Viguera revitaliza a Jorge Díaz

Álvaro Viguera es sorprendente. No sólo arma y desarma la arquitectura espacial de este montaje con un inusual equilibro entre objetos, música, colores y atmósferas, sino que logra que sus actores se transformen en eficientes máquinas comediantes que re-significan uno de los textos teatrales chilenos más importante del siglo pasado. Nos referimos a “El cepillo de dientes”, de Jorge Díaz, pieza que dirige Viguera y que acaba de ser estrenada por el Teatro UC, con actuaciones de la histriónica Geraldine Neary y el sorprendente y extrañamente sobrio, Luis Cerda. Viguera  moldea el material de Díaz como si fuera arcilla

dotándola de una vitalidad asombrosa, motivo por que este montaje fascina desde la primera escena, con paredes limpias, mono cromáticamente iluminadas, y una mesa larguísima (símbolo del distanciamiento entre ambos) colmada de utensilios de desayuno y un viejo tocadiscos sesentero.
Ejemplo de ese ritmo febril acontece cuando en los momentos de cambios de escenografía, o de incorporación de nueva utilería, no hay interrupción de escena. Para colocar,  por ejemplo, un baño, los asistentes ingresan como parte del engranaje visual y rítmico de la obra. Nadie rompe o interrumpe el hilo orgánico de la pieza, por eso se goza tanto al verla; es un compacto sólido de bellas formas y acciones teatrales de alto vuelo que fluyen como el agua.
La acción transcurre con canciones, gags, monólogos (notable el momento cuando Cerda cierra las cortinas y habla directamente al público),  y abundante diálogos al estilo de “los espárragos hacen creer los pechos”. Hay escenas bien logradas como cuando él se le declara a ella y ella no sólo no le cree, sino que le parece risible esa proposición. Sobre la base de lo inverosímil como eje predominante, la obra sube y baja por la montaña rusa de una comedia hilarante, enfrascada en paradojas y acciones que asombran por su sustento lúdico (ejemplo; cuando el ve TV y llega ella como aseadora).  
Una escena notable sucede en el baño, quizás sea el momento más emblemático de esta pieza: a él se le pierde el cepillo de dientes -algo existencialmente terrible según la mirada sarcástica de Jorge Díaz- porque ella simplemente lo usó para lustrar sus zapatos. Es en el baño (ese universo íntimo donde todos los humanos hacemos lo mismo) donde se expresan algunos de los diálogos más irrisorios, más descarnadamente humorísticos, los más puramente “Díaz”.
 “El cepillo de dientes”, estrenada en 1961 por el teatro ICTUS, desnuda los pliegues de la vida de un matrimonio de clase media tradicional de los años sesenta. Díaz apunta sus dardos a una sociedad donde un hombre y mujer “normales” viven en pareja en un mundo lleno de contradicciones. En ellos prevalece lo inverosímil como norma de relación, son dos seres incomunicados que estando juntos se desconocen, amándose se odian, respetándose se humillan, el hastío y rutinización como una ola gigantesca los sobrepasa ahogándolos. Son dos extraños que están unidos ya sea por costumbre, por necesidad de estatus, por conveniencia, por tácita formalidad del “matrimonio burgués”, o quizás se aman y no lo asumen.
Esta forma de “incomunicación ambiguamente no alterada” es la esencia de esta notable pieza que nunca ha sido absurda (¡ es lo que menos tiene, es absolutamente coherente en su contenido¡) aunque en Chile se la considere “teatro del absurdo” (algo que espantaba al propio autor) por esa manía enfermiza de los estudiosos nacionales de homologar al teatro latino con el europeo a la fuerza.  Podría llamarse comedia existencial, farsa jocosa o comedia ambigua. Pero nunca adjudicarle un concepto totalmente antagónico a la esencia misma de la obra.
Los actores, tanto Luis Cerda como Geraldine Neary, despliegan una inagotable capacidad histriónica que seduce al espectador ya que existe una gran química entre ellos, sus diálogos no parecen sacados de un texto teatral sino creados por ellos mismos, algo que es muy difícil de lograr, ese es el motivo por el cual el público se siente tan identificado con ambos.
Geraldine además posee una hermosa voz que luce en sus arias y canciones. Lo que observé (por eso a veces suelo sentarme en la última fila para analizar el potencial vocal de los actores) es que en ciertos tramos (pocos, aclaro) su voz casi no se oía, o habla muy bajo o demasiado rápido. Cerda en tanto, rasguña la perfección en ese plano; posee una voz limpia, intensa, perfectamente modulada de comienzo a fin.
La iluminación ocupa un lugar protagónico, trabajo enorme de Andrés Poirot que dota de un embrujo altamente seductor a la pieza, la “envuelve” en un tejido de luces que siempre va ajustado al rico ensamble arquitectónico que ideó Viguera. Lo mismo cabe para la escenografía, de Poirot y Daniela Vargas, fantasiosa y a ratos surrealista, como es esa gran taza de té donde ambos se divierten como en un parque de diversiones, lo mismo, ya sobre el final, ese televisor que contiene figuritas congeladas como saliendo de una serie  para niños.
La escena final, donde ella toca el arpa y el teje (los roles ahora se invierten, el es el que ahora realiza una tarea eminentemente femenina, tejer, y ella una creadora), es sencillamente notable por su descarnada ternura, ya que pese a todo ambos siguen juntos. El mensaje final del autor pareciera asentarse en el principio de “la unidad de los opuestos paradójicos” ¡qué más decir de este gran “Cepillo…”!  Sólo afirmar que estamos ante gran espectáculo teatral que rinde homenaje a uno de los dramaturgos más exquisitamente dotados de nuestro país.

 

Ficha Técnica
“El cepillo de dientes”
Autor: Jorge Díaz
 Dirección: Álvaro Viguera
 Elenco: Geraldine Neary y  Luis Cerda
Asistente de dirección: Sol de Caso
Escenografía: Daniela Vargas - Andrés Poirot
Diseño iluminación: Andrés Poirot
 Diseño vestuario: Daniela Vargas
Asistente escenografía y vestuario: Carolina Lazo. Composición musical: Camilo Salinas. Producción: Teatro UC

Coodenadas
Teatro UV
Hasta el 24 de junio
Miércoles a sábado 20:30 horas
 $8.000 general; $6.000 adulto mayor y Alumnos UC; $4000 miércoles populares, estudiantes y Comunidad UC; 60% y 40% Club de lectores El Mercurio /50% Sidarte, Chileactores y Adtres / Tarjeta vecino Ñuñoa.