiones que me inquietan de mi propio contexto en Buenos Aires, o de lo que entiendo sucede en el mundo occidental a nivel de escena contemporánea, o simplemente me remiten a cuestiones ontológicas...
Pero me gustaría acá compartir solamente el agrado que me ha producido el concurrir a un evento de tanta diversidad interpretativa. Más allá de la calidad, que no puedo evaluar sin entender mejor el contexto del teatro chileno actual, he visto trabajos que reflejan miradas sobre el arte contemporáneo, modos de producción artística, y análisis de texto; tan diversas, que ha sido muy enriquecedor. Y esto supongo que no sólo tiene que ver con la acertada curaduría de Marietta sino con la enorme capacidad intelectual y de trabajo de los creadores chilenos.
También es envidiable el espacio dado por la Universidad Finis Terrae. Poseer dos salas excelentemente equipadas para las puestas teatrales; y disponibles para un evento que no deja de ser una excepción en la cartelera, una verdadera apuesta arriesgada; es algo que no sucede comúnmente en mi ciudad.
Lo que me ha llamado la atención es la ausencia de autoridades de la Cultura, ya que este es un proyecto que ha sido beneficiado por un dinero de origen estatal, y además reviste importancia cultural de trascendencia. Tampoco he visto suficiente presencia de los medios, aunque es de esperarse que llegarán cuando puedan cubrir la gran propuesta cultural que ofrece Santiago por estos días.