Cuerpos tibios

Cuerpos TibiosEn una sala de teatro pequeña, donde el escenario está situado muy cerca de los espectadores, los personajes, la nana puertas adentro y el niño de la casa (estudiante de secundaria) articulan un espacio escénico de lo privado. Que aunque no retrate de forma realista una casa y específicamente su baño, logra performáticamente (mediante el movimiento y el espacio que ese movimiento conforma) evocar aquello que caracteriza al espacio doméstico: espacios cerrados, donde se asume no hay ojos que juzguen lo que allí sucede y, en ese mismo sentido, donde aflora el secreto, lo que se oculta. Y es precisamente un secreto aquello que une a estos dos personajes, un secreto lleno de angustias, prohibiciones y contradicciones. El niño, que parece obsesionado con el baño de servicio que usa la empleada, es sorprendido por ella en una actitud extraña, buscando en el desagüe algo que se le ha perdido. Comienzan entonces a sumergirse en una historia confusa, que liga el pasado con un presente que se repite y un futuro que, a pesar de muchas aspiraciones de cambio, no augura algo diferente.

Caen los personajes en un conflicto oscilante, con momentos en los cuales la tensión se ve cruzada, no omitida, por ilusiones portentosas y atisbos de un afecto renegado. Pensando el teatro como uno de los pocos espacios sociales donde es posible hallar discursos disidentes o si se quiere alternativos al discurso dominante, “El Otro Baño” aparece entre el contacto directo de cuerpos, el contacto de fluidos, la erotización de elementos sociales que generalmente, y en el trajín cotidiano, están despojados de erotismo. Diferente de lo aportado en la pornografía o el humor “picaresco”, la comedia nocturna, donde tanto mujeres como hombres en sus personajes son objetos sexuales de consumo, aparecen los personajes siendo partícipes de una relación en la cual la convención social es transgredida. Sus roles no corresponden a la categoría social a la cual refieren y mediante las cuales inicialmente se les identifica, permeando así los límites de otras categorías sociales, relativizando el hermetismo con que se piensan y verbalizan los roles en nuestra sociedad. Además, la obra ofrece no una comunicación direccionada de emisor a receptor, sino una relación corporal directa donde no hay mensaje, donde las palabras no son estructurantes en la obra, son los movimientos, donde no hay una profesionalización, una objetivación de los sexos, sino una marginalidad, una ilegalidad del acto sexual prohibido, de los genitales, del pelo del cuerpo. Podemos ver en todos estos aspectos de la obra una problematización de diferentes tópicos que en nuestra sociedad han sido incorporados a la vida cotidiana como cosas naturales y por tanto normales. Entonces, más que un lenguaje nuevo para comunicarse, por medio del cual se ejerce el poder, podemos ver en la obra una forma corporal de relacionarse desde siempre presente en nuestras vidas cotidianas. Reconoce la obra las formas dominantes –y estandarizadas- de comunicación, no omitiendo el aspecto narrativo de un tipo de teatro convencional pero sí situándolo en un segundo plano. Después de todo, “El Otro Baño” tiene efectivamente un relato, con personajes bien identificables, con lo cotidiano que es el pequeño lugar donde transcurre toda la obra, una trama completamente legible, etc. De esta forma reconoce también los discursos dominantes presentes en nuestra sociedad, como las diferencias de clase, las patologías mentales típicamente modernas, pero, y al igual que como sucede con el aspecto narrativo, estos tópicos son situados en un segundo plano.

Simultáneamente resalta aquello que es marginado de nuestra sociedad, hay una exposición de aquello que sucede en secreto, de aquello que no es bonito publicar y se esconde en la privacidad de una casa, de un hogar, de un baño. Así queda en primer plano aquello que en la sociedad es tabú, aquello que el discurso de la higiene pretende limpiar, los fluidos y olores del cuerpo, aquello que el discurso “adultista” pretende extirpar de los niños o los “menores de edad”, su sexualidad, aquello que el discurso neoliberal pretende fomentar como desarrollo, el empleo asalariado y la mercantilización del trabajo humano.

Con esto, lejos de definir como bueno o malo los aspectos de la sociedad que trata, la pieza ofrece, como antes mencionaba, no una comunicación direccionada, sino un modo de relacionarse corporalmente. No hay una proposición de un lenguaje nuevo, sino la invitación a sentir, ver, oler, cosas ya presentes en nuestras vidas cotidianas y que sin embargo tenemos tan extirpadas de nuestro cuerpo. Tampoco hay una propuesta de solución a los problemas sociales que se identifican, sino una transformación de los mismos, desdibujando las fronteras que los definen, mas no omitiéndolos, quedando así la opción del margen, ese espacio que a pesar de no ser muy vistoso, aparece entre las fisuras que los discursos dominantes dejan en ciudades, casas y baños al chocar con la vida cotidiana, tal cual ésta aparece para cada uno de nosotros día tras día, noche tras noche.

 

“El Otro Baño”

obra ganadora del premio Eugenio Guzmán a la mejor dirección, X Festival Nuevos Directores Universidad de Chile

Dramaturgia: Gerardo Oettinger.

Dirección: Josefina Dagorret.

Elenco: Camilo Carmona, Alejandra Oviedo.

Asistencia de Dirección y Producción: Catalina Olea

Hasta el Domingo Cuerpos Tibios28 de Noviembre.

Viernes y Sábados a las 21 hrs.

Domingos a las 20 hrs.

$4000 y $2000

Sala de Teatro Espacio Emergente. UCINF

Ernesto Pinto Lagarrigue #180. Barrio - Bellavista