Stgo a Mil: "Una Iliada" o la Magia del Verbo

Convertir “La Ilíada” en una historia actual, haciéndonos sentir que la rabia que enfrenta a Héctor y Aquiles se ha transmitido por los siglos de los siglos llevándonos a atrocidades como la destrucción de Alepo, es lo que consigue -y no es poco- “An Iliad” (“Una Ilíada”). Durante alrededor de una hora cuarenta, Denis O’Hare se toma el escenario e interpreta a un narrador o hablador errante, que durante miles de años ha contado la Guerra de Troya desde su mirada. Su performance es arrebatadora, del mismo modo que simple y asertiva la opción escénica de la directora, Lisa Peterson, que sitúa el monodrama en un espacio despojado,

donde solo se encuentran utilería y focos en desuso, con el muro desnudo de fondo. Así, en escena sólo están el verbo de O’Hare, la iluminación (Scott Zeilinsky) y la música (composición de Mark Bennett y ejecución en contrabajo de Brian Ellingsen). Y es más que suficiente para hacer vibrar a los espectadores.
Detrás de la adaptación del texto están Peterson y O’Hara, quienes partieron el proyecto deseosos de opinar, desde el teatro, sobre los horrores de la guerra. De “La Iíada” escogieron centrarse en dos héroes opuestos, el griego Aquiles y el troyano Héctor, así como también explorar en la rabia que ahoga a los seres humanos quitándoles toda capacidad de raciocinio. Para eso utilizan el inglés norteamericano común, salpicándolo de apasionadas líneas en griego antiguo, como las que dan inicio a la obra. Y, pese a lo coloquial del lenguaje y de algunas metáforas, los adaptadores consiguieron una forma cercana de lirismo que toca al escucha.
Este juglar, vestido de gris y con un chaleco que recuerda una cota de malla,  no se ahorra medios expresivos para transmitir. Es apasionado, tierno, rabioso, irónico y también teatral, incluso didáctico cuando explica por qué los griegos asolaron 9 años a Troya. “Cuando llevamos 20 minutos en la fila del supermercado y empieza a avanzar rápido la otra fila ¿qué hacemos? ¿nos vamos?”, se pregunta. Y con magistral ironía responde: “Por supuesto que no, si ya llevamos 20 minutos”.
También es duro cuando se refiere al causante del conflicto, Paris, y su rapto a Helena. Dice que el bello troyano “jamás peleó y, cuando quiso hacerlo, fue sacado del combate por los brazos de Afrodita”. En otro texto, con sonrisa sardónica, se pregunta “por qué seguir lidiando, por qué no devolver a Helena”. El subtexto es claro: Las llamas de la ira estaban encendidas y enceguecían a los combatientes. Y el resultado final, ayer, mañana y siempre, no puede ser otro que la muerte y la desolación.
A lo largo de la pieza, y en cada párrafo, O’Hare demuestra su amplio registro teatral al mismo tiempo que enfrenta a los espectadores con una naturalidad que lo acerca a la intimidad de cada uno. Parece que le hablara a cada persona que escucha y, cuando mira a las butacas, que sus pupilas establecieran conexión directa. Es tanta la proximidad del actor, que sus palabras en español no se escucharon fuera de contexto sino como un recurso más de este narrador.
“Una Iliada” es, simplemente, buen teatro. Con un excelente intérprete, texto preciso y una dirección consciente - de rumbo claro y sin pretensiones- demuestra que no se necesita más para hacer brotar la magia de la escena. Chapeaux!  

 

Coordenadas
CA660 Itaú Corpbanca
8 de enero 19:00 horas
Entradas $3.000 a $35.000