"99 La Morgue" y su Vigencia Indiscutible

La reposición de “99 La Morgue”, a 30 años de su estreno, en 1986, causó una serie de preguntas en el medio teatral chileno. Los que tuvieron la oportunidad de verla en los ’80 se preguntaron si la puesta en escena tendría la misma fuerza político-artística que en esos años, y los que no la vieron esperaron ansiosos la oportunidad de apreciar en vivo y en directo unas de las obras de teatro emblemáticas de Ramón Griffero y, también, de los últimos años de la dictadura. Pues bien, ambos grupos resultan satisfechos con este estreno: “99 La Morgue” es una obra que trasciende con creces lo político contingente, aunque remita a una época, y logra

impactar en 2016 por la potencia de su lenguaje artístico. Lo primero que se aprecia es la concreción del concepto de Dramaturgia del Espacio patentado por Griffero y su Teatro fin de Siglo. En el escenario del Teatro Camilo Henríquez se instaló una impresionante escenografía, con niveles distintos y puertas que se abren y se cierran, que permiten no solo profundidad en las acciones sino también que éstas se sucedan como en una película, surgiendo de un lado y otro como si hubieran sido editadas.
Si bien la obra se organiza en una seguidilla de imágenes, cuya sumatoria ofrece un relato de tortura y muerte, hay personajes que aportan diversos ejes de lectura. Todo transcurre en la morgue, donde llega un nuevo director (Rafael Contreras) que convertirá a todos los cadáveres en muertos por inmersión, obviando signos evidentes de tortura y ajusticiamiento. Fernanda (Paulina Urrutia) aporta la simpleza popular al entonar canciones románticas y enamorarse platónicamente del nuevo director, Aldunate (Javier Salamanca) es el médico segundo de a bordo que decide callar, y Germán (Italo Spotorno), un  sencillo joven trabajador del recinto, hijo de prostituta, que pinta cuadros, quien descubre las infamias y se constituye algo así como en la voz de todos aquellos que callan.
También hay personajes-apariciones, como el que interpreta Lucas Balmaceda, un joven que “despierta” en la mesa de autopsia y cuyo cuerpo es escondido bajo su cama por Germán; y también los de la desaparecida Pilar y su silenciosa madre (interpretadas ambas por Ángeles Hernáez), y las mujeres de Verónica García Huidobro (La Virgen del Carmen y la Mujer de Corinto), única integrante del elenco original.
El resultado es un delirante y seductor mosaico de imágenes, que remite no sólo a la dictadura sino también a nuestra identidad, a la formación de nuestra idiosincrasia y también al imaginario nacional. Se trata de un viaje por un mundo de oscuridades, donde el público tiene la libertad de asociar los estímulos presentadas de acuerdo a su propia lectura, ya que si bien hay una guía del autor-director, el margen de interpretación es amplio.
Con pericia, Griffero guía a su mayoritariamente joven elenco en la construcción de un mundo con visos oníricos e incluso surrealistas, para lo que es necesario poder decir desde la instalación del cuerpo en el espacio escénico más que con la palabra. Para eso cuenta con la colaboración de Paulina Urrutia y Verónica García Huidobro, dos actrices de gran peso y variados registros. Ellas tanto pueden ser ligeras y graciosas como dramáticas y oscuras, siendo un gran aporte al elenco.
Es así como “99 La Morgue” destaca como uno de los mejores estrenos de lo que va de 2016, probando no solo su vigencia como obra teatral sino también confirmando la fuerza recargada de Ramón Griffero como creador en el concierto del teatro chileno.
 

 

 

Coordenadas
Teatro Camilo Henríquez (Amunátegui 31)
Hasta el 4 de septiembre
Viernes y sábado 20:30- domingos 19:30 horas
Valores $6.000 general, $4.000 estudiantes y tercera edad.