Santiago” : Una obra de niveles profundos

Santiago“Santiago”, del grupo Yuyachkani, longevo colectivo teatral peruano que está cumpliendo 40 años de vida en 2011, es una obra construida en torno a una poética a la que nuestros ojos no están acostumbrados, ya que recupera lo indígena y lo yuxtapone con la cultura occidental. Por eso en escena siempre hay tensiones que hablan de un mundo subyugado o sumergido, pero que se hace presente por las grietas menos pensadas.

Es así como vemos a tres personajes en una iglesia semi abandonada de Los Andes peruanos. Dos de origen indígena (una viuda que limpia y el guardia de la iglesia) y el mayordomo, mestizo y de asombroso parecido a la imagen del Apóstol Santiago que quieren sacar en procesión después de quince años.

La interacción de los personajes, que en varios momentos dialogan entre ellos en quechua, se desarrolla en varias capas. El mayordomo a veces es Santiago  y el guardián el moro a los pies del apóstol, cuya imagen se ha perdido. Otras son dos paisanos que hablan en quechua y luego vuelven a relacionarse como mayordomo y guardián. También se vincula al santo español con Illapa, dios del trueno y el rayo, con quien se habría fundido en el proceso de cristianización de la conquista española.

Estos niveles en un comienzo provocan cierta confusión entre el público, pero a medida que avanza la acción se clarifican. Hay mucha metáfora, muchos elementos que exigen que los espectadores asocien constantemente y que revelan la potente investigación que realizó Yuyachkani a partir de la procesión de Santiago en el Cusco.

A todo eso se suma un golpe de realidad cuando la mujer habla de sus hijos, aparentemente asesinados, aparece una bandera del partido comunista y se sabe que el mayordomo tiene una historia de abusos.

Junto con estos niveles complejos, hay otros que apuntan a la sensorialidad. Los tres protagonistas interpretan instrumentos musicales y el actor que representa al guardián indígena realiza danzas autóctonas y ritos con la madre coca. En escena hay colores, incienso, imágenes religiosas, sonidos de tormenta, que colaboran a crear una atmósfera que atrapa.

En pocas palabras, Santiago es una obra de colores variados, que apunta a diversos niveles de comprensión. Sólo la dramaturgia, cooperación de Yuyachkani y Peter Elmore, a veces tambalea.