Stgo a Mil: La Deliciosa Ironía de Ostermeier

“El Matrimonio de María Braun” es una de las películas más famosas de Rainer Werner Fassbinder. Estrenada en 1979, se centra en la historia de escalamiento social de María, heroína trágica que encarna metafóricamente a la Alemania de post guerra y su transformación: De ser una novia abandonada por su novio-soldado, que debió partir a la guerra luego de la noche de bodas, la mujer se convierte primero en prostituta y luego en una fría asesora de una fábrica textil. “No hay espacio para el amor”, dice en un momento, y esa frase resume el sentido profundo de la historia, que habla de la imposibilidad de que la institucionalidad

burguesa funcione. María “triunfa”, pero no alcanza la felicidad.
Hace casi una década, en 2007, que el dramaturgo alemán Thomas Ostermeier llevó la cinta al teatro, versión que se remontó y en medio de una aplaudida gira llega a Santiago a Mil.
Hay que decir que pese a ser extremadamente fiel a la película, salvo por la escena del comienzo donde los actores leen apasionadas cartas de chicas adolescentes a Hitler, se trata de una puesta en escena inteligente y excelentemente actuada, que combina drama con comedia permanentemente, al igual que realismo con farsa. La historia sigue el periplo vital de María, quien cree que su marido soldado ha muerto en la guerra, pero él regresa en el mismo momento cuando ella está en la cama con un soldado negro que ha conocido en el bar donde trabaja.
Los hombres se van a las manos y ella mata a su nuevo amante con golpes en la cabeza. Claro que su marido se culpa y va la cárcel, y entonces ella seduce a un empresario textil con quien logra riqueza y poder. Cuando el empresario muere y su marido es liberado, ella cree tocar la felicidad. Pero una gran revelación la empañará.
El elenco es excelente, versátil y de gran fuerza interpretativa. Formado por cuatro actores (Thomas Bading, Robert Beyer, Moritz Gottwald, Sebastian Schwarz) y una actriz (Ursina Lardi), sólo ella es siempre María y ellos dan cuenta de todos los otros personajes. Agregando alguna prenda de ropa y usando pelucas, se travisten en la madre, la amiga y la secretaria de María, con sutileza y sin caer en lo grueso.
La acción transcurre en un espacio amplio, anodino e impersonal, formado por sillones y sillas diferentes, algunos alrededor de mesas de centro, otros ubicados solitariamente. Sólo con la iluminación y uno que otro cambio en la escenografía, se ambientan las escenas en la casa de María, el bar donde trabaja, la calle o su oficina. La asertividad es tanta, que la magia teatral se enciende permanentemente y no hay nada que saque a los espectadores de la trama.
Todo fluye rápidamente, cinematográficamente, sin engolosinamientos. Una cámara con que los actores se filman entre sí, en decidores primeros planos, se usa de manera precisa, lo mismo que el proyector que lanza imágenes sobre los vestidos de María (como las llamas del final)
De fondo late la conocida ironía de Ostemeier, que frena el drama constante (evidente en el rictus de infelicidad de María) con el uso de un controlado humor. Ese recurso consigue distanciar al público del vaivén emocional, permitiéndole un involucramiento diferente.
Thomas Ostermeier no sólo le hace justicia a la obra de Fassbinder, sino que la enriquece con su mirada distanciada e irónica. Además, evidencia que las contradicciones de María Braun están más vigentes que nunca.

 

Coordenadas
Teatro Municipal de Las Condes
14 de enero, 20:00 horas
15 de enero, 17:00 horas
Precio: $8.000 a $39.000