Stgo a Mil: Los Hombres También Lloran

Los hombres también lloran, así de simple. Y aunque la frase parece ser de perogrullo, durante siglos los prejuicios culturales han tratado de convencernos de lo contrario. En “Campo Minado”, de la argentina Lola Arias, 6 veteranos de la guerra de las Malvinas, argentinos y británicos, hacen carne esas palabras y develan ante el público las heridas y los dolorosos efectos del enfrentamiento. Sus testimonios, organizados teatralmente con maestría por Arias, arman una clase de historia no oficial, ésa que nadie cuenta y que siempre es omitida, del conflicto que duró 72 días en 1982. Tal como en “Mi Vida Después” y “El Año en

que Nací”, que vimos en otras ediciones de Santiago a Mil, en escena se reúnen los veteranos a contar parte de sus biografías a través de recursos del llamado teatro documental: Proyecciones, objetos que evidencian lo narrado (fotos, documentos, cosas), anotaciones, efectos de sonido, música. El resultado es una pieza que transita de lo real a la ficción, y viceversa, y que bien podría ser considerada una instalación teatral por todos los elementos que habitan el escenario.
Por Argentina participan Marcelo Vallejo, quien sufrió de adicciones recurrentes luego de la guerra, hasta que renació con el deporte; Rubén Otero, que a los 19 años sobrevivió al hundimiento del Belgrano y ahora toca en una banda tributo a The Beatles; y Gabriel Sagastume, ex fiscal, quien debió recoger los pedazos de sus compañeros cuando explotó una mina. Por los británicos están Lou Armour, marcado por la muerte de un argentino en sus brazos, hoy es sociólogo y trabaja con niños; David Jackson, psicólogo, quien transcribió códigos durante la guerra y quedó con estrés post traumático; y Sukrim Rai, un gurka nepalés que prefirió capturar argentinos antes de matarlos, y que no pudo vivir en Gran Bretaña hasta el 2009. Todos valientes seres humanos que exponen sus heridas y cicatrices, en un acto que va más allá de lo teatral y artístico.
Cada performer aporta con su propia personalidad al hecho escénico. El movedizo Armour contrasta con el hablar reposado de Marcelo Vallejo, y ambos con la actitud indescifrable del nepalés. Así mismo, Jackson nos parece muy british, en tanto Otero y Sagastume muy argentinos. ¿Algo en común? Por supuesto, un trasfondo de inocencia que brota cuando narran sus anécdotas, y mucho de asombro también, como si lo vivido hubiera detenido algo dentro de su ser en sus 20 años. Algo de club de Toby hay también, de códigos masculinos, de cervezas y tragos, de golpeteo en la espalda en vez de abrazos apretados.
Muy al estilo Arias, los testimonios son expresados en tono neutro, sin énfasis emotivos, como si fueran material perteneciente a otros. Esto permite que los intérpretes se vean a sí mismos, distanciándose, y que el público reciba lo narrado con la razón y la emoción, sin que esta última entorpezca el cómo se  recepciona.
La suma de lo mostrado es lo que emociona y abisma. La precariedad en que combatieron los argentinos, casi unos adolescentes en su mayoría, y la certeza de que no por ser soldador de carrera los británicos vivieron la guerra con más relajo. Queda claro que nunca es fácil matar, que nunca pelean los que de verdad tienen intereses en el conflicto, y que la mayoría de los que mueren son solo carne de cañón. Tal vez eso lo piensa toda la platea, pero verlo desprenderse de la realidad y sus protagonistas es, sin duda, otra cosa.
Un detalle importante. “Campo Minado” no debate si las islas en cuestión deben llamarse Malvinas o Falklands, sino que permite que ingleses y argentinos cuenten cómo les fue enseñada la historia. ¿Cuál es la verdad? Depende de si estudiaste en una escuela o en una school, simplemente. Depende de si a la cabeza de tu país estaba Galtieri o Thatcher. Por supuesto, ellos no pueden faltar, representados con máscaras de goma e históricos audios.
Para el final nada mejor que un rock crudo y algo punk, ejecutado musicalmente por Jackson, Otero y Sagastume, y rabiosamente vocalizado por Armour, quien grita incómodas preguntas a la audiencia. Sukrim remata la obra con un texto en nepalés y sin traducción, hecho que sintetiza perfectamente el viaje vivido: ¿alguien puede entender la guerra?

 

 

 

 

 

Coordenadas
GAM
15, 16 y 17 de enero a las 19 horas
Entradas $12.000 a $14.000